¿Para qué sirve la Historia?

Buscar en la Historia de Europa -u occidente- los similes que nos permitan compararnos y comprendernos como nación, como pueblo.

¿Para qué sirve la Historia y sus hermanas las musas?

Bueno, la Historia sirve para crear una estructura que le permita a un sujeto (como tú y como yo) establecer una relación con el grupo social al que pertenece (clan, tribu, nación, país, etnia), ya sea que él quiera,  o lo obliguen a hacerlo; así como con el territorio en el que suceden los hechos de su vida y la de su núcleo familiar (1).

Si pensamos que esos valores contienen en si mismos trascendencia, importancia universal o validez total podemos pasar de la Historia al Nacionalismo o cualquiera de sus variantes fanáticas y fundamentalistas.

Si consideramos que la visión de la Historia es relativa y deriva en gran parte del tiempo en el que se vive, entonces nos encaminamos a una visión de cambio.  Hay muchas teorías de la Historia, algunas suponen que la Humanidad (si con Hache mayúscula) tiene un camino siempre en ascenso, como si estuviéramos dibujando una línea recta que va de la Prehistoria a nuestro siglo. Otras teorías, inspiradas principalmente en la filosofía hindú, piensan que la Historia tiene ciclos y que estos se repiten, y no consideran al progreso científico y tecnológico como una muestra importante de cambio de la Humanidad.

Muchas de las teorías populares o de las creencias acerca de la Historia, y que la cargan con valores morales,  habría que revisarlas si no hay elementos que conviertan a valores relativos como: la raza, la religión, la ciencia, la fe política, e inclusive el arte; porque entonces encubrimos con nuestra “visión histórica“  prejuicios y discriminación hacia quien no los comparte o no tiene esos valores relativos.

La Historia, hasta mediados del siglo XIX, era considerada como parte de las Bellas Artes, específicamente de la Literatura. Y el razonamiento es muy sencillo: la descripción objetiva de los hechos, no tiene valor en si misma, lo realmente importante es la valoración de los mismos y de los personajes involucrados, y eso, queridos amigos, pertenece a la ficción. En otras palabras, lo objetivo no tiene gran importancia, lo que si, la carga emocional y de valor que se le da, es la importante.

La Historia es importante por lo que nos hace sentir. Eso lo saben bien los políticos, los sacerdotes y los militares, quienes nos enseñan a amar los símbolos que nacen de la Historia, e incluso morir por ellos.

Ese es el valor y el servicio, para eso sirve la historia: PARA CREAR VALORES Y EMOCIONES EN DETERMINADO GRUPO DE PERSONAS.

Para Qué No Sirve La Historia

También podríamos replantear el encabezado del artículo y pensarlo en negativo, intentando descubrir el valor de la Historia al quitarle todo el polvo y el estropajo que le han colgado los ignorantes y pesados que la utilizan para reprobar alumnos.

La Historia, o su estudio, no sirven para volver a un pueblo más consciente de su situación. Cierto es que nadie puede volverse consciente de si mismo sin estudiar su origen, mas el estudio por si solo no vuelven a nadie más inteligente o más capaz.

Estudiar la Historia no cura los males de la sociedad ni vuelve santas a las putas.

Estudiar la Historia podría decirte cómo y porqué el vehículo que el pueblo usa (o sea el estado-nación) ha llegado a donde esta, qué tanta gasolina tiene, porqué hay bolsas de papitas en el suelo y qué es lo que lleva en la cajuela.

Para limpiar el auto, arreglar la puerta que cierra a medias y manejar de otra manera el auto, hay que usar la información que tenemos.

Nuestra nación tiene mucha información, pero un enorme y grave problema de infantilismo a la hora de usarla. Nos llenamos de información falsa y pensamos que nuestra Historia es una línea continua que asciende hacia a algún lugar, hermoso, distante, lejano.

Pareciera que la Historia de México comienza con los olmecas (¿se imaginan a un tianguis olmeca controlado por un líder sindical?), continúa con los esplendores de mayas, zapotecos y teotihuacanos, pasa por el “imperio” azteca (otro error histórico, confederación, sería mucho mejor), con algo de vergüenza caminamos de lado para no ver el proceso de la Conquista -a menos que nos sintamos hijos de su majestad católica-, apresuramos el paso por la Colonia, miramos rápido a Sor Juana y los edificios barrocos, nos enamoramos de Hidalgo y Morelos, creyendo que todo fue por la libertad y que nada había en sus huestes de salvajismo, venganza y destrucción, volvemos a apresurar el paso por el siglo XIX, si acaso volvemos la mirada a los “Niños Héroes“, tan fantasmagóricos como siempre (pocas pruebas hay de su existencia), despreciamos a López de Santanna, como si él solito hubiese destruido a la patria, sin ayuda de tantos otros, nos sentamos muy cómodos bajo la sombra de la Reforma, la Intervención Francesa y el Segundo Imperio, que para efectos teatrales son un solo acto, y junto a ellos, volvemos la mirada a Juárez, a quien hemos convertido en ídolo, brújula e imán de nuestras leyes (como si tener un presidente indígena nos perdonara de nuestro racismo y nuestro desprecio a ellos), con cierto sentimiento agridulce le sacamos la lengua a Porfirio Díaz, y nos montamos en el caballito del carrusel que fue la Revolución.

Y allí pareciera que se nos pierde el hilo, como si una mano muerta nos arrebatara la fuerza y eso que llamamos Historia se volviera humo, y nada más valiera la pena.

Lo que quiero decir, y creo que me he tardado mucho en escribirlo, es que nuestra Historia, la que estudiamos, esta llena de errores, de omisiones y de conveniencias.

Eliminamos y recortamos siglos, olvidamos la violencia y la muerte que se han producido para llegar a construir el México que somos hoy, en el que vivimos.

Los aztecas establecieron una serie de alianzas para conquistar y establecer un sistema piramidal de tributos (tú y tú le pagan a él tanto, y él me paga tanto a mí), los españoles simplemente volvieron en contra de ellos el sistema y luego lo usaron para quedar en la punta, solamente que nunca dijeron que iba a destruir la cultura y todos los valores de los vencidos y…de los aliados.

Después de tres siglos de sometimiento, en los que se enseño que los indios eran como niños y los mestizos flojos, ladrones y despilfarradores, y por supuesto, los únicos que valían y tenían “seso” eran los españoles o sus descendientes: puros o no, con que escondieras la mancha de tener un abuelo indio, era más que suficiente y en eso se conviertió nuestra lucha de la independencia y del siglo XIX, en tratar de descubrir en que nos habíamos convertido, pues ni eramos indios ni deseabamos serlo, queríamos el sombrero inglés y las amantes blancas.

Europa, pecados y mentiras

Buscamos en la Historia de Europa -u occidente- los símiles que nos permitan compararnos y comprendernos como nación, como pueblo. Pero entonces caemos en el problema que tanto ha afectado a nuestra nación: importar las ideas y sistemas europeos o norteamericanos pero nunca aprendemos de nuestra propia experiencia y de nuestra realidad.

Para encontrar las llaves de nuestro árbol-raíz, es necesario recurrir a las pequeñas historias, a los incendios, saqueos y destrucción. A los generales de la Revolución y a los guerrilleros de la Independencia que lo hicieron, y darles también un sitio en nuestra memoria y libros, a las víctimas, a los perdedores, a los derrotados, pues ellos también son una parte de nuestro pasado.

EUROPA

Volvamos los pasos la vieja Roma, cuna, madre de los occidentales, de todos los diablos blancos que han construido imperios; volvamos al día en que los Hunos la tomaron, pero en medio de la destrucción y la humareda de los viejos templos quemados, no podemos menos que pensar, no sin cierta ligereza, en aquella frase: “Carthago delenda est“, Cartago debe ser destruida, del orador Ciceron. Una orden simple: arrasar la ciudad hasta los cimientos, esclavizar a sus habitantes (para algo tiene que servir la guerra, como pagar las cuentas del ejército).Y sembrar con sal la llanura donde se levantaba. Maldiciendo su futuro.

Así pues, la Historia se repite, lo que un día paso, volverá a pasar otro. Los europeos han querido venderle la idea al mundo entero, de que la Historia avanza siempre hacia adelante, en línea recta, y que ellos son y su cultura son el punto culminante, de ese avance victorioso que aleja al humano de la selva, el bosque y el simio. Yo creo que no es así.

Gracias al saqueo

Gracias al Nuevo Mundo, a su oro y plata, al azúcar y los esclavos africanos llevados al Caribe (¿debería llamarlos siervos, castas o algo así?), al maíz de mesoamerica, las papas de los incas, y el larguísimo etcétera, convirtió a Europa en el continente más rico y poderoso, en las naciones con la capacidad de explorar y someter al resto del mundo.

El comercio con las Américas llevo a los europeos, piratas y agentes del rey, a empresarios y jugadores a aventurarse en el África Ecuatorial, en un proceso de destrucción que todavía hoy se vive. Y después a la India, a China, hasta que en el Siglo XIX, no existía prácticamente ningún país africano gobernado por sus habitantes (bueno, esta la excepción de Etiopía, pero habría que pensar en lo pobre y remoto que era en aquellos días).

México, después del temblor

Pero nosotros, los que vivimos este momento en que Internet se convierte a pasos agigantados en el sistema nervioso de la humanidad, y que cada vez más nos alerta de los problemas que vivimos como especie y como planeta.

Somos parte de un sueño complicado y difícil, en el que el padre y la madre, la tierra-mujer y el cielo-padre, permanecen en lucha, deseándose la muerte, la destrucción.

Al nacer como sociedad, México, nos fundaron los saqueadores, los aventureros que usaron la religión para asentar y fundar los nuevos pueblos, y la violencia para acabar con los viejos reinos indígenas, la división forzosa de los clanes y linajes familiares.

Los españoles encerraron a los indígenas en el desprecio, en el prejuicio que justificaba su supremacía, aunque dándole una posición segura dentro de su orden. Como lo han hecho todos los colonizadores.

Y de esa mezcla, en la que los aztecas y los totonacos, los tlaxcaltecas y los chontales, se convirtieron en indios, los bastardos y los renegados en mestizos; y más aún, los nobles se arruinaron, los prófugos, los apátridas, los temerosos, los cobardes, los mendigos, se transformaron en nuestro antepasados, y en la sustancia fundamental de nuestra mezcla, ellos son los ladrillos de nuestra Historia, aunque no queramos reconocerlos.

Basta ya de escondernos detrás de la sombra de Cortés o en la de Cuauhtémoc.

  1. Una parte de mí esta tentada a escribir que no sirve para nada, que aporta a la vida de los jóvenes una lista aburrida de batallas, reyes, conquistas, asesinos disfrazados de general que aprender de memoria. Pero la afición a encontrar chismes y chistes me dice que no, que hay algo más, la Historia sirve para entender quien tiene el poder (político), quien el social, quien el cultural, quien el religioso y para que podrían usarlo. También sirve para entender porque un país tiene prestigio, fama o pobreza. []

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Lector curioso e insaciable, amigo de las bromas y dueño de un humor rampante y ácido. Coleccionista de anécdotas de ingenio y bondad, de crimen y locura, que son el ingrediente para el éxito de toda la comedia humana. En sus ratos libres es editor de extravía, responsable de las moscas a las que llamamos acentos y puntos (y que a veces se merienda), y padre de cinco niños, aunque no todos estén aquí.

2 Responses to “¿Para qué sirve la Historia?” Subscribe

  1. Salvador 30 agosto, 2010 at 12:18 am #

    La historia es una ciencia, que estudia a los hombres a través del tiempo
    por ende necesitamos comprender el pasado para comprender el pasado y vice versa.
    Sin la historia, no podriamos tener cultura ¿que nos diferenciaria con los orientales?
    sin la historia los simbolos pátrios no tendrían sentido, el sentido de identidad de pertenencia, ya sea a un club de futbol o a un país.
    Desconcocer el valor de la historia, sería como desconocer el labor de nuestra madre, quien nos alimento, nos enseño a caminar y hablar y olvidarnos de ella, de nuestros abuelos y así sucesivamente, la historia no es solo algo para entretenernos, es fundamental para conocernos, no digo con esto que sirva para evitar los errores del pasado, sinceramente no creo en ello, pero sí creo que sin esta, seguiriamos siendo niños

    Saludos

    • Arbolrojo 30 agosto, 2010 at 9:43 am #

      Gracias por tus palabras, aunque creo que tu definición es amplia y serviría más para definir a las ciencias sociales en su conjuntos. Hay otras maneras de entenderla y acercarse a ella. Y creo que revizar sus orígenes como instrumento de cohesión social es muy útil.

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