Son más de trescientos metros, e incontables los remaches.
Mi padre, un brillante ingeniero, valoró más la obra que yo, dijo que había que tomarle fotos en segmentos para ver los detalles de la estructura toda remachada que según me dijo, fue casi trabajo de romanos, al haber sido construida en 1889.
Las tomé, y en una de las fotos sale algo que podría pasar por un ovni… no es broma.
Le dicen torre por alta, yo no sé bien cómo llamarla. Para mí las torres son como las de los campanarios, como la de Pisa, las de Chicago, las Petronas… construcciones en mayor o menor medida habitables. Pero esto, esto es un monumento al paso, a la circulación vertical. Más que una torre es un desafío a la estabilidad, una estructura que alberga escaleras y elevadores y alguna que otra cosa más, pero siempre tan desnuda que se puede ver a través de ella.
Pintura marrón que a lo lejos es negra, hierro colado que de noche se vuelve luz, que en las fiestas explota y celebra. Y puede uno sentir que corre por sus metálicas venas, que sube hasta el tope del ego y del absurdo. Habiendo miles de restaurantes ¿por qué cenar en ese, suspendido en la historia de la ingeniería? Habiendo miles de miradores ¿por qué elegir ese, tan caprichoso y ligero? ¿Por el cliché? No tanto como por la magia, por la obstinación que una vez volcada en la realidad, resulta maravillosa.
Eso sólo se logra cuando lo efímero se vuelve hito mundial y es obligado a quedarse como historia, como ícono, como titánica ancla urbana. Entonces es replicado en otras partes del mundo, como el eco de las olas que mueve la trascendencia.

- ” Exposition universelle. Paris 1889. ND phot. La tour Eiffel. Ascenseur Roux, Combaluzier et Lepape “
A diario la invaden hormigueros furiosos a los que da acogida entre sus huecos más grandes.
Se le tiene lástima a los muros por todas las historias que cargan y que no pueden contar, pero yo no quiero imaginarme cuántas cosas no sabe esa mole de metal que si un día empezara a hablar, se vendría abajo abatida por los ecos de las risas, los gritos y los latidos.
Por eso mejor se queda callada y firme, esperando paciente que venga una catástrofe y la deje sólo en leyenda, como pasa con las grandes obras de la humanidad.
Está en fotografías de los obreros remachando retos, en cuadros narrando la eterna historia de la reencarnación de la torre de Babel, que a través de los años se colapsa y renace en otros mundos y en otros tiempos y en otras manos, pero siempre obedeciendo el mismo deseo soberbio y humano de llegar un centímetro más alto, de estar un milímetro más cerca del cielo.
¡Qué barbaridad!, me hubiera podido quedar ahí observándola toda mi vida, tan escultórica, tan hueca, tan elegantemente fría. Es como un espejo empañado donde cada quien ve una silueta de sí mismo. Arcos, triángulos, qué más da. Evoca amor como evocar cualquier cosa.
Le dicen torre por alta… para mí es un enjambre escultórico que atrae a terrestres y extraterrestres.








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Me encantó el ensayo… búscate “¿Quien teme al Bauhaus feroz” de Tom Wolfe, no recuerdo que mencione a la torre Eiffel, como no sea de pasada, pero muy probablemente te gustará ése recuento de la historia de la arquitectura en el siglo XX.
No sé, leyéndote recordé el libro.
Muchas gracias =] suena muy interesante el titulo. Lo buscare.
Es gracioso, mis amigos parisinos odian la torre, dicen que la mejor vista de Paris es desde ahí… precisamente porque no se ve
Pero muy bueno el artículo, transmites muy bien la gama de sentimientos que la estructura provoca!
Muchas gracias =]
me gusto mucho el articulo, transmite emocion y hasta me dan ganas de volver a visitar la “escultura metalica” en Paris