Al leer al filosofo Norbert Schwartz, sabía que decía la verdad, pero también que algo faltaba. Durante algún tiempo le he seguido la pista a esto de los derechos (y de los actos chuecos que se encubren bajo su manto).
México, mi patria por nacimiento pero aún más por decisión, ha sido objeto de un largo menosprecio de su riqueza y ha sido saqueado a placer por un montón de piratas de corbata y cuello blanco (y con una gran participación de la alta burguesía). Voy a dar unos cuantos ejemplos de cómo los derechos de autor –que protegen a los productores de lo nuevo- han sido utilizados para robar.
1) Una compañía disquera con domicilio fiscal en Londres, hace años tuvo a bien registrar como su propiedad “La Bamba”. Pieza popular jarocha. Muchas veces los derechos de autor son solamente una pieza más en el engranaje de ventas.
Si quisiéramos llevar al extremo el concepto de propiedad, podríamos decirle a los dueños, que también registraran los códigos con los que producen las obras (como es el caso de los desarrollos de software). Entonces ellos deberían registrar, patentar y cobrar por el uso del español, o de las técnicas y usos de la pintura, la danza, las matemáticas –son un lenguaje-. Me gustaría ver al guapo abogadete que presentara la moción.
2) El gobierno mexicano tuvo que llegar a un arreglo con un norteamericano que registro a su nombre el himno nacional, de manera que cada vez que lo tocaban en las actividades oficiales, como eventos deportivos, recepción de enviados, el sujeto enviaba a sus abogados con una demanda por tal hecho. Recuerdo que todo se solvento fuera de tribunales, en época del Presidente Avila Camacho.
Algo parecido paso con muchas de las primeras películas mexicanas. Cuando se comenzaron a exportar a EU, algunos de los distribuidores las registraban, dolosamente, a su nombre en vez de hacerlo a nombre del productor. Todo esto era un mero trámite necesario, pero que al paso de los años, con la llegada de las videocaseteras, convirtió a todas esas películas viejas en un gran negocio… para el dueño de los contenidos.
El cine es quizá un mucho mejor ejemplo de lo que puede significar los derechos de autor ¿alguna vez has oído de los derechos del maquillistas, iluminador, fotógrafo, director? ¿No? Bueno, los derechos suelen estar repartidos entre los estudios, la productora, y a veces el dueño de la marca, personajes (de cómic o novelas), historia (Harry Potter y compañía). Con esto quiero decir que las obras contienen en si mismas un esfuerzo grupal, y que a diferencia de la literatura, -incluso en la música hay una participación de una gran cantidad de personas-, y que deberíamos, como sociedad, buscar una manera de recompensar a los que se atreven a caminar el sendero de lo diferente y lo novedoso (podríamos hablar de la locura, la diferencia, lo extraño y lo original, pero mejor lo dejamos para después, soy demasiado disperso).
3) En cuanto a la música, pondré un ejemplo muy claro: yo, que soy “fan” de la música del mundo, me interesa el trabajo de un etnomusicólogo norteamericano, Alan Lomax, quien tuvo la oportunidad de viajar por gran parte del mundo grabando piezas tradicionales, en voz de ancianos, niños, hombres trabajando, incluso de prisioneros negros del sur de EU. Gran parte de su trabajo se desarrollo entre la década de los 40 y la de los 50. ¡Ojo, hace más de medio siglo!
Este gran personaje se involucro en los 60 en la lucha por los derechos civiles –incluso el FBI le abrió expediente, que fue descubierto hace unos años-, y se intereso por el multiculturalismo. En 2001 la Unesco declaro a la diversidad cultural como una forma sustancial de supervivencia, incluyendo a las lenguas y a los aspectos intangibles de la cultura como esenciales para la humanidad.
Y hoy en día, si quiero obtener una copia de sus trabajos, resulta que los precios son iguales a los de un disco nuevo. ¿Acaso la empresa va a pagarles derechos a la anciana italiana que canta? ¿Qué parte de las ganancias se van a ir a apoyos a las ideas de Lomax? ¿Porqué tengo que pagar una cantidad -a mi juicio excesiva- por oír a los prisioneros del sur profundo cantar su desgracia? ¿eso cambia la realidad en la que viven los presos hoy?
4) Hace unos 8 o 10 años, varias compañías trasnacionales enviaron equipos de investigadores genetistas a las comunidades indígenas del sur de México para recolectar muestras de las diferentes razas de maíz cultivadas por milenios en aquellos lugares. En Chiapas existían variedades tan específicas que solo eran conocidas en pequeñas zonas montañosas, casi podríamos decir que un solo monte. Alguien me explico que aquellos lugares estaban habitados por la misma comunidad por lo menos dos o tres mil años atrás y que es costumbre apartar las semillas que mejor se dieron, logrando una técnica de selección cuasinatural, y aportando variedades que soportan mejor las condiciones climáticas del lugar así como las plagas. En otras palabras, las compañías se ahorraron, de un plumazo, miles de años de esfuerzos. Si, más de uno podría decir: ellos utilizaron sus laboratorios para identificar el gen resistente y después lo manipularon para crear una raza hibrida, mejorada. Si todo eso me parece bien, pero estas amorosas compañías también insertan en las semillas que venden un gen que no permite volver a plantar las semillas que nacen de sus plantas. El maíz o se come o se pudre. Han roto un ciclo que llevaba milenios prosperando. Y todo en nombre de la sacrosanta ganancia y del menos importante, alimento barato para los pobres (habría que ver el índice de gordura en EU para darnos cuenta del problema que supone comer como cerdo).
Podríamos seguir hablando de cómo los derechos sobre personajes de ficción, como el Mickey Mouse del perverso imperio, no se han vuelto propiedad pública, es decir, su paso al dominio público no se ha podido consumar, ya que la legislación de su país ha mantenido los derechos para la empresa.
Mientras en la sociedad de la información, sigan existiendo las desigualdades sociales, seguiremos viviendo actos en que los poderosos actúan solamente a su favor.
Creo que los reales productores, aquellos que han sido tocados por la hada ¿debería escribir bruja? del ingenio y la novedad, muchas veces tienen una vida desgraciada. Por ejemplo podríamos poner a V. Van Gogh, un pintor que no consiguió vender más que un cuadro en vida, y cerca de su centenario fúnebre, en 1987, su pintura de Lirios se vendió en 53.9 millones de dólares, un año después, Retrato del doctor Gachet, se fue a los cuernos de la luna y paso a ser precio récord: 82.5 millones. Quienes deseen vivir de la creatividad, la diferencia, deberán pagar el precio de no vivir en el rebaño humano, y que algunas ovejas instaladas en el pulpito o el estrado, balen alarmando a las demás, previniéndolas del lobo, que con forma de hombre, anda entre ellas.
Quizá para cerrar, lanzaría un último comentario: Se que tengo que pagar por lo que recibo, de otra manera sería un niño pidiendo la protección de mami. Sé que la sociedad de consumo ha estrechado sus trampas para que todos seamos seres de uso, incluso nosotros mismos somos usables, reusables y desechables. No quiero vivir en un mundo así. Quiero vivir en un lugar, donde la lucha y el dolor por crear sea compartida y repartida.
PD habrá que esperar una respuesta para entrar a la discución entre el “copy rigth” y el “copy left”













Has tocado una de las aristas más interesantes en todo este asunto de los “derechos de autor”. ¿tiene derecho alguien a registrar algo como suyo sólo porque la legislación vigente lo permite? Lo que nos lleva a otra pregunta: ¿Los “derechos” realmente existen, o son otra modalidad de ley, surgida del consenso en una coyuntura determinada?
Ciertamente los creativos la tienen en chino para sacar jugo a su creación. De hecho el principal problema para ellos es no saber cobrar, por lo que no es raro que les estafen.
No estoy de acuerdo con que se registren cosas pertenecientes a la cultura popular de cualquier nación, un tribunal debería de comprobar ese tipo de cuestiones.
En cuanto al aspecto genético, hace poco Robert Gallo, uno de quienes descubrieron el Sida, estuvo aqui en GDL y le contó a un colega que están investigando una extraña “vacuna” contra el VIH que existe en México: las lombrices intestinales -desconozco la variedad específica- parecen dar inmunidad a su portador. Si descubren el mecanismo y lo reproducen obteniendo una vacuna o cura, la farmacéutica no puede registrar a la lombriz, pero si el agente de la cura. Algo semejante pasa con el maíz -los transgénicos son polémica aparte-.
Ultimo detalle, Hollywood y estudios Churubusco firmaron un contrato por el cual los gringos tenían los derechos sobre la distribución internacional del cine mexicano allá en los años 30. Cuando quisieron levantar a Hollywood tras su crisis por la Segunda Guerra Mundial, dejaron de distribuir -sin sanción- las películas mexicanas (las archivaban) y ahí empezó la muerte del cine nacional.
Gracias por los comentarios, y si, el asunto de los derechos del autor tienen muchos matices y aristas insospechados.
El cine mexicano murio en parte por la perdida de mercados, que los gringos reconquistaron al dejar de producir cine belico, que a nadie en L. A. le interesaba, pero también tiene que ver con la perdida de creatividad e innovacción, nuestro país ante tal situación decidió cerrarse y retener el mercado nacional -que se fue perdiendo poco a poco, hasta llegar al cine de ficheras y los hermanos almohada- y dejar de aventurarse a crear otros géneros. Una vez que el país perdio su composición eminentemente rural, la comedia ranchera tenía contada sus días, pero todavía encontramos remedos del Chente y Antonio Aguilar. El asunto de la creatividad es algo complejo y digno de reflexión pero a la vez de discusión e intercambio géneroso de ideas.
J