Un árbol viejo y seco

Un árbol viejo y secoUn árbol viejo y secoUn árbol viejo y secoUn árbol viejo y seco

A quí estoy, mi mirada distingue cientos de árboles alrededor, sólo uno me interesa. Refleja mi pasado, ése al que un día prometí regresar, al abrazo de su sombra. Me contempla.

Ahí, imponente como sólo los árboles.

Y yo, impotente, como todos alguna vez en nuestra vida.

No puedo sacarlo de mi mente. Me intimida. Años ha desde nuestro primer encuentro, innumerables combates contra mí mismo. Me he envuelto en mi propia desesperación, en mi incapacidad,  no cambio aquello que me hace daño. Me atormento quitándome el sueño en la noche.

Un árbol seco, en cuyas ramas se ve rostros desconocidos, creadados por el azar ciego y sincero de mi locura, o quizá por otra mano.

Hace frío, mucho frío, las nubes en el cielo cubren el sol indicando nieve. No importa, sólo él y yo, en esta lucha, peleando por el control de mi destino, un destino que él quiere controlar.

De pronto, me sumerjo en los recuerdos mi niñez, un niño inquieto corriendo alrededor de él, jugando y riendo, hace ya muchos años que no juego y río.

Ya no soy él que solía ser.

Como si hubieran pasado mil años, me veo observando como la lluvia empaña el rostro y como el río se lleva a quienes amo, el río del tiempo que todo lo lleva y nada lo deja.

Los años pasan rápido y sus estaciones nos van transformando, al igual que los árboles cambian sus hojas y nosotros nos hacemos más viejos. A diferencia de ellos, nos olvidamos nuestras raíces y se nos hace difícil retoñar.

Mi vida no ha sido fácil, y el árbol lo sabe, sabe en que punto exacto sufro.

Me siento triste, al ver al niño corriendo y no puedo recuperar esa inocencia y felicidad, como si nunca hubiesen sido mías.

De pronto, todos mis Herodes aparecen, me impiden ser quien debo ser, los miedos a fallar y a fallarle a los demás; todos mis seres amados alejándose de mi vida por mi falta de tiempo.

Soy fácil de herir, no olvido a quienes he amado u odiado alguna vez.

El futuro no es claro, ese es mi mayor temor. El miedo que le tengo a mi destino no me deja dormir, si algo le pido a Dios, al universo, a lo desconocido, cada noche encontrar el camino.

Como en un sueño me veo en una batalla que no termina: el niño se va y veo al adolescente que alguna vez fui,  recorriendo las pasillos de la escuela mientras sufría burlas, rechazado por los demás estudiantes; recuerdo el pizarrón lleno de fórmulas que no entendía, y siento que esos garabatos eran la fórmula que me permitía realizar la operación matemática que era mi vida.

Un sudor me recorre; no encuentro la solución. De pronto todo se obscureció y tres hombres viejos se postraron frente a mí, yo era cada uno de ellos, los tres  eran mi posibles futuros. No quería a ninguno. Una luz sencilla, que crecío como una flor acabo con la obscuridad y por instántes quedé encandilado.

Volví a ver al árbol, el sol me cegaba. En la rama más alta estaba una figura, una mujer, tenía mi edad, me extendió su mano, supuse que me invitando a subir. Cuando llegué junto a ella la mire, sus ojos verdes me hicieron perderme en su profundidad. No me hablamos, no era necesario, su lenguaje silente lo decía todo; reflejó compañía en mis horas dolorosas, en ese momento sentí que me bebía la vida.

Yo había, a veces, plantado amor entre las personas, y en esos momentos podía tomar los frutos y saborear los olores. Al igual que las ramas del árbol son perfectamente imperfectas, -creciendo en un orden que nace del azar-, también lo es mi vida, y que soy quien soy, único e irrepetible, y que no hay fuerza exterior que pueda obligarme a cambiar el camino que debo seguir.

Eso fue lo que le pregunte a la joven: “¿cuál es mi camino?, ¿qué es lo que debo hacer para encontrarlo?”, la joven sonrío y señalo una rama en el árbol, cuando me acerque, leí tallado en ella: “VALELIAS”.

*           *           *          *          *           *           *          *          *           *           *          *          *

Este cuento es parte de una carta que le escribí a una amiga por su cumpleaños, amiga con la cual he vivido muchas cosas y espero, más. Para quien crea que la amistad entre hombre y mujer no existe, debería preguntárselo y preguntárnoslo.

Ojala les haya gustado, es muy significativo para mi, ya que refleja mucho de lo que es y fue mi vida, tal vez entiendan mucho mejor que yo el énfasis que tiene, o debería tener, la amistad en nuestra vida. Todo el mundo es capaz de hacer lo que sea por un amigo, bendición incomparable. Gracias y vale…

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No soy un sabio, soy un enamorado de la vida... mi pasion es la historia, la filosofia y la teologia, pero sobre todo el hombre y la vida misma.

5 Responses to “Un árbol viejo y seco” Subscribe

  1. Adolfo Tavizón 13 febrero, 2010 at 3:31 am #

    ¿valelias?

    • elahas 13 febrero, 2010 at 11:31 am #

      si jajaja, mi amiga se llama valeria yo elias, entonces el arbol era muy pequeño y duro como para talla completo: “valeria elias”
      asi q hicimos como una conbinacion de nuestros nombres: valelias jaja

  2. vale:) 15 febrero, 2010 at 7:47 pm #

    awwwwwwwww!! hahaha
    al fin la leo aquí! :D
    grax x todo tonto!! sabes q t qiero un ch :)
    y q aqí staré siempre p/ todo, aunq no m peles xDDD
    ntc :)
    y conste q me costó un huevo tallar eso!! D:
    xDD

  3. Adolfo Tavizón 16 febrero, 2010 at 1:51 am #

    eso ultimo fue T I E R N O !!!!! me voy a dormir con buen sabor de boca

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  1. Bitacoras.com - 12 febrero, 2010

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Aquí estoy, mi mirada distinge cientos de árboles alrededor, sólo uno me interesa. Refleja mi pasado, ése al que un día prometí regresar, al abrazo de su sombra. Me contempla. Ahí, imponente como sólo los árboles. Y yo, impot…..

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