Adivinar el futuro no es tan sencillo, por ejemplo, en el primer minuto del año yo veía una gran cruda en mi futuro. No era difícil predecirlo, traía ginebra encima y tenía una botella para mi solito. Sin embargo, no desperté crudo.
Las predicciones no existen, pregunten a cualquier meteorólogo. Ellos alegaran que sólo dan tendencias, así que yo digo lo mismo: Hay tendencias en el 2010, pero no predicciones, así que no apuesten la cabellera.
Tal como acabó el año, con la Cumbre Climática de Copenhague diseminando historias de terror, seguirá éste.
El cambio climático es el tema no sólo del 2010, sino de las próximas décadas, conforme el agua nos llegue al cuello… literalmente. Ya se desarrolla una guerra diplomática a raíz de esto, centrada en los compromisos de cada nación por reducir la emisión de “gases invernadero” -aquellos que aceleran el cambio climático, como el CO2-.
El conflicto es que todos quieren que los demás reduzcan sus emisiones contaminantes y pongan dinero para el bien común, pero cada uno se niega, en lo posible, a eso mismo, pues repercutirá en los costos y producción de sus industrias. El resultado de esas «negociaciones» se dará a fin de año, en la cumbre de México.
Del cambio climático se desprenden puntos que ya nos afectan y otros que nos afectarán, la industria ve la tormenta venir.
Como ejemplo, una nueva computadora, teléfono inteligente o netbook da las mismas prestaciones que sus abuelas y más, pero contiene menos contaminantes, usa menos energía e insta a una vida digital -con ahorro de papel y materiales como discos compactos-, todo lo cual reduce el cambio climático.
Claro que esa vida digital incluye más ataques cibernéticos, a celulares o bien a las redes sociales y mensajerías instantáneas.
También se innova en agricultura, con los transgénicos, entre otras cosas. El cambio climático altera tierras de cultivo y lluvias por lo que se requieren plantas que necesiten menos agua y nutrientes para desarrollarse, además de ser mas resistentes al clima y plagas, soluciones que se obtienen con alteraciones genéticas, a pesar de los ecologistas.
La industria del abono es de las grandes generadoras de gases invernadero, por eso mismo se diseñan abonos que se obtienen con poca o nula contaminación o bien el desarrollo de técnicas de cultivo que aprovechan mejor los recursos.
Del lado médico, vencerán muchas patentes, lo que amplía el catálogo de genéricos, sin embargo, ese dinero que dejarán de percibir las farmacéuticas deja de invertirse en nueva investigación, ya se anunciaron los recortes.
Volviendo al clima, éste ampliará el área de acción de insectos que propagan enfermedades, como en mosquito del dengue, así que tendremos más epidemias.
Vivimos la cruda de un siglo de borrachera industrial, aunque llegáramos tarde a la fiesta, ahora la ciencia busca la torta ahogada que nos cure… contrarreloj.










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