¿Qué comerías tú?
Recibí un correo sobre uno de esos datos históricos que tanto sirven para pasar el rato: en el sitio de París, en la Guerra franco-prusiana de 1870, que duro cuatro meses, los citadinos, antes de pasar hambre, prefirieron echar mano a cuanto cuadrúpedo había en la ciudad: caballos (en la cultura francesa es mal visto ingerir carne equina), burros, mulas, gatos, perros… y por supuesto ratas. Y ya que Francia es la cuna de la “haute cucine”, o sea eso de preparar lo alimentos con arte y ciencia, creando recetarios, instumentos y cargos especializados, pues algún emprendedor decidió crear “ratas en chapamgne”, toda una aútentica cena de amor.
Un periodista inglés, Thomas Gibson Bowles (fundador de la revista Vanity Fair), dejó para la posteridad una reseña en la que constató como el zoológico de París se convirtió en provedor de ciertos restaurantes de altos vuelos, y en ellos cenó camellos, antílopes, burros y elefantes. Encontró su carne dura y grasa, por lo que no la recomendó.

París se rindió, el gobierno de Francia se había hecho pedazos, su emperador -Napoleón III- había sido capturado, varios ejércitos enviados, derrotados y encerrados en plazas fuertes sin nada que hacer; todo esto abrio el camino para la unificación del Imperio Alemán, que a su vez preparo el camino para la revancha, la segunda vuelta, una auténtica carniceria, la conocemos como Primera Guerra Mundial, en la que miles de soldados en las trincheras convirtieron a las ratas en manjar para la cena. La tuerca dio una vuelta.
La Segunda Guerra Mundial
Ello me trajo a la memoria otro dato histórico y de comida, en la navidad de 1941, con la invasión nazia a Rusia, en el sitio de Leningrado, la mañana de navidad, mil personas murieron. Las autoridades de la ciudad organizaron un escuadrón que se dedicó a buscar productos comestibles por todos lados. En una fábrica encontraron los restos de celulosa (papel) que convirtieron en pasta y una vez preparada esta, en galletas; cocieron los cueros de zapatos, maletínes.
La ciudad estuvo a punto de rendirse, víctima del hambre, pero los soldados rusos lograron abrir una comunicación vía ferrocarril y la ciudad sobrevivió lo suficiente para que la marea de la guerra se volviera contra los nazis, y le devolvieran la crueldad y barbarie a los alemanes de Berlín. Y sí, la tuerca dio otra vuelta.
Canibalismo y otras ideas de postre
Siendo mexicano, he bebido la imagen de los aztecas sacrificando, creo recordar 60 mil, prisioneros en el reventón inaugural de su Templo Mayor. Unos meses atrás vi unos de esos programas del Discovery, de un tipo que se dedica a verificar las viejas leyendas de la Historia. Este tipo fue a un matadero e intento extraer el corazón del cadáver de un puerco, animal muy parecido a nosotros -de hecho se le utiliza para probar ciertas técnicas médicas-, y aún con ayuda no pudo hacerlo rápido. Pensando que un equipo de sacerdotes diestros y muy avezados pudiesen extraer de un humano el corazón en un tiempo de cinco minutos, y pensando que en Tenochtitlán había 22 templos, es imposible que se realizara esa “hazaña”, de sesenta mil corazones en un día. Al parecer todo es una exageración de los crónistas y que nosotros hemos venido repitiendo, como loros sin sentido ni cerebro.
Una de las mejores maneras de imponer al vencido tu cultura y asegurarte de que aceptara tus valores, es convencerlo de que tus practicas son superiores: tu ropa se vuelve símbolo de superioridad; el color de piel, signo de inteligencia; tus armas y educación en colegios y conventos, es muestra de la pobreza e incapacidad de la raza vencida.
Una de las más importantes características que sucedió en la aculturación de la colonia, fue el cambio de hábitos alimenticios, los naturales, obligados a fuer de cabronazos -y en ocasiones a punta de mastínes y lanzas- dejaron de hacer lo que la tradición para realizar lo que les indicaba el cura; como ingerir amaranto, una semilla rica en proteínas.
El ferrocarril a Tsavo
En 1898, durante la construcción de una línea de ferrocarril en Kenia, dos bestias nocturnas, se dedicaron a cazar y alimentarse de los trabajadores en la zona del rio Tsavo.
El ingerio militar y coronel del ferrocaril, John Patterson se obsesionó con ellos, y como suele suceder en las historias de occidentales, no descanso hasta que dio con la cueva de Obscuridad y Fantasma. Una vez muertos los leones, el coronel calculoóque habían devorado algo así como 123 seres humanos -por los huesos encontrados en la leonera-, y según las cifras de la compañía, 24.
Hoy los restos de esa pareja se encuentra en el Museo Field de Chicago, y han servido para toda clase de experimentos científicos, y en uno de ellos se establecio que los felinos padecían problemas dentales, por lo que se aficionaron a la caza fácil. Que el ser humano pase de cazador a presa, es toda una doble vuelta de tuerca.
La Ley, el Orden y la Comida
La comida tiene en sí la Historia de un pueblo y su geografía, su botánica, su zoología. En ella encontramos la riqueza de los pobres -la mayoría de los platos tradicionales y típicos de una región nacen de la combinación los productos despreciados-.
El orden puede ser lógico, cronológico, secuencial, jerárquico; hay ordenes matemáticos, sociales, psicológicos, religiosos. El orden es la base de nuestra vida civilizada.
Pero el orden tiene una función importante, mantiene bajo control al miedo.
Quizá el origen de muchos de nuestros trastornos, cuando el control pasa a ser más importante que la totalidad de la persona no es percibido por uno mismo.
La alimentación esta intimamente relacionada con la nutrición psicológica. Este concepto quizá un atrevimiento de mi parte, creo que la obesidad y su espejo inverso, la anorexia y la bulimia, tienen en el fondo una misma raíz.
El hambre esta íntimamente al instinto de supervivencia, así como la reproducción, el sueño o la territorialidad. La combinación con la cultura ha creado la alta cocina y todas las variantes de la comida gourmet. El hambre o sus poéticas primas: hambre de amor, de pertenencia, de prestigio y reconocimiento han sido los motores de la Historia humana, Historia de la que también nosotros participamos, en algún momento, al igual que otros, hemo sido leones y ratas, sitiados y sitiadores, jurados que matan al enemigo de hambre o muertos de hambre1. Esa es la vuelta que te propongo, ver a la tuerca y el tornillo al mismo tiempo, o aún más, ser ambos al mismo tiempo.
Posdata antes de cenar
¿Qué como yo? de todo, un poco desordenado, tratando de poner frutas y verduras y evitar los azúcares en todas esas presentaciones en las que la disfrazan hoy, queríendo, deseando dejar atrás la pasión enfermiza de mi familia materna por los carbohidratos.
1 una vieja expresión para insultar, pero que en plena época de comida chatarra parece no poseer ningún sentido.










Veo mi querido Rogelio, que no soy el único que se obsesiona por poner algo en el estomago de los lectores, me gusta el articulo, y debo añadir algo a este, tengo una reproducción del menú de 1870, del 25 de diciembre por cierto, y las ratas en champan es digamos de lo más común, creo que me inclino más por el civet de canguro (el civet es un guisado de carne con una salsa muy particular, porque se espesa con sangre), o la confitura de tripas de gato.
En cuanto a la cantidad de sacrificios en la gran parranda mexica, tu eres el experto, pero puedo decir que conozco a un par de tablajeros que pueden sacarle el corazón a un puerco, en minuto y medio, si no tienen que preocuparse por las salpicadas.
Como siempre he dicho, quieres saber como es un pueblo, échale un vistazo a lo que come, y a lo que hay en su bote de basura.
Salud querido amigo.
Bueno, si le calculas unos 2 minutos por chango (iba a decir cristiano pero no aplica), entre lo que le sacan el corazón, lo ofrecen, lo tiran por las escaleras. Nos daría unos 30 por hora, o sea unos 720 al día, por lo que los comentarios mexicas y luego de los españoles, resultan altamente inflados. Aún si supones que los sacrificios se hicieron en los 22 templos de la ciudad, tendías algo así como 15,440, muy lejos de los 60-80 mil que se citan en los textos.
Deberíamos ir a probar lo exquisito de los alimentos de San Juan, o el tianguis…
probablemente también esconden interesantes historias!
hahaha! oye es cierto
googleas ‘cenar’ y esto es lo primero que sale
bien, muy bien?