Dedicamos el mes a la luna, pero no solamente a esa esfera que insiste en iluminarnos el camino y oscurecernos el alma (acaso será lo mismo para ella). La Luna es la madre, símbolo de todas las madres: tanto las terribles como las ausentes, las cordiales, cálidas y blandas, las rudas, frías y distantes; las novias perpetuas, las que hacen la tarea por uno, las que se desvelan esperando el regreso, y las que manipulan para que no seas lo que ellas temen (quizá en recuerdo del padre).
La Luna con sus cambios es también los cambios, las mareas de la vida, los pasos de los años, todo aquellos que muere y nace sin detenerse. La Luna representa entonces todo aquello que de nuestro cuerpo perturba la conciencia -demasiado enamorada de si misma-.
La Luna nos muestra el continente y como nosotros somos el contenido. Jarras y vasos en secreto son sus emisarios -en ellas somos el agua de la vida y el bebedor sediento-. Así como las cestas y las ruecas de hilar.
La Luna también es la noche y esa luz de estrella, que plateada y discreta, engaña a la vista y produce monstruos donde la razón no ve. Da formas nuevas a las sombras que huyen del día y permite a los engendros y a los deformes del corazón salir a pasear. De allí aquello de la locura y los lunáticos, esos seres que nadie quiere en su árbol familiar.
Las Diosas de la Luna

La Luna es Hecate, la hechicería, en este papel todas las diosas del inframundo, del viaje al poniente, se relacionan: Durga, Kali, Coautlicue, todas las diosas que devoran y consumen, las que despedazan, mas ellas reciben a los hijos muertos y los aceptan en su vientre negro, para darles nueva vida y convertirlos en almas puras que conforma de pajarillo, viento o mariposa, regresan a este mundo.
Y también es Diana-Artemisa, la joven virgen, la cazadora, la que despedaza a los hombres que miran su desnudez. Y Si contemplamos a las diosas de la luna, con cierta perspicacia podremos ver como aparecen de tres en tres. La doncella, la madre y la vieja. Las Nornas, las brujas de Macbeth, las moiras o hilanderas del destino que tejen el tapiz de nuestro cuerpo nos marcan con su sabiduría. En la religión celta el temor y la reverencia a la triple diosa, pues en ella se comprendían los significados del mundo, de éste y el otro, un mundo regido por diosas –recordemos a Dana, de la vieja Irlanda-.
En la vieja grecia, la noche -nix- es en algunas leyendas era la madre original del universo y tenía numerosos hijos (por ello relacionada con la luna-madre): hipnos -el sueño-, a suerte, a Kete, a thanos el destino, a sueño, a momo -señor de la burla- al dolor, a némesis, a las ninfas del ocaso, el engaño, la ternura y la vejez también son sus hijos. Quizá su hija más temida es dis (la discordia), la diosa que representa todo lo que produce el conflicto y la dearmonía.

La Luna se ha vestido con diferentes pieles y ha tomado a muchos animales como suyos. Liebres y conejos, ranas y sapos, el jabalí por sus colmillos y el toro por sus cuernos. También la serpiente esta íntimamente relacionada con ella, ya que al cambiar de piel, se le relaciona con los cambios. Entonces todos los dioses y diosas que Y de los metales, la plata es su signo. De allí las varitas de plata, las copas y todo lo que en los cuentos de hadas aparece con el metal.
Quizá la muestra más extraña para nuestra mentalidad nacida de la Era de la Ilustración, es el dios lunar del Japón, en esa nación, los papeles están invertidos. Tal vez ello se debe a que aquellas islas no fueron invadidas por los grupos con las ideas patriarcales y conservaron una antigua y muy primigenía manera de pensar y entender el cosmos.
La Luna nos trajo el Lunes, que viene después del día consagrado al sol. ¿Equilibrio? ¿simplicidad en la mente primitiva? ¿Realmente el mundo se divide en energías masculinas y femeninas que luchan y se derrotan en un girar sin fin? ¿Pueden los hombres dejar de ser hijosde sus madres? ¿Pueden las mujeres escapar de ese espejo en el que se miden: la maternidad?










Lindo articulo, me hizo recordar aquella amante que nunca tuve
Me cuesta imaginar la noche sin luna, aun mas que el dia sin sol. Sublime femina, aqui entre nos, mi primer amor.
Gracias, por las líneas, y si, la luna es una cruel amante, en palabras de un viejo maestro de las palabras.