André Bamberski relata a cómo planeó en Baviera el secuestro del hombre que causó, hace 27 años, la muerte de su hija Kalinka, cuando esta vacacionaba con su madre, (ella había abandonado al marido por su amante). El padre logró que fuese llevado a Francia, por la fueza, para ser juzgado
¿Cuanto Pagarías por Encerrar a tú Asesino?
Si te interesa leer la nota la encontraras más abajo. Si prefieres ahorrar algo de camino y acompañarme en este bosque de letras, te invito a reflexionar sobre cuanto vale una muerte. Por un lado tenemos a un padre furioso y lleno de ira, tanta que ha podido vivir 27 años persiguiendo a quien cree el culpable de la desaparición de su hija. Hasta allí todo va bien, un padre justiciero, un cruel pederasta. Se dedico a perseguirlo, a acosarlo buscando hacer los que no hacían los poderes judiciales. Ese fue el costo, su vida, y lo pago.
Pero, ¿y la madre? ¿acaso a ella no le dolió? O qué clase de mujer es esa que permite que su amante tenga esa intimidad con su hija, que pueda pasar horas con ella. En estos casos, cuando se aplica tratamiento psicológico a las víctimas, es más difícil aceptar la desprotección en que la puso el progenitor.
Y el más invisible de todos, Nicolás, a quien a penas se le dedican tres palabras. Un niño que vive a la sombra de una muerta, viendo como el padre dejo de lado cualquier otra cosa para perseguir al asesino. ¿Qué clase de hombre resulta de una educación tal? ¿Cómo podríamos ser tú y yo de haber vivido así? ¿Cuántos de nosotros hemos vivido los duelos, los muertos no enterrados? ¿Cuántos de nosotros tenemos padres que aún añoran el calor y el abrazo de los padres, y qué estos viven mirando como estatuas de sal, a los abuelos que se congelaron buscando a sus desaparecidos? Creo que este es un buen tema para pensar ahora que nuestras “celebraciones” de las guerras más profundas y dolorosas hemos vivido como nación.
La Noticia de la Muerte y el Secuestro
André Bamberski, de 72 años, se sobresaltó cuando, pasadas las tres de la madrugada del 18 de octubre, sonó el teléfono de su casa, en Pechbusque, un acomodado suburbio de Toulouse (sur de Francia). “Una mujer extranjera que disimulaba su voz me dijo cuando descolgué: Krombach está en la calle del Tilleul (…) cerca de la Casa de la Aduana en Mulhouse (noreste de Francia). ¡Llame a la policía!”, recuerda Bamberski.
“(Le) Prometí a Kalinka, ante su tumba, que llegaría hasta saber la verdad, hasta que se haga justicia”. “Las vías legales se habían agotado. A los 72 años no me quedaba más remedio que suplir las carecencias judiciales”
Cuando habló con el policía de servicio supo que ya habían sabían dónde estaba abandonado Dieter Krombach, el cardiólogo alemán al que considera culpable de la muerte de su hija. El médico había sido secuestrado horas antes cerca de Kempten (Baviera) y trasladado a Mulhouse. La patrulla lo encontró, a Krombach, de 74 años, a las 3.50 de ese domingo, tirado en la acera, amordazado, atado de pies y manos y con una herida en la cabeza. Tras identificarlo, le detuvo, pero le llevó primero al hospital de Mulhouse. Un juez ordenó después su ingreso en prisión.
“He arruinado mi carrera profesional, he gastado cantidades ingentes de dinero en esta tarea a la que estoy dedicado en cuerpo y alma desde hace 27 años, pero ahora, más que nunca, creo que ha merecido la pena aunque yo vaya a ser juzgado por secuestro y acabe detrás de los barrotes”, sentencia. Bamberski. Su voz sólo se quiebra cuando evoca a su hija fallecida, Kalinka, bautizada con el nombre de una flor de los bosques de Mazuria, en el norte de Polonia, donde es originaria la familia Bamberski y que en los años treinta emigró a Francia. Afirma el padre con los ojos empañados por la emoción: “era el centro de mi vida”.
Kalinka nació en 1967 en Casablanca en el seno de una familia feliz. En la capital económica marroquí, Bamberski dirigía una empresa con 850 empleados. Allí también vivía Krombach, adscrito al consulado de Alemania. “¿Qué hacía un médico trabajando en el consulado?”, se pregunta Bamberski. “¿No sería un agente secreto?”. Bamberski sólo recuerda haber “saludado un par de veces” a Krombach en Casablanca, a principios de los años setenta, aunque su mujer si debió de tener más trato con él. En 1974 la familia se trasladó a Toulouse, pero la esposa de Bamberski no tardó en dejarle plantado para reunirse en Lindau con el cardiólogo del que se había enamorado. Pidió el divorcio, dejó al fiscalista la custodia de sus hijos -Kalinka tiene un hermano pequeño, Nicolás- y contrajo matrimonio con el médico alemán. Se separó de él en 1990 cuando dejó embarazada a su joven secretariaCómo Murio Kalinca
La Muerte de Kalinka
La adolescente pasó el verano de 1982 con su madre en la casa de Lindau. Sin que tuviera ningún problema de salud, Krombach le puso, el 10 de julio, una inyección intravenosa y al poco tiempo, falleció. La fiscalía alemana abrió una investigación, interrogó al médico por teléfono, ordenó una autopsia del cadáver, del que se extrajeron los órganos genitales, y dio un carpetazo al asunto el 17 de agosto de 1982.
“Todo aquello me pareció incompleto”, recalca Bamberski. “No se precisaba si Kalinka había tenido relaciones sexuales antes de morir, no se indicaba qué era la sustancia blancuzca que se encontró en su vagina, ni el origen de un pequeño desgarre en la vulva; ningún análisis toxicológico acompañaba la autopsia”. Los forenses alemanes sí señalaron, en cambio, que las inyecciones con las que Krombach intentó reanimar a Kalinka una vez muerta eran “grotescas”.
El padre mostró la autopsia a dos expertos en medicina legal de Toulouse, y empezó a sospechar que la habían drogado para violarla. Dos años después presentó en Francia una denuncia penal contra Krombach. El juez instructor ordenó la exhumación del cadáver, enterrado en el cementerio de Pechbusque, y los forenses concluyeron que Kalinka falleció a causa de la inyección.
Bamberski tardó aún once años en obtener una condena de Krombach, juzgado en ausencia, a 15 años de cárcel por “asestar golpes y provocar heridas que ocasionaron la muerte, pero sin tener intención de causarla”. Ahora debería ser de nuevo juzgado, pero por un jurado popular. “Las gestiones diplomáticas alemanas combinadas con el escaso entusiasmo de la justicia francesa explican, en parte, el retraso de tantos años”, sostiene.
Meses después, el entonces fiscal general de París, Jean-François Burgelin, explicó a Gibault que había “recibido instrucciones del Ministerio de Justicia para que la orden de detención internacional [contra Krombach] no fuese tramitada”. “¡Es un escándalo absoluto!”, asegura el letrado. Krombach “obtuvo apoyos extraordinarios tanto en Alemania como en Francia”. ¿Por qué?”, se pregunta Bamberski. “¿Es porque Krombach fue agente secreto o se trata más bien de otra reacción nacionalista alemana?”. La orden de detención con vistas a obtener la extradición a Francia de Krombach acabó siendo lanzada por París en 1996, pero Alemania no la ejecutó so pretexto de que el caso había sido ya investigado en el lugar donde se produjeron los hechos y fue rápidamente archivado.
Aun así, el cardiólogo tuvo problemas con la justicia en su propio país. El médico fue condenado, en marzo de 1997, a dos años, pero sin ingresar en prisión, por violar a una chica de 16 años a la que había anestesiado. Bamberski cree que algo parecido pudo sucederle a su hija. Krombach quedó también entonces inhabilitado para el ejercicio de la medicina, pero la siguió practicando a hurtadillas entre 2001 y 2006. Sustituyó al médico titular de una consulta de Coburgo y atendió allí a una paciente que había visitado la web (http://www.justice-kalinka.com) que Bamberski ha dedicado a su hija.
El padre justiciero asistió en primera fila al juicio, celebrado en Coburgo en julio de 2007, en el que Krombach fue de nuevo condenado, ahora por “estafa y ejercicio ilegal de la medicina”. Le cayeron 28 meses de cárcel, de los que cumplió 18 por buena conducta. Aún en libertad, Krombach debía andarse con cuidado. Bamberski estaba al acecho. “Tres o cuatro veces al año viajaba a Alemania para buscarle, fotografiarle y encararme con él”, recuerda. Para librarse del acoso, el galeno se mudó siete veces de casa desde 1997.
“Llamaba a su puerta, le pedía pacíficamente que se entregara a la justicia francesa y él me decía que yo estaba loco, que actuaba así por venganza, porque me había robado a mi mujer”, rememora Bamberski. Éste llegó a distribuir miles de folletínes en los pueblos donde se instalaba.
El homicidio prescribe en 2015. Yo tengo 72 años, dice el padre, y Krombach 74, prosigue. “No quisiera que ninguno de nosotros fallezca antes de que se haga justicia”. “No me quedaba más remedio que suplir, parcialmente, las carencias de la justicia”. “En varias ocasiones”, confiesa, hubo personas que se ofrecieron a matar a Krombach, pero siempre me negué a ello.
El hombre con el que quedó, el viernes 9 de octubre, en un hotel de Múnich no era de esa calaña. Tenía unos 35 años y hablaba inglés con un marcado acento alemán. Ambos dieron una breve vuelta en coche y también pasearon por un parque. “He seguido el asunto de su hija en Internet (…)”, recuerda Bamberski que le dijo. “Hay que acabar con la impunidad de Krombach”, añadió. “¿Está usted de acuerdo con que se lo deposite en Francia?”. El francés respondió con un “sí” rotundo. Su interlocutor, asevera, “no pidió dinero”. “Fui yo quien insistí en asumir los gastos de la operación”, pero no pagué ningún anticipo. Su versión resulta
Las autoridades alemanas no tardaron en manifestar su disgusto por lo sucedido. “Intentamos encontrar con nuestros colegas franceses una solución que permita el regreso del afectado a Alemania”, declaró el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores. El abogado francés de Krombach pidió su liberación. La fiscalía de Kempten (Alemania) lanzó el 29 de octubre una orden internacional de detención de Bamberski, con vistas a extraditarle, y otra contra un kosovar de 38 años que se entregó a la policía austríaca autoinculpándose del secuestro.
En Francia la polémica está servida entre los que lamentan una extradición ilegal y aquellos que opinan que Bamberski suplió las deficiencias de la justicia. “¿Ilegal?, pregunta. “Entonces la historia judicial de Francia está salpicada de ilegalidades”, contesta. “El nazi Klaus Barbie fue secuestrado en Bolivia para ser juzgado en Francia; el terrorista Carlos fue secuestrado en Sudán para ser juzgado en Francia; el coronel golpista Antoine Argoud fue secuestrado en Alemania para ser juzgado en Francia”, recuerda. “¡Y sólo menciono los casos más conocidos!”.
http://www.elpais.com/articulo/reportajes/padre/justiciero/elpepusocdmg/20091108elpdmgrep_8/Tes
IGNACIO CEMBRERO 08/11/2009










Por supuesto que deben de encerrar al padre. Él esta haciendo justicia por propia mano y eso no se puede permitir. lo cual no quiere decirque no sea lo correcto y que uno hubiera hecho lo mismo pero sabia cuales eran los peligros y lo atraparon.
En cuanto al Hijo de la Chingada del médico debió dejarlo ciego, paralitico o algo de similar envergadura. Si ya te iban a agarrar por un delito de una vez que te condenen por dos ( a los setenta y pico lo mismo dan 10 que 100 años).
gracias por el articulo Arbol.
Bueno, al papa lo van a enjuiciar, pero al médico este, quién sabe que le pase. Seguro que en la prisión le van a pasar las cuentas, a menos de que la publicidad y atención, lo evite, por lo menos hasta que pase el juicio.
Pero, mi pregunta es ¿quién terminó pagando más por la muerte de esa niña? Yo creo que el hermano; ver como el padre se desangra en una carrera hacia la locura, a él también debio de haberlo afectado, de la madre ni hablamos. Es demasiado común, mucho más de lo que creeríamos, este tipo de casos, en los que la adulta vuelve la mirada para no ver el peligro que corre la hija o el hijo.