El día que murio mi nombre

U no de los actos definitivos es recibir el nombre, a través de él se perpetuan tus padres y comienzas a diferenciarte de tu entorno. Tu nombre eres tú, o al menos eso te dicen.

Muchas sectas y organizaciones de magos, cuando reciben un nuevo miembro, lo que hacen es darle un nuevo nombre, uno que vincule al individuo con sus dioses, santos o patronos. Por eso encontramos tantos melchufadeth y amiranta en los cursos de “enseñanzas universales”.

Si cualquiera día pudiera cambiar el nombre, no serviría de nada el seguro social, la credencial del ife, el afore ni los registros de la polícia. Quizá por eso el primer acto de Adán fue nombrar.

“Y puso Adam nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo animal del campo: mas para Adam no se halló ayuda idónea para él”. (Gn.2.20)

Hace unos días, en un curso un psicomago me dijo:  “hay que cambiarse de nombre, cuando compartes el nombre con tu padre, es compartir su destino, así pues, este inicio de año, por circustancias de la vida, estuve a punto de tener que cambiar de nombre, de casa, de ciudad y en esos momentos en los que llega la locura, de país. Fueron dos días con el corazón en el bolsillo, una sensación que te recorre como un gis por los dientes, y aunque no te des cuenta, cargas con muchas más cosas en esas letras de las que puedes imaginar.

Con un nombre recibes edad, escuela, familia, la quincena y las deudas de las tarjetas, detrás de todo ello, como monstruos bajo el puente, el odio de tus ancestros por tal y cual, el lugar en tu familia, la locura del tío, la frigidez de la tía, las muertes sangrientas que pueblan las pesadillas de tu árbol genealógico.

Según el psicobrujo, incluso las letras iniciales representan un papel importante en el hechizo, así que las “A”, las “M”, las “C”, escondena carlos y a camilo; las m,  a las marias, marinas, miriams, actores diferentes que esconden al mismo personaje, uno que actúa una obra de teatro con el guión secreto del árbol genealógico.

También las fechas, si revizas, encontraras una singular recurrencia en torno a los cumpleaños, los aniversarios luctuosos, e incluso, las fechas de concepción tienen una extraña y perturbadora relación. Es como si fueramos un tejido mucho más complejo que unos simple seres de dos patas que caminan, piensan y se reproducen, como si una fuerza invisible nos estuviera moviendo a lo largo del tiempo, de una manera más parecida al juego de la oca de lo que nuestra comprensión racional puede soportar.

¿Puede cambiarte la vida de manera radical si cambias de nombre? No lo sé, pero pronto te lo dire.

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Lector curioso, amigo de las bromas y dueño de un humor rampante y ácido. Coleccionista de anécdotas de ingenio, crimen y locura, que son el ingrediente para el éxito de toda la comedia humana. En sus ratos libres es editor de extravía, responsable de las moscas a las que llamamos acentos y puntos, y padre de cuatro niños.

3 Responses to “El día que murio mi nombre” Subscribe

  1. A.C. Carmaux 15 enero, 2010 at 3:48 pm #

    Ok, Como te llamas ahora, porque de nada sirve que te llames Juan si yo te digo Pedro

  2. arbolrojo 15 enero, 2010 at 6:59 pm #

    de hecho estoy rumiando, en una de esas, me dejo mi seudonimo del correo: grillo salvaje cárdenas ¿que le parece?

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  1. Bitacoras.com - 11 enero, 2010

    Información Bitacoras.com…

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