H ace mucho frío. Esta parte del viejo edificio todavía no tiene calefacción. Es una granja que estuvo en deshuso por décadas y ahora es un centro de retiros. Afuera nieva desde ayer. Nosotros venimos para ayudar a restaurar un poco esta parte de la construcción porque en dos semanas tenemos un curso y hay mucho qué hacer. Éste lugar sólo había estado activo en verano. Estamos moviendo camas y colchones, estamos desatornillando los tablones del piso para llenar el hueco debajo con lana aislante. Éste cuarto no va a ser usado pero está justo sobre la cafetería y no queremos perder calor a través del techo.
En algunos tablones de este cuarto abandonado duermen mariposas. De vez en cuando mueven sus alas mostrándome que viven. Como tengo los guantes puestos no me cuestiono tomarlas y ponerlas todas en una tabla que dejaré en el cuarto menos accesible de esta granja. Sé que están dormidas porque no huyen volando, pero se agarran a la nueva tabla casi con gratitud. ¿Qué soñarán? ¿Les dará gusto despertar y descubrir que las puse todas juntas?
Salgo a dar un paseo. El cielo está blanco, el suelo está blanco. No decido qué me fascina más, si los árboles desnudos o los que se mantienen verdes y frondosos debajo de la escarcha. Como buena oriunda del trópico estoy hipnotizada por el paisaje. La tierra viste un camisón blanco para irse a dormir y despertar ya entrado el siguiente año con el cabello revuelto. El camisón cruje bajo mis botas. Hace seis meses caminé por aquí sin zapatos y sin la más remota idea de lo que vendría.
Siempre es tentador a finales de año hacer una recapitulación de los doce meses pasados. Esta vez tengo la fortuna de acompañarla con una caminata en la nieve. Es gracioso ver en retrospectiva cuáles eran mis preocupaciones y cómo a lo que dediqué más atención fue lo menos importante. Cómo pequeños problemas crecieron hasta salirse de mis manos. Cómo las cosas más simples con el tiempo saben a dulce. Gente perdida y fantásticos encuentros. Me da una especie de cruda emocional. De alguna manera el frío corporal tranquiliza mis emociones, el silencio externo compensa el ruido interno y el omnipresente blanco serena mis recuerdos.
Estas noches largas y frías invitan a hibernar, pero sé que si duermo voy a soñar las esperanzas y miedos que tengo del próximo año. Algún día voy a aprender a tomar un día a la vez, ¿por qué no empezar este invierno?










… encantador ensayo, encantador
Siiiiii, me encantó, me sentía ahi…