El súpermercado
“Estaba baratísimo, y el invierno se va volando”. Fue la respuesta de mi mamá cuando le pregunté porqué carajos había comprado un quinto ventilador de torre en pleno invierno, siendo que ni en verano usamos los otros cuatro. Pero no podía contradecirla, estaba baratísimo. Eso, además colocado en un punto mercadológico estratégico en uno de mis no-lugares más aborrecidos: el súper. Siempre he pensado que el mercado debió evolucionar de otra forma, no sé cual, pero otra. No en grandes bodegas de estructuras ligeras; no en grandes espacios de gran altura; no en un sembradío de estantes que soportan en su mayoría objetos innecesarios. Pero qué estoy pensando… tal vez no pudo ser de otra manera.
No niego que saca de apuros que abran las 24 horas, que uno puede encontrar una gran diversidad de productos a precios muy competitivos; tampoco niego que es un lugar donde uno no se da cuenta qué hora es, por lo que puede tomarse su tiempo para seguir comprando, muchas veces víctima de las promociones sutiles, de los productos inútilmente novedosos y el 99 centavos.
Todo esto muy independientemente de la aversión que le tengo a las corporaciones trasnacionales.
Los no-lugares
Pero bueno, en cuanto a este tipo de espacios no se trata sólo del súper, los no-lugares invaden toda nuestra vida cotidiana. Son los espacios que no tienen identidad, que no crean relación entre los individuos y que tampoco son históricos ni míticos ni de cualquier tipo. ¿Algunos ejemplos? El metro y sus estaciones, los autobuses, los cajeros automáticos, los aeropuertos y los aviones, los centros comerciales y las autopistas… quizá te extrañe que considere lugares los transportes, pero vivir en las ciudades ha convertido al movimiento en lentitud y pereza, transformando los vehículos en sitios.
También en los no-lugares hay extremos, pues considero así a los espacios de ocupación temporal, como bien pueden ser las grandes cadenas de hoteles o los grandes cinturones de barrios periféricos, en los cuales la gente sólo llega a su casa a dormir porque trabaja lejos, y donde muchas veces todo esta en muy malas condiciones: viviendas, calles, los servicios públicos -policía, recolección de basura, áreas verdes-.
Como dicen, los extremos se tocan, y tal vez al ser los no lugares espacios donde pasamos mucho de nuestro tiempo, empezamos a convertirlos en no-lugares. Muchos centros comerciales y cadenas trasnacionales de café ya son no-lugares para estar.
Tal vez se deba a alguna cierta necesidad del ser humano a crear relaciones, dejando un poco de lado el tiempo. Y esto es también muy relativo dependiendo del país que se trate, cada sociedad tiene su propio ritmo y necesidades.
Los no-lugares de Guadalajara
Y es que encima como que a nuestra ciudad le está fascinando albergar no-lugares: más y más expansión en horizontal hacia las afueras, más y más carros, macrobús, puente colgante… está bien, está muy bien. Y lo digo en serio. No podemos deshacernos de todo eso. Son espacios destinados a actividades de transporte, comercio y ocio,las cuales al fin y al cabo son necesarias, nos guste o no.
Vida en el carro, lugares y publicidad
Yo sólo sé que mi carro es una extensión de mi recámara. Como paso cerca de dos horas diarias adentro de él, pasa a ser el espacio donde medio me peino, escucho la música que me gusta, hablo por teléfono, mando mensajes, estudio, leo, platico… una vez hasta alcancé a hacer una maqueta. ¿Qué es lo que pasa? Quién sabe.
Yo hago ronda con mis amigos de la escuela, pero hay muchas personas que pasan horas en su vehículo completamente a solas. Es una soledad que definitivamente está, pero no se siente tanto si van escuchando la radio, recibiendo volantes de la calle, viendo los espectaculares, avanzando en el tráfico… a los no-lugares, como a mí, les gusta la velocidad.
Existen gracias a ella, a la velocidad, son una respuesta que pedimos a gritos. Y ellos también gritan y escriben y nos hablan por medio del único lenguaje que pueden manejar con maestría: la publicidad. Y cabe resaltar que en esta, la mujer sigue siendo un objeto para vender, y la figura masculina una invitación a identificarse. Así que por más sobremoderna que sea nuestra época, sigue siendo tristemente machista. Tal vez más que nunca.
¿A quién sirven los no-lugares?
A todo esto, los no-lugares parecieran estar ahí a nuestro servicio, pero el punto interesante es cómo nos tratan estos espacios. Si, a las personas, o individuos mejor dicho, estos grandes y amables seres sin corazón nos ofrecen una especie de contrato solitario en el cual el individuo presenta documentos que prueban su identidad e inocencia tales como pasaporte, tarjeta de crédito, boleto de autobús, etc. y recibe a cambio derecho al anonimato durante el resto de su estadía en el no-lugar.
Esto es un engaño. No es anónimo porque seguramente está siendo captado por cámaras de seguridad, y encima está siendo tratado como un objeto que compra, un objeto del cual se obtiene dinero. Los no-lugares son el paraíso confortable del consumidor perfecto.
Los empleados son máquinas al servicio del cliente desde el momento en que deben, como robots que encienden una grabadora, repetir frases textuales con todo el desánimo del mundo, sin mirar a los ojos. “¿Encontró todo lo que buscaba?”. Y si buscaba algo que no encontré, ¿piensa que voy a esperar que llame a alguien para que vaya a encontrarlo?
Sin embargo, junto con esta falsa cálidez, los no-lugares crean cierta sensación de soledad entre la multitud y de similitud entre todas las personas que ahí se encuentran.
Si por algo no me queda otra opción que entrar al súper, estoy sola porque voy a lo que voy, y en ese sentido soy igual a todos los que van a lo mismo: seguimos el código, entendemos todas las frases impersonales que nos dicen, como “gracias por su compra”. Ahí no viene al caso lo que me pasó ayer, ni lo que tengo que hacer mañana, porque me estoy moviendo rápido, estoy haciendo algo. Me siento muy libre al no ser nadie en específico y pasar desapercibida.
También existe un lado oscuro, pues al ser como son esos “lugares”, representan exactamente lo contrario de los ideales que persiguen los revolucionarios y los idealistas, como el nacionalismo, el respeto a la identidad y el cierre a la globalización. Es por eso que son el blanco perfecto para los atentados de los terroristas: edificios corporativos, estaciones de tren, aviones, coches bomba.
Buenos o malos, los no-lugares son una marca de nuestra época, la época de la sobremodernidad, la sobrepoblación y del cocooning1: hora de replegarse sobre sí mismo.
Nunca he estado tan sola como cuando estoy entre los demás
¿Para qué salir de mi casa si aquí lo tengo todo? ¿Salir a rentar una película? La busco en internet. ¿Hambre? Pediré una pizza. ¿Necesito decirle algo a alguien? Messenger, mail, teléfono celular… qué se yo. ¿Porqué abandonar la comodidad de mi hábitat en el que tanto me entiendo? Y si tengo que hacerlo, que sea rápido, que me pierda entre la multitud y la velocidad y el vacío; y que sienta que soy cada vez más gris. A mí qué me importa si salgo en pants o shorts o pijama… nunca he estado tan sola como cuando estoy entre los demás.
1 Cocooning, es el nombre dado a la tendencia de que el individuo socialice cada vez menos y se vaya retirando a su hogar, que convierte en su fortaleza.











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Interesante el enfoque de los no lugares, los cuales forman parte de nosotros por unos instantes y pocas veces no caemos en la forma que afectan a nuestra vida, como las paradas de transportes publicos, pasa frecuentemente que en nuestra rutina diaria siempre se llega al mismo lugar, hasta un dia que reformaron la avenida o una causa fuera de nuestro control y desaparecen y no se cae en cuenta que si eran importantes para cada uno, pero como frecuentemente les pasa a los no lugares solo caemos en cuenta de ellos cuando ya no estan….
Si los no-lugares tiene parte importante en nuestra existencia ¿no hemos vuelto no-seres?
mas que no-personas de repente como que agarras una media vida (concepto que estoy seguro estoy utilizando mal), pero la recurrencia a no-lugares te aísla y rutiniza tu estilo de vida, sin decisiones, sin conflictos, todo se convierte en un tramite burocrático.
¡¡¡Me encantó el ensayo!!!
no se si tanto asi, pero los antropologos y etnologos como Marc Auge (con acento en la e) hacen un analisis en el que incluso plantean una futura etnologia de la soledad, ya que como dices, vivimos gran parte del tiempo en no lugares donde no es necesario tomar a los demas en cuenta para nada. Quiza se pueda aplicar lo que dices en el sentido de que estamos dejando de ser seres “sociables” (que bueno, tal vez suene exagerado). =]
La primera vez que supe de este concepto, fue en un comic de Warren Ellis llamado Desolation Johnes… Y parte de lo que planteaba el autor a traves del personaje (hablando como base, de la ciudad de Los Angeles) era ese problema de la despersonalizacion causada por la erosión social debida a los no-lugares.
Por otro lado, es interesante observar que incluso algunas plazas comerciales (Plaza Mexico, Gran Plaza…) han sido rediseñadas para convertires en no-lugares, en los que ya no es comodo sentarse, en los que tienes que moverte, y no ha lugar para el dialogo con el extraño.
Buen ensayo.
Si, estoy muy de acuerdo con ustedes. Y no sabia que los comics habian tocado este tema!
Muchas gracias.
El ensayo me encantó… pero creo que despotizas demasiado respecto a las personas… todas ellas son personas, conócelas.
Hay vida mas allá de lo vano.
buen ensayo, pero estoy de acuerdo con Fafahrd, si nos dieramos el tiempo de simplemente darle una sonrisa a un extraño o darle un peso a algien q este pidiendo dinero, creo q ese no-lugar dejaria de serlo, por lo menos en ese especifico momento.
Si, precisamente quise expresar que en los no lugares tienen un papel muy importante la cosificación y la indiferencia, lo cual no creo que sea correcto. Muchas gracias por leerlo y comentar, qué bueno que les gustó.