El Canto de las Pirámides

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526876182_488bd117cfEn 2002, el científico Nico Declercq, sentado al pie de la gran escalinata de El Castillo en Chichen Itza, escuchó lo que bautizó como “el efecto gota de agua”. Si hay más visitantes subiendo los 91 escalones hasta la cima, el sonido de sus pasos cambia poco a poco de naturaleza, y cuando están cerca de la cima, para quien está en la base cada paso suena como una gota de agua que cae en una tina.

En esa misma estructura, que también recibe el nombre de pirámide de Kukulcán, -nombre del Quetzalcóatl nahuatl-, hay otro efecto sonoro peculiar: cuando una persona aplaude, el eco no se parece a un aplauso: es más bien un sonido chirriante, parecido a un gorjeo. Un experto estadunidense David Lubman identificó con el canto de un quetzal.

La ciudad maya de Chichén Itzá ofrece muchos fenómenos acústicos que han sido bien descritos por Jorge Antonio Cruz Calleja, del IPN.

Declercq se concentró en el efecto gota de agua, y formuló una hipótesis señalando que el eco se debía a fenómenos de difracción sonora. En otras palabras, cada paso dado sobre la escalinata se propaga y rebota en cada escalón, y la suma de los rebotes a distintos ángulos y distancias hace que en algunas partes los sonidos se refuercen y en otros se anulen.

Para el caso de alguien sentado al pie de la escalinata, el eco recibido de pasos dados cerca de la cima ocurre a frecuencias que en efecto replican bien cómo sonarían gotas de agua cayendo en un contenedor.

615810679_fd7a760df6Estudios de campo realizados por Declercq y Cruz Calleja confirmaron la hipótesis, de modo que es posible decir que tanto el chirrido-gorjeo del quetzal como las gotas de agua son hijas de fenómenos difractorios.

En el caso de las gotas de agua, el sonido particular lo producen ondas superficiales que viajan muy cerca de los escalones, y los estudios hechos por los expertos indican que el fenómeno también ocurre si alguien está sentado arriba y escucha a otras personas bajar la escalinata.

La pregunta es si estos efectos fueron deliberados. ¿Construyeron los mayas sus pirámides de modo que se produjeran estos sonidos? Algunas coincidencias intrigantes parecen apoyar la idea.

Los investigadores dicen que las cuatro escalinatas de El Castillo semejan cataratas que caen desde la parte superior, y en la versión del arqueólogo Ramón Piña Chan, Chichén Itzá significa “en la boca del pozo del mago de agua”.

“Si la gota de lluvia hubiera sido un efecto acústico intencional introducido por los constructores de la pirámide, entonces con toda probabilidad sería la huella acústica de Chac, el dios de la lluvia”, escribieron en un informe recién publicado en Acta Acustica united with Acustica.

En el reporte del caso que publicó New Scientist, el arqueólogo Francisco Estrada Belli, de la Universidad de Boston, recordó que “la mayoría, si es que no todas las pirámides mayas, fueron concebidas como montañas sagradas, que eran los lugares donde las nubes se reunían y creaban lluvia”.

Según el informe, “las pirámides mexicanas, con algo de 3279746170_885b936926imaginación, pueden ser consideradas instrumentos musicales que datan de la civilización maya”.

Una objeción de la experta Elizabeth Graham (University College London) apunta que tanto en Chichén Itzá como en Teotihuacan las pirámides han sido restauradas. Sería preciso demostrar que en su reconstrucción se mantuvieron sus propiedades acústicas.

No creo que caer el viejo argumento de “nuestros antepasados eran inteligentisimos”, sea la respuesta para aclarar esto. aunque habría que estar en guardia contra el escepticismo de los científicos, que al no cuadrar un dato con sus ideas, simplemente lo deshechan.  Descartar una posibilidad, muy emocionante, de que el diseño de la ciudad, no sólo reproducia un patrón cósmico-sagrado, sino que además estaba planteada como un gigantesco escenario donde toda la ciudad, los extranjeros aliados y los tributarios podían encontrar un teatro sagrado, que reproducía los sucesos divinos de los viejos mitos.

Y ello podría ser una pista importante de porqué las ciudades modernas en las que vivimos, es imposible encontrar una auténtica cálidad de vida, en la que nuestros actos se vuelvan una cadena mejora y no en una locura de tráfico y humo, porque hemos alejado al arte de nosotros, y al arte mismo de la trascendencia.

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Lector curioso, amigo de las bromas y dueño de un humor rampante y ácido. Coleccionista de anécdotas de ingenio, crimen y locura, que son el ingrediente para el éxito de toda la comedia humana. En sus ratos libres es editor de extravía, responsable de las moscas a las que llamamos acentos y puntos, y padre de cuatro niños.

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  1. Bitacoras.com - 2 noviembre, 2009

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