La Mujer que Enseña Arte

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Guadalajara, Arte, Cultura y Lana

En días pasados se anuncio que Guadalajara, no tendrá museo Guggenheim, y bueno, la lana que le metió el ayuntamiento (según los periódicos se realizaron estudios de factibilidad con un costo de algo así como 2 millones de dolarucos, y se donó un terreno en la barranca que vale casi cien milloncitos de papel verde) ¿quién diría que este es un país de pobres? Así que voy a dedicar estas líneas al genio detrás del hombre. A la mujer que hizo posible que hoy exista una marca mundial, un museo –templo del arte-, que ha cambiado el valor del apellido Guggenheim de unos simples ricos nuevos, snobs y con pretensiones de aristócratas por un nombre de abolengo, asociado al arte y a la cultura.

Hilla Von Rebay

Hilla von Rebay, nombre perdido en la Historia. Fue Baronesa y pintora abstracta, y fue quien le enseñó al sr. Solomon R. el camino del arte y del coleccionismo. Este riquísimo hombre se apasiono de tal manera que compro una de las más grandes colecciones de arte del siglo XX.

Mujer de origen germánico, Hildegard Anna Augusta Elizabeth Freiin Rebay von Ehrenwiesen, la baronesa Hilla von Rebay (1890-1967).  En una de las citas que se conservan de ella dijo: “Sé el museo que quiero. Grande, con suficiente espacio exterior, alejado de edificios que lo asfixien”

Hilla Rebay fue de las pocas pintoras abstractas de comienzos del siglo XX. Cuando en 1927 se trasladó a Estados Unidos, encontro a una ciudad que se abría a la modernidad y al desarrollo, pronto la Gran Manzana se convertiría en el eje y centro rector del mundo financiero y artístico, que antes había estado en Europa. Impulsiva compradora de arte contemporáneo, fue durante mucho tiempo amiga y confidente de Solomon R. Guggenheim (1861-1949).

Guggenheim

La historia de la familia de los Guggenheim, judíos inmigrantes, tiene mucho en común con la de otros ricos de la época. Meyer Guggenheim, un judío de origen suizo que emigró a Estados Unidos, logró amasar una gran fortuna en la minería de cobre y plata. Uno de sus once hijos, Solomon, casado con Irene Rothschild –otro de esos apellidos de millonarios judíos, asociados a la banca y al ferrcarril en Francia-, se intereso por el mundo del arte por la década de 1890 y a coleccionar obras de los maestros antiguos. Posiblemente ya conocía la maravillosa colección del rey del acero, Henry C. Frick, y como muchas acciones humanas, posiblemente copio su afición.

Pero en 1927, su mujer, Irene, conoció a Hilla Rebay y le pidió que retratara a su marido. Este momento fue el paso decisivo para ellos dos. Él y ella se hicieron amigos y confidentes, y pasado algún tiempo le comentó su intención de legar su colección de arte al Metropolitan Museum. Y ella decidió que no, así que desplegó todo su encanto personal y se puso en contacto con un personaje fundamental de su vida, el pintor Rudolf Bauer, para contarle las ideas del millonario, buscando apoyo e inspiración.

Ambos se habían conocido en 1917, en Berlín, en Der Sturm, la galería de la que formaban parte Vasili Kandinsky, Marc Chagall, Paul Klee y Franz Marc, en pocas palabras, puro peso completo, aunque en ese entonces no eran más que simples humanos de carne y hueso. Hubo  un flechazo. Compartieron estudio y vida, pero la familia de la baronesa jamás dio su aprobación a esa relación y nunca se concretó.

En 1930, Solomon con su mujer y Rebay viajaron a la Bauhaus, en Dessau (Alemania) para encontrarse con Bauer y Kandinsky. Los Guggenheim compraron varias obras del pintor ruso y después se desplazaron hasta Teningen para conocer a la familia de Hilla.

Nace un museo

Los sueños de Guggenheim y Rebay, tras crear en 1937 una fundación que impulsara el “arte del mañana”, se materializaron en 1939 con la apertura del Museo de Pintura No Objetiva en la calle 54 Este de Manhattan. Pronto se 2917802781_78cf887128les quedó pequeño y en 1949 la colección se trasladó a un nuevo edificio de la Quinta Avenida. En 1959, la sede cambió de cara con la arquitectura de Frank Lloyd Wright y tomó la imagen definitiva que ahora conocemos.

En 1938, Bauer fue detenido por la Gestapo por ser “un artista degenerado” y especular en el mercado negro (probablemente se referían a la venta de sus cuadros a Solomon Guggenheim). Estuvo en la cárcel hasta que pudo salir para Estados Unidos en julio de 1939, pocos meses antes del comienzo de la II Guerra Mundial.

Hilla Rebay puso de moda el arte moderno en Nueva York, aunque no fue la única mujer en esta tarea, esa época fue marcada por mujeres que rompieron el molde y lograron sacudir el aire provinciano con que la aristocracia rancia de New York se vivía. Lillie P. Bliss, Aby Aldrich Rockefeller y Mary Quinn Sullivan fundaron el MOMA en 1929; y Gertrude Vanderbilt Whitney inauguro el Whitney Museum of American Art en 1931.

Pero a Hilla le cupo el honor de ser la primera directora del Museo de Pinturas No Objetivas, en 1952 cambio de nombre al por el de su fundador:  Guggenheim. El nuevo centro era algo nunca visto en el mundo. Los suelos, recubiertos de moqueta; las paredes, enteladas, y las pinturas, enmarcadas en grandiosos marcos, colgadas a ras del suelo. Sonaba música ambiental de Bach, Beethoven y Chopin. Tenía una espaciosa biblioteca y abría los domingos. El Museo de la Pintura No Objetiva (MNOP) se inauguró con el lema de la Fundación Solomon: Art of tomorrow (El arte de mañana). Todo en este templo del arte estaba enfocado a vivir una experiencia espiritual, sensorial.

De hecho, esta construcción marco el inició de un nuevo concepto de museos, alejados de los antiguos palacios que se usaban en Europa.

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Como comisaria artística y directora del museo durante 13 años, Hilla Rebay siguió una política de adquisiciones agresiva. Promocionó una nueva generación de artistas estadounidenses abstractos y no objetivos, pero también recibió muchas críticas por no haber hecho lo suficiente por ellos. El debate semántico entre las sutiles diferencias entre pinturas no objetivas, abstractas, concretas y absolutas echó leña al fuego en la disputa entre los partidarios de Hilla Rebay y los que se oponían al “arte del mañana”.

La baronesa tenía un fuerte sentido publicitario, marca que aún hoy es visible en las políticas del museo. Desde que abrió sus puertas facilitó a la prensa las salas para fotografiar modelos con la ropa de temporada; habló con unos, almorzó con otros y logró que los grandes almacenes de la Quinta Avenida mostraran en sus escaparates la fachada de cristal y acero del museo y réplicas de sus cuadros. Los críticos se mostraron escandalizados. Se quejaban de los marcos que Rebay imponía a las pinturas, de los artistas elegidos, los catálogos, y muchas veces, como ocurre en el mundillo del arte, aquello fue una guerra de egos y necedades. Alguno que se atrevió incluso a protestar con Solomon R. Guggenheim, le respondío: “El arte no es estático” y “el progreso no debe pararse”.

Ella uso su poder e influencia con Solomon pero se pasó de la raya en muchas ocasiones. Tenía un genio excesivo y su excelente relación con él, no fue compartida con el resto de los miembros de la familia Guggenheim, especialmente con la nieta Peggy, quien la odiaba. Cuentan que cuando hablaban de ella, bajaban la voz y decían su nombre en clave, “the B” (the bitch, la perra o la puta, según prefieras).

En 1949, cuando el patriarca murió, la familia se deshizo de Rebay. Marginada hasta tal punto que ni la invitaron a la inauguración del nuevo museo construido por Wrigth, edificio que esta considerado como una de las glorias de la arquitectura del Siglo XX, y que en mucho era trabajo, inspiración y confianza de Rebay. Su colección de arte no objetivo fue enviada a los almacenes. El trato la lleno de amargura y se retiró de la vida pública y pasando sus últimos años en Westport, Connecticut, donde murió en 1967.

El ostracismo terminó en 2005. El Museo Guggenheim homenajeó a Rebay con una exposición de sus obras y realzó su entusiasmo en la creación de la fundación.  El tiempo le ha dado la razón (bueno, tal vez haya que esperar un poco más ya que su influencia definió de tal manera la orientación del arte en New York, que aún hoy sus criterios permanecen en las políticas de muchas galerías y colecciones). En su colección podemos encontrar un centenar de obras de artistas como Van Gogh, Cézanne, Picasso, Kandinsky, Calder, Pollock o Sophie Calle. Puro peso pesado.

Hoy en día el museo se ha convertido en una marca mundial, con sedes en diferentes lugares del mundo. De hecho, Bilbao aprovecho el impulso que supuso la inauguración de su propio G, para colocarse como una ciudad a visitar.

Otra de las notas que siempre procura dar el museo, es el impacto e interes que despiertan sus exhibiciones. Una de las rompe récord estuvo dedicada a las motocicletas.

Si quieres leer más, puedes visitar la nota del diario El País, que habla sobre la llegada de la exhibición a Guggenheim de Bilbao.

JULIA LUZÁN 11/10/2009

http://www.elpais.com/articulo/portada/mujer/enseno/Arte/Guggenheim/elpepusoceps/20091011elpepspor_4/Tes

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Lector curioso, amigo de las bromas y dueño de un humor rampante y ácido. Coleccionista de anécdotas de ingenio, crimen y locura, que son el ingrediente para el éxito de toda la comedia humana. En sus ratos libres es editor de extravía, responsable de las moscas a las que llamamos acentos y puntos, y padre de cuatro niños.

3 Responses to “La Mujer que Enseña Arte” Subscribe

  1. Alejandra Panduro 16 marzo, 2010 at 10:56 pm #

    Interesante artículo, sobre todo porque pensaba que sabía mucho sobre los edificios Guggenheim. Y detrás de todo, una mujer involucrada. Que gusto enterarse se estos datos.

  2. Arbolesrojos 17 marzo, 2010 at 9:38 am #

    Gracias. la idea es compartir con otras personas lo que descubrimos. En cuanto a las mujeres, el arte moderno y la importancia de ambas, es algo que todavía tiene mucho que escribirse, la fuerza de los mecenazgos que ejercicieron ella, tiene mucho de importancia.

    Saludos

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  1. Bitacoras.com - 5 noviembre, 2009

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: En días pasados se anuncio que Guadalajara, no tendrá museo Guggenheim, y bueno, la lana…

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