T anto Rogelio como Adolfo han señalado que el problema no es los derechos de autor de los creadores, sino la alienación económica que ejercen las grandes empresas productoras y distribuidora sobre los productos que venden.
Tavizon señalaba en el primer artículo todos los escalones intermedios en el proceso, y Rogelio remarcaba como en cada parte del proceso, alguien se queda con más dinero del que le corresponde.
Es innegable que la situación es neoliberalmente injusta. Las grandes compañías siguen prefiriendo ganar menos (según ellas, perder) por la piratería, que bajar los precios de sus productos.
Muchos artistas optan por las productoras independientes, que no tienen tantos escalones en el proceso de producción, y que les permiten vender sus productos a precios más razonables.
Ha sido mencionado que algunos conciben la piratería como una forma de protesta contra el sistema económico, una forma de causarle algo de daño a las grandes empresas.
La pregunta aquí sería: ¿Una injusticia justifica cometer otra?
Ya establecí, en mi ensayo anterior, que tanto hacer piratería como hacer copias ilegales (y, técnicamente, incluso comprar piratería) es malo porque viola los derechos de los creadores a gozar de la plusvalía producida por su trabajo intelectual y artístico.
Y es innegable que de alguna manera acaba perjudicando también a los trabajadores de las disqueras.
Pero también, como mencionan tanto Rogelio como Tavizón, es innegable que las industrias disqueras (y en menor medida, las de libros, y todas las industrias de difusión de ese tipo) distribuyen injustamente la plusvalía que producen los productos que venden.
Un primer argumento sería cuestionar si de verdad, la piratería y las copias ilegales causan suficiente daño a las industrias como para que valga la pena el daño cometido, y se justifique el mal hecho.
Y los resultados son mixtos. Una famosa tienda de discos, cerró por falta de ventas, al inicio de la actual depresión. Y las grandes disqueras se quejan todo el tiempo de que están perdiendo mucho dinero, al punto que nos retacan esos fétidos comerciales (“tu papa es pirata?”) al inicio de las películas en el cine, por lo menos. Los precios de algunos CDs han bajado (pero casi siempre son aquellos producidos de manera independiente). Así que ni la piratería ni el copiado ilegal tienen un efecto trascendente en la industria, fuera de hacerlos quejarse.
Ahora, supongamos que si tuviera efectos mayores. Que hubiera evidencia de un cambio radical en las disqueras, logrado por la piratería y las copias ilegales. ¿Eso justificaría el daño causado?
De nuevo, la pregunta es: ¿El fin justifica los medios?
Es un cuestionamiento que hago más o menos seguido en mis columnas en Comixfan. En muchos comics (X-Force, por ejemplo) los “héroes” (técnicamente anti-héroes) matan para lograr un bien mayor. Puede sonar a una comparación exagerada, pero analicemos. Matar a alguien, para salvar a alguien. Quitarle su plusvalía a alguien para generar un cambio en la repartición de la plusvalía. Ojo por ojo, en cierta manera.
Sócrates, a través de la pluma de Platón, da una respuesta a esa pregunta. Él afirma que “Más vale sufrir una injusticia que cometerla”. Y él estaba enfrentando su condena a muerte, con la opción de fugarse corrompiendo a todos los guardias de la prisión; no era algo tan banal como dejar que alguien se le metiera en la cola del cine, o la copia ilegal de canciones.
Al final, todas las reflexiones económicas, políticas, y sociales, acaban incidiendo en el plano individual, en el plano de la moral. Cada quien decide que hace, y si deriva sus acciones de su escala de valores, o justifica sus acciones haciendo retroingenieria de la escala de valores.
Me cuesta trabajo pensar en que se use un falso anarquismo como justificación para la obtención de un bien personal, casi es banalizar al anarquismo y demeritarlo.
Ésta es una de las razones por las que consideraba la posibilidad de un trabajo de tesis sobre derechos de autor, ética e Internet. Estamos hablando de fenómenos problemáticos con muchos presupuestos, y muchos prejuicios. Se necesita replantear como pensamos al respecto, y se necesita generar una estructura de valores que al mismo tiempo se válida, justa y aceptable para la mayoría.










Primero, mi estimado filoso, el problema no es la piratería, -que es un acto reprobable y vergonzoso, y que se diferencia de la descarga sin pago de los cibernautas- es la circulación de bienes y servicios, ya que todo editor de música, libros, cómics, sabe que el precio de producción y el de venta esta inflado en mil por ciento o más, la red de intermediarios (como la que controla los puesto de periódicos) son mafias que impiden la libre expresión. Entonces al autor solo le queda avenirse a las grandes o pequeñas compañías que lo roban y maltratan. Y la circulación de productos culturales, de la cultura de una nación, grupo, étnia, tribu urbana, no puede depender exclusivamente de criterios de lana o ganancia, los humanos tenemos que existir por algo más que el estatus del consumo y la posesión.
J
Hace tiempo Yale o Harvard hizo un estudio para comprobar las cifras de pérdida que daban las disqueras a causa de las descargas P2P de música. La idea de las disqueras era simple: si han descargado 20 millones de canciones en un día, perdimos un dólar (cantidad supuesta) por cada una. Los universitarios hicieron un segundo estudio con lógica igual de simple: ¿La gente descarga X canciones por que realmente las quieren o por que son gratis? En las conclusiones de la investigación concluían: “Mucha gente quiere vacacionar en Hawaii, pero cuando tiene el dinero va a otro sitio o usa la lana en otra cosa, pero si le dan un viaje gratis, claro que va”.
Se de mucha gente que se sorprende de encontrar en sus archivos música que desconoce como llegó ahi, es simplemente que ya descargas por que puedes. Me gusta una rola de “Langostinos Pelados Fritos”, no descargo esa rola, descargo toda su discografía… aunque nunca la escuche.
Esa costumbre infla las cifras de la industria, como dice Roger, pero infladas o no, sigue sin justificar que se disfrute gratuitamente de un bien que NO es público. Es algo así como estar usando la alberca del vecino que nunca está en su casa -y que corre con los gastos de mantenimiento y blablablá-.