Berta es una niña extraña, con grandes ojos y piel pálida, no parece de este mundo.
A veces camina distraída por la calle, parece que se mueve entre nubes como con temor a pisar algo y romperlo, otras, anda tropezando con todo, hasta con sus propios pies.
A menudo la encontramos llorando en un rincón, con las manos tan pegadas a la cara, que tenemos que hacer grandes esfuerzos para quitárselas de allí y luego no nos dice nada.
Una vecina comentó que la mamá de Berta la lleva al psiquiatra, el papá no quiere saber que pasa, dice que lo único que Berta tiene es un exceso de imaginación y que si no estuviera tan grande, se lo quitaba a nalgadas.
Yo creo que Berta ve algo (no me pregunten qué) algo que antes del accidente no veía, que la asusta y la tiene al borde del ataque todos los días… me pregunto como serán sus noches.
Una vez a solas y después de jurarle por media hora que no me reiría de ella, me platicó de los seres de pesadilla que la acosan, los llamó bestias, con ojillos maliciosos y agudas garras, algunos se parecían a los duendes malos de los cuentos de hadas : orcos, vampiros y sabandijas… que ella los veía pero nadie más, y que estaban enojados hasta la furia, porque no podían dañarla; le jugaban bromas pesadas, abrían hoyos en el suelo, donde al pisar no había nada, la atacaban con espadas emboscándola, dejaban caer cosas sobre su cabeza y ella se moría del susto y lloraba.
No supe que decirle, solo le di palmaditas en la espalda.
Han pasado dos semanas desde aquello, vi a Berta ayer en el patio de la escuela, corrió hacia mi en cuanto me miró, sonreía e irradiaba felicidad, pero la note extraña, casi transparente con grandes ojeras bajo sus grandes ojos, me contó que había encontrado un refugio en el jardín de su casa, que ojalá pudiera verlo, porque allí, había un bosque y en el, muchas cosas encantadas y hermosas criaturas: elfos los llamó y las bestias nunca entraban.
Los elfos le hablan con voces dulces pero ella no les entiende nada, solo sabe que esas voces suenan preocupadas y cuando se mueven a su alrededor casi siente sus roces y el aroma de pino y hierba fresca que los acompaña. Esa nueva sensibilidad sin embargo, se ha vuelto también peligrosa y me muestra su brazo arañado de un ataque reciente y entonces se queda callada, mira al vacío y se levanta, murmura algo referente a su casa y se marcha a la carrera como huyendo de alguien… no puedo ayudarla.
El otro día vinieron policías a la escuela, hicieron muchas preguntas sobre Berta, su mamá dice que se escapó de casa, en el periódico apareció su foto, abajo dice que «sufre de sus facultades mentales» y que puede estar vagando confundida por la ciudad.
Yo creo que no ha salido de su hogar, me gusta pensar que por fin encontró la paz en ese bosque suyo que es a la vez jardín trasero, me gusta pensar eso, porque la otra posibilidad que es aterradora, me entristece.











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