Reconocimiento Internacional a Jesús León Santos
Pocos saben que existe un premio de Ecología que tiene el prestigio y la importancia del Nobel. Curiosamente, los noticieros de t.v. o los diarios no le prestan atención, vamos ni porque tres de nuestros paisanos ya han sido premiados. ¿Porqué tenemos la costumbre de no hablar de lo que puede darnos orgullo?
En 2008 lo ganó un mexicano de 42 años. Para más señas, campesino indígena de Oaxaca y que ha estado realizando, desde hace 25 años, la reforestación en su tierra, la Mixteca.
Recibió el “Premio Ambiental Goldman“. Este premio fue creado en 1990 por dos filántropos y activistas de San Francisco, EU. Richard N. Goldman y su esposa Rhoda. Y no sólo son buenas intenciones y un diploma, el premio tiene una dotación de 150,000 dólares.
En la Mixteca
A Jesús León Santos se lo dieron porque decidió cambiar el paisaje donde vivía en la Mixteca alta. la “tierra del sol”, la vieja tierra es cuna de una de las culturas prehispánicas más importantes: la Mixteca. Aquello parecía un paisaje lunar: campos polvorientos, muertos, desprovistos de árboles, sin agua y sin frutos. Había que recorrer grandes distancias en busca de agua y de leña. La vida se había vuelto tan dura que la mayoría de los jóvenes emigraban para nunca regresar, huyendo a la Ciudad de México o a EU.
Jesús quiso reverdecer los campos y con otros comuneros del lugar inició el trabajo. Y decidió recurrir a unas técnicas agrícolas prehispánicas que le enseñaron unos indígenas guatemaltecos para convertir tierras áridas en zonas de cultivo.
¿Cómo llevar el proyecto a cabo?
Reviviendo una herramienta indígena olvidada: El tequio, el trabajo comunitario no remunerado, trabajo en beneficio de todos. Con el tiempo logró reunir a unas 400 familias de 12 municipios, creó el Centro de Desarrollo Integral Campesino de la Mixteca (Cedicam), y con recursos económicos limitados, se lanzaron contra la principal culpable del deterioro: la erosión.
En esa región Mixteca existen más de 50.000 hectáreas que han perdido unos cinco metros de altura de suelo desde el siglo XVI. Tras la Conquista española llegó la cría intensiva de cabras y el sobrepastoreo, y al poco tiempo, durante los siglos de la Colonia apareció la industria de producción de cal, que devoro enormes cantidades de leña. El uso del arado de hierro y la tala intensiva de árboles para la construcción de los imponentes templos dominicos aceleraron la desertificación. Las viejas prácticas indígenas que habían posibilitado la creación de riquísimos señoríos indígenas desaparecieron. Y aquellos que lucharon incansables contra el dominio de los aztecas -en algunas anotaciones históricas cuentan que al momento de aparecer Cortés, los mixtecos habían iniciado una guerra contra la Triple Alianza-, ahora son simplemente braceros, espaldas mojadas, emigrantes sin fe ni dioses, mano de obra barata.
Cedicam promovió un programa de reforestación. Con pico y pala se cavaron zanjas-trincheras para retener el agua de las escasas lluvias, crearon pequeños viveros, produjeron abono y plantaron barreras
vivas para impedir la huida de la tierra.
Todo eso favoreció la recarga de los mantos de agua subterránea. Luego, en un esfuerzo titánico, plantaron alrededor de cuatro millones de árboles de especies nativas, aclimatadas al calor y sobrias en la absorción de agua.
Se desarrolló un sistema de agricultura sustentable y orgánica, sin uso de pesticidas, gracias al rescate y conservación de las semillas nativas del maíz. Las comunidades están buscando la soberanía alimentaria: ser capaces de producir lo que necesitan para comer.
Resultados
Al cabo de un cuarto de siglo, el milagro se ha producido. Hoy la
Mixteca alta esta restaurada. Ha vuelto a reverdecer. Han surgido manantiales. Hay árboles y alimentos. Y la gente ya no emigra por hambre.
Con la aparición de los árboles ha renacido una actividad artesanal que estaba desapareciendo: la elaboración de yugos de madera y utensilios de uso corriente, en pequeños talleres.
Además, se han enterrado en lugares estratégicos cisternas de ferrocemento, de más de 10.000 litros de capacidad, que también recogen el agua de lluvia para el riego de invernaderos familiares orgánicos.
Este ejemplo es imitado hoy por comunidades vecinas, que también han creado viveros comunitarios y organizan con la llegad del temporal, plantaciones masivas de árboles que regresan a la vieja tierra mixteca, a la condición original.











Entonces, si se puede cambiar al mundo, o un pedazo de el, de a poco en poco ¿no?
De eso se trata un poco esto, de provocar el cambio. Pero como dijo un sabio, no puedes cambiar el mundo pero puedes comenzar a cambiarlo