La muerte es uno de los fenómenos más extraños que podemos enfrentar. Siempre lo veremos en tercera persona, a lo mucho, en una especie de segunda persona. Pero aun así, se da a diversas distancias de la primera persona.
No es lo mismo oír que una persona murió porque su vehículo fue impactado por el coche de un borracho, a escuchar que tu hermano murió atropellado por un borracho que iba manejando. No es lo mismo oír que la abuela de tu compañero de trabajo murió en el hospital, a estar presente cuando tu abuelo muere, frente a ti.
Hay raros momentos donde la muerte la vemos cerca. Puede ser que te escapes de ser atropellado, o tengas una grave caída, y por momentos sientes que no la vas a contar. Puede ser que por algún problema de salud, llegues a estar cerca de morir, o al menos eso sientes. Pero, técnicamente, eso no es ver a la muerte en primera persona… porque si la vieras, completa, en primera persona, no podrías estar leyendo esto.
L a cuestión de que la muerte, la muerte biológica, la muerte de verdad, no la podemos experimentar más que una vez, y que no podemos comunicar qué experimentamos después de que lo experimentamos, es algo bastamente dicho en filosofía, por lo menos desde el tiempo de los griegos en la filosofía occidental (aunque se puede discutir mucho si existió propiamente filosofía en oriente, pero ese es tema de otro artículo). Desde Epicuro hasta Heidegger, pasando por Nietzsche. Pero no voy a ponerme a declamar lo que esos sabios dijeron, lo que busco es incitar tu reflexión, no hacer un periplo discursivo.
Aunque no puedo dejar de citar el chiste que Sócrates hace en el diálogo de Fedón: Sócrates es condenado a suicidio por supuestos crímenes, y está encerrado en la cárcel antes de suicidarse. Cuando sale de la cárcel para suicidarse, le dice a sus discípulos “sacrifiquen un gallo a Asclepios (el dios de la salud entre los griegos) porque desde hoy ya no sufriré ninguna enfermedad. Epicuro comparte la línea al tratar de convencer a Meneceo, un joven, de que entre a su escuela. Epicuro le explica que no debe temer a la muerte, porque toda la evidencia que tenemos de la muerte indica que después de ella no hay sufrimiento ni dolor.
Y aún así, la muerte nos da miedo. Nos da miedo dejar de existir, por lo menos. Y no importa cuán lavado este nuestro coco, cuanto nos digan que al morir iremos al cielo o que reencarnaremos, la idea de la propia muerte nos da miedo. Por más que digas que no le temes a la muerte porque crees que no hay nada después, o porque eres muy macho, en el momento en que la ves de cerca, a los ojos, y sientes su aliento… te pandeas.
Hasta ahora, lo evidente es que he estado hablando de la muerte total, la muerte biológica, la muerte de “nuestro cuerpo”, arriesgándome a caer en un dualismo. Pero no sólo la muerte biológica nos da miedo.
Metafóricamente (o no tanto) hay otras formas de muerte. Dentro de más de alguna región, o sistema esotérico, se usa el término muerte para referir formas radicales de cambio psicológico. La modificación radical de algunos aspectos de la personalidad, o incluso, de la estructura egoíca en su totalidad, son denominadas como muertes.
El primer ejemplo que viene a la mente es el budismo zen, en el que se designa al satori (una forma de iluminación parcial) como la pequeña muerte. (El hecho de que los franceses denominen al orgasmo como pequeña muerte puede no ser tan accidental como parece, pero eso, también, es tema de otro ensayo).
E, interesantemente, también esas muertes metafóricas causan miedo, lo que genera resistencia al cambio. Casi parecería que esas facultades mentales independientes del consciente (que los psicoanalistas aglutinan como El Inconsciente, pero que en realidad son habilidades distintas) tienen cierto nivel de personalidad, de auto-consciencia, y que al saber que son, tienen miedo de dejar de ser.
Hay ciertos procesos existenciales que se perciben, en la psyché profunda, como muertes “ligeras”. Tavizón hablaba de su experiencia de divorcio, narración en la que muchos de nosotros nos vimos reflejados. Y esa experiencia, como varias otras experiencias existenciales donde algo se acaba, se sienten, en momentos, como si uno se estuviera muriendo. En muchos casos van acompañadas de crisis psicóticas que no son nada agradables.
Ahora, no siempre ni en todos los casos, la muerte ha sido vista como algo malo. Si hay terroristas musulmanes que son capaces de autoinmolarse al detonar una bomba, es porque creen con una certeza absoluta que se irán al cielo al hacerlo. Hasta donde sabemos, las culturas de raíz celta, del cenro y norte de la Europa precristiana, concebían a la muerte como parte de un ciclo, de manera paralela al invierno, que es sucedido por la primavera, y por lo tanto, la muerte era sucedida por un renacimiento.
Entonces, haciendo arqueología conceptual, podemos suponer que veían a la muerte como parte de un ciclo natural, como un fenómeno natural en sí mismo, al cual no había que temer.
Ahora, ¿Por qué nos da miedo la muerte? ¿Es simplemente un miedo tremendo a dejar de ser? ¿Es un miedo radical al cambio? ¿Acaso parte de ese miedo es aun de origen instintivo, casi genético? ¿O los genes que nos usan como vehículos están tan aferrados a su existencia sostenida, que nos hacen sentir la necesidad de seguir viviendo?
Por otro lado, la muerte es un fenómeno multifacético, que se relaciona con problemas éticos como el suicidio, la eutanasia e incluso el aborto o la pena de muerte.
Problemas que además de la pura dimensión ética, tienen vectores psicológicos, religiosos, morales, biológicos y hasta existenciales. Problemas sobre los que se han escrito ya muchas líneas, y sobre algunos de los cuales yo trataré de dar al menos una introducción superficial.











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Muerte… muertemuertemuerte… mmmh ¿Muerte?
Vaya, sólo puedo decir que la muerte es cambio, aunque suele ser malinterpretada como fin, mas bien es continuidad… Tampoco es cosa de que la muerte se sienta mal por ello, pero a ratos le incomoda
la muerte siempre ha sido parte de la vida, para algunos es lo que le da sentido.
Le tenemos miedo por que seguimos siendo animales despues de todo
y tenemos minimo dos instintos que nos lo comprueban, la autopreservacion y el instinto sexual.
y por eso hasta el mas machin se caga cuando se muere =), es nuestra naturaleza morir, y tambien lo es el no quererlo.
VIVA Lady Death!!!
Si viene por mi, que me lleve!!!
Cada vez que algo (relación, persona, proyecto, cosa) en lo que hemos invertido tiempo, recursos, talento y energía se acaba, bien dices, nos pandeamos. Sobre todo cuando nunca hemos contemplado más allá del nivel intelectual la posibilidad de su final, su impermanencia.
Desde el punto de vista del budismo tibetano (no puedo ofrecer más que mi minúscula comprensión) la muerte nos asusta tantísimo porque no hay nada más querido, cuidado, defendido y chiqueado por el ser vivo común que su identidad temporal (que a parte de todo, dicen, no existe). Por eso cada paso dado en dirección a trascenderla, física o contemplativamente, asusta.
¿Será realmente un cambio la muerte?
Definitivamente es el evento mas extraordinario que podremos tener en nuestra vida, una vez y generalmente inesperada… pero ¿qué tanto fondo habrá detrás de ella?
Creo que a lo que se le teme de la muerte, es principalmente, que es el fenómeno que dictamina sin pensarlo dos veces y nos avienta a la soledad… que en toda una vida, naturalmente no hemos querido aceptar,esa soledad de la que habla E. Fromm por ejemplo…
desde el momento en que nacemos estamos muriendo, en lugar de celebrar un año mas de vida en nuestro cumpleaños, deberiamos de celebrar un año menos que vamos a vivir… la muerte siempre ha sido vista como el lado obscuro de la vida, pero deberiamos de aprender de nuestros compatriotas indigenas y alabar a la “Santa Muerte”, , ya que es tan solo un camino que todos tomaremos algun dia. La muerte es lo que nos mantiene en pie, es de donde sacamos las ganas de seguir luchando, es de admirar que el hombre, unico ser vivo conciente de su muerte, aun asi vive la vida como si fuera un ser eterno.
acabo de leer el Peregrino de Paulo Coelho, y habla mucho de la muerte, creo que es interesante la forma de hablar de ella en este libro. Me ha ayudado a ver la muerte de otra manera, aunque algunos pienses que sus libros sean basura comercial, ami me encantan jaja