A Fafahrd, porque sin dos puntos de vista no hay perspectiva.
Era el verano del 2003. Visitaba a unos amigos en el DF cuando encontré a Vera en el messenger. En esos momentos ella hacía su servicio social en una comunidad indígena en la Huasteca Hidalguense. “¿Por qué no me vienes a visitar?” Eran vacaciones de verano y lo último que quería era regresar a Guadalajara. “¡Va que va!” “Bien, toma un camión a Huejutla, de ahí una camionetita a la comunidad. Las camionetitas salen junto al puente, la comunidad se llama Ixtláhuac 2″. Con 22 años se te hace fácil seguir ese tipo de instrucciones. No contaba con que Huejutla tiene más de 100,000 habitantes y no sé cuántos puentes. De chiripa y preguntando di con la camioneta de redilas que pasaba por Ixtláhuac 2. Alcancé a tomar la última del día. En la camioneta había dos clases de pasajeros: indígenas cargando unos machetes gigantes y hablando náhuatl entre ellos y yo tratando de disimular el miedo. La camioneta tomó rumbo sierra adentro, empezaba a oscurecer.
Llegué a una comunidad de casitas dispuestas al azar y en desniveles, callejones y uno que otro foco. Había un grupo de niños jugando junto al camino. “¿Tú eres la amiga de Vera y Ara?” “¡Si! ¿Están aquí?” Sí estaban, ¡qué alivio! “¿Cómo te llamas?” “Tatiana” “¿Y cómo se llama tu papá?” La pregunta me hizo gracia. Un niño me guió hasta donde estaban mis amigas, los demás, timidísimos, me seguían a la distancia y, regalándome uno de los momentos más raros de mi vida, desde la oscuridad susurraban mi nombre.
Vera y Ara, comunicólogas, algo trataban de hacer con una estación de radio para que les dieran espacio a las comunidades locales, pero también se habían dado cuenta de la tristísima realidad escolar que estos niños enfrentaban. Ellas tenían que pasar el verano completo en la comunidad y para cuando yo llegué faltaban tres semanas para que terminara su estancia.
En los siguientes días me fui adaptando a la vida ahí. Las casas no tenían vidrios en las ventanas ni se podían cerrar completamente. Afortunadamente los niños estaban muy familiarizados con los escorpiones negros y los sacaban con la mano cada vez que se los pedíamos. No había agua corriente. Teníamos que caminar hasta el río y bañarnos a jicarazos. Las familias de la comunidad se turnaban para compartirnos de sus tortillas y sus frijoles. En vez de agua fresca tomaban café frío con muchísima azúcar. Sabes que estás viendo la pobreza a los ojos cuando te das cuenta que de cumpleaños regalan coca colas.
Nosotras a cambio de la manutención, tratábamos de poner a los chavitos al corriente con la escuela. Encontré niños de tercero de primaria que no podían leer. Conocí a una chiquita súper lista que ya en segundo podía hacer las divisiones más difíciles. Me dio mucha pena, la posibilidad de que aproveche su inteligencia en el futuro es bastante escasa. Las comunidades en la sierra están muy distanciadas, sólo se tiene un maestro por escuela que es el responsable de los seis años de primaria y todas las materias simultáneamente. En las buenas semanas dan clases de lunes a jueves.
Los adolescentes de la sierra tienen que pagar la camionetita y desplazarse horas para ir a la telesecundaria, como si los resultados que de ésta obtienen valieran la pena. Una chica me pidió que le ayudara con sus extraordinarios de física, química y biología. Después de repasar las vocales, las sumas y las restas un poco de ciencia es un placer.
Revisé sus exámenes. Los extraordinarios constaban de diez preguntas de opción múltiple. Las respuestas ya estaban incluídas y ella simplemente tenía que memorizarlas. La primera pregunta del examen de química era sobre los instrumentos de laboratorio, había que señalar el grupo correcto. ¿Sabes lo que es un vaso de precipitado? No, la chica nunca había entrado en un laboratorio. Caja de Petri, mechero y tubo de ensayo eran cosas tan ajenas a su vida como el internet a mi abuelita. Pero bueno, estamos en la sierra, así que mejor empezar por el examen de biología. La primera pregunta era quién fue el padre de la genética. “¿Sabes quién fue Gregorio Mendel?” “No” “¿Sabes lo que es la genética?” “No” “¿Sabes lo que son los genes?” “No” “¿Las células?” “No”. Ese día casi me derrumbo.
Llegó el fin de semana y mis amigas querían ir a Huejutla. Yo también daba mi reino por una ensalada y checar mis correos. A parte el presidente municipal y el jefe de la policía nos habían invitado a una fiesta. Prepotentes como pocos, mandaban a los polis a comprar cigarros si se nos ocurría mencionar que queríamos uno. Así fue como me tocó compartir una fiesta con José Alfredo San Román Duval, en ese entonces presidente municipal y hoy prófugo de la justicia. Este cuate es el descaro en persona. Al tiempo que tenía comunidades en el municipio sin siquiera agua potable, el vato se subió el salario 380%. Se embolzaba a plena luz del día 145,800 pesos mensuales, sueldo incluso superior al del gobernador. No sé por qué lo persiguen pero pocas cosas me extrañarían. No sé si fue bueno para la integridad de mi persona que en aquel momento ignorara todos estos datos.
En la fiesta también hablé un poco con el jefe de la policía. Que Ara y Vera hicieran su servicio social lo entendía, pero que yo estuviera ahí voluntariamente no. Le conté que ese verano se me había frustrado un viaje a Europa y no quería pasarlo entero en Guadalajara. “¿Y como cuánto necesitas para el viaje?” “Pues como 50,000 pesos.” “Yo te los doy.” “Simón/jarabe de pico/seguro que ni es su dinero/¿y qué querrá este buey a cambio? (pregunta retórica)” Pensé. “¡Hombre, cuánta generosidad! Muchas gracias, pero no. Ya iré después”.
De vuelta a la comunidad todo se me hacía tan extraño. ¿De qué vivían esas personas? Sembraban palmilla, una planta que contiene algo necesario para hacer pegamentos y pinturas. Algo así me acuerdo. Lo que no se me olvida es que el que les compraba la palmilla era un coyote que hacía lo que quería con los precios. Que les llamaba y les decía que en dos días iba a pasar a comprarles cierta cantidad. Entonces la comunidad cortaba y preparaba la palmilla. El coyote no siempre iba a recogerla y los indígenas veían como se secaba lo que les había costado semanas de trabajo.
En esas tres semanas pasaron más cosas, pero he compartido aquí lo más representativo. En Ixtláhuac2 conocí el significado de las palabras abandono e injusticia, aunque todavía no me resigno a probar lo que significa la desesperanza. Desde entonces un subsistema de mi cabeza no ha parado de darle vueltas al asunto, aunque me temo que en los seis años que van no ha encontrado ninguna solución razonable.










El placer de leer en primer puesto las ideas que llegan, me hace sentir un poco culpable (en realidad no), tus líneas me hacen sentir un culpable (este sí), por lo poco que he dado a los otros.
En cuanto al presidente municipal, no me extraña, es un raro sistema, pero donde hay mayor pobreza, el despilfarro suele ser algo así como la inversa proporcional. Un círculo maldito. Quizá el cambio sustancial es el de la conciencia, el que produce la educación, aunque no esa que te dan en las escuelas, no por lo menos la que hay hoy allí. En unas rancherías que conozco el profesor, suele llegar el marte y apurarse para bajar al pueblo el jueves, y a veces “tiene” junta de quiensabequé y solo esta 2 días de 5 que se supone trabaja.
Además de que los lugareños se burlan de él porque al terminar su horario se encierra en un cuartito de madera de unos 2 x3 !en pleno cerro¡
PD yo siempre escribo Bato y no vato, pero como es un modismo, lo dejamos a tu gusto. Además así parece que es un vate.
Sí, yo también me siento culpable de hacer tan poco, pero por otro lado hacerme conciente de mis limitaciones ha sido parte del proceso.
Bato, vato, no tengo idea, lo cambio?
@Fafahrd: la dedicatoria es un agradecimiento.
es Vato, es una contracción de “chivato”, utilizado por los pachucos para hablar de un soplón, la palabra comenzó a utilisarse por ahi de los 40s
Wow, con origen, referencia temporal, raíz etimológica y todo!
Muchas gracias Adolfo!
todo el merito es de la wikipedia
Hasta que no leí este comment ni cuenta me había dado de la dedicatoria, Thanx! Muy adecuada
Me acuerdo de ése verano, me contaste algunas de estas cosas, pero no con tanto detalle como narras aquí.
Yo también toy de acuerdo con que hay mucho que mejorar, pero es bueno evitar generalizar. Esta gente que señalas necesita apoyo, pero no todos los grupos indígenas lo necesitan.
Hay que establecer las realidades y hacer lo mejor que se pueda en consecuencia.
Sí, hombre, si me sacas otros dos artículos al hilo te voy a nombrar oficialmente mi muso, jajajaja!!!
Creo que hay que distinguir varias cosas… la primera es a qué llamamos apoyo. Como lo mencioné en “el valor de lo viejo”, los apoyos económicos así, nada más para limpiar conciencias sirven lo que te dura la torta que te comiste en la panza, pero no van más allá ni cambian la estructura.
También depende de con qué vara estás midiendo una comunidad. Habría que definir entonces hasta dónde vamos a estar contentos. Todos comen bien? Tienen una clínica decente? El camino para llegar a la clínica está decente? Los niños están al corriente con la escuela? Aprenden lo que se supone que tienen que aprender? A los adultos se les paga lo justo por su trabajo? Qué tal el sistema de justicia? Tienen traductores a su lengua materna? Tiene continuidad las demandas que ponen? Tienen un abogado que los defienda en caso de que sean demandados? Qué injerencia tienen en la política local? Estatal? Nacional?
No sé a qué llamas tú necesitar apoyo, pero desde lo que yo llamo necesitar apoyo, sí cabe generalizar y decir que los indígenas lo necesitan.
De hecho necesitan apoyo justo en los puntos que mencionas, el chiste, justamente, es que ellos puedan tener las mismas opciones en su crecimiento personal que cualquier otro mexicano -y que sean de calidad para todos-.
En ése sentido tengo entendido que se ha avanzado en Chiapas, donde se han dado hasta tranzas, -una amiga doctora fue victima de una con tal de que hubiera médicos residentes por allá-, con tal de mejorar la situación. Los lacandones no están nada mal tampoco, pues cobran tarifa por entrar a ver las ruinas en su territorio.
Como sea, es un problema terriblemente complejo. Para poder ofrecer igualdad a todos los mexicanos se requiere de capital y estabilidad financiera, para conseguir eso dependemos de la labor de cada mexicano -impuestos, por ejemplo-, la labor burocrática en todos sus aspectos y del desarrollo económico internacional del país. En resumen, ser primer mundo.
Si, de acuerdo contigo, se necesitan recursos, pero no se puede empezar de ningún otro lugar más que de dónde se está. Mi opinión personal es la apuesta por la educación. O seas, aunque no hay muchísimo, como dicen en inglés let’s make the best of it. La competencia de quién es la mano de obra más barata ni la ganamos ni creo que la queramos ganar, verdad?
A Corea del Sur la inversión en la educación sacó del hoyo, por ejemplo. Imagínate qué maravilla sería tener comunidades donde el abogado, el maestro y el doctor son parte de la misma.
Lástima que tengamos una Elba Esther desvirtuando a los sindicatos y miles maestros que cobran por picarse el ombligo.
De todos modos en nuestro pequeño campito de acción podemos, por ejemplo, convertirnos en consumidores de productos certificados de comercio justo. Sí, quizá son un poco más caros, pero bajarle unos pesos a nuestro nivel de vida no es tan dramático si piensas que todos estamos en el mismo barco y el bienestar de mi vecino es parte de mi bienestar. Como dice Árbolesrojos: “Aceptar en mi vida y mi quehacer que lo que no le doy a los otros, no lo recibo yo, y lo que le doy a los demás, yo lo recibo”.
Ay, Árbolesrojos! Hablando de educación y conciencia… creo que cuando la primera es buena, la segunda tiene más de la mitad del problema resuelto. No sé, en este momento estoy pensando en una cita budista que dice “el remedio para la estupidez es entender el surgimiento dependiente”.
Toy de acuerdo con la apuesta por la educación… y en cuanto a educación y conciencia, el chiste es que también enseñen bien civismo, materia que habían eliminado y volvieron a meter en el programa.
Respecto a lo que dices de la Gordillo y los sindicatos… precisamente por la corrupción sindical es que había maestros rascándose el ombligo, vendiendo o comprando su plaza e incluso heredándola.
El problema con los sindicatos es poder regularlos, en México se salieron de lo real… Los empleados de Luz y Fuerza del centro tenían derecho a un caballo de calidad, y su manutención al 100%, todo pagado por el gobierno.
Siete años después…
http://www.informador.com.mx/jalisco/2010/220229/6/asesinan-a-estudiante-del-iteso-en-hidalgo.htm
No puede ser. Pobre chavo.