Q ué mejor pretexto que las tachas para pensar sobre la percepción de la realidad, ¿no?
Todos estamos seguros de lo que vemos, y de que lo que vemos es como lo vemos. La realidad es lo que percibimos, se corresponden mutuamente. Y no hay razones para dudar de que la cosa sea así o de otra manera.
A primera vista, no hay razones para dudar de que lo que percibimos es coherente con la realidad. Incluso otros animales, que tienen otros sentidos (el sonar del murciélago o la piel hipersensible del delfín) deben de percibir la misma realidad, y no hay otra cosa que percibir.
Pero, a más de alguno de nosotros, le ha ocurrido que sueña algo tan real, tan vívido, que por momentos duda de si es real o sueño, e inversamente, después de dormir profundamente, hay veces que uno despierta y duda de si está despierto o sigue dormido. Dudas como estas llevaron a Renato Descartes a preguntarse: ¿Qué pasaría si todo lo que percibo es falso? Dado que todo lo que conozco, lo percibo a través de los sentidos, no hay una manera alternativa de verificar lo que perciben los sentidos. Bien podría ser que en realidad, todo lo que percibo sea creado por un demonio malévolo que tiene mi alma encerrada en el infierno. O, si quieren el mismo argumento en una forma más actualizada, bien podría ser que mi cerebro esté enchufado a una realidad virtual y todo lo que percibo sea creado por maquinas malévolas.
El cuestionamiento de la coherencia entre realidad y percepción se vuelve más fuerte si pensamos en los estados alterados de percepción que podemos alcanzar mientras estamos en vigilia. Los diabéticos experimentamos algunos estados alterados cuando estamos hipoglucémicos, por ejemplo. Por otro lado, el consumo de substancias psicotrópicas (pensemos desde el café hasta el alcohol, desde el peyote hasta el éxtasis) nos permite experimentar alteraciones en nuestras maneras de percibir la realidad. E incluso cosas tan sencillas como modificar nuestro ritmo respiratorio, nos permiten modificar nuestra percepción. Y podemos modificar la percepción sin modificar la realidad.
La posibilidad de alterar químicamente nuestra percepción indica que la percepción no es necesariamente coherente con la realidad. Que no hay una correspondencia directa entre nuestra percepción y la realidad. Nuestra percepción no es la realidad.
Lo que percibimos no es la realidad, y la realidad no es necesariamente como la percibimos.
Estas dos afirmaciones pueden hacer a muchos saltar de sus asientos, pero se pueden sustentar.
Sabemos, por ejemplo, que la superficie de la mesa, o del teclado de tu computadora, nos parece lisa a la vista, e incluso al tacto, pero que si la vemos con microscopio, será rugosa. Sabemos que en realidad, la superficie lisa del teclado está compuesta por moléculas que crean superficies irregulares, pero que nuestro tacto no alcanza a detectar esas irregularidades.
Por lo tanto, nuestros sentidos no registran toda la realidad.
La información que llega al cerebro es filtrada y estructurada, para ser presentada a nuestra consciencia. Lo que tu consciencia registra no es el feed directo de los sentidos, sino que ha sido procesado para la interpretación. El cerebro crea el entorno perceptual que estas registrando en estos momentos.
¿Y porqué percibimos lo que percibimos, y no percibimos lo que no percibimos? ¿Por qué lo percibimos como lo percibimos y no de otra manera?
Dennett afirma que es un proceso de estructuración neuronal generada por la evolución. El rojo nos activa, porque es el color de la sangre. El azul nos calma, porque es el color del cielo. Los colores brillantes nos llaman la atención, porque son los de las frutas maduras. Y ninguno de esos colores son reales, los colores no existen en la realidad, lo que existe es una composición química que genera un rebote de luz en una frecuencia de onda especifica, que nuestro cerebro interpreta como color.
Tom Nagel pregunta ¿Que se siente ser un murciélago? (What is it like to be a bat?) Dennett responde que muy probablemente un murciélago “ve” con su sonar lo que se acerca en rojo, lo que se aleja en azul. Como mencionaba en el artículo sobre fractálica, la realidad no es tan creativa, no tiene esa posibilidad. La evolución tiende a ser concurrente. Y muy probablemente las configuraciones neurales y los procesos de interpretación subjetiva en los diferentes mamíferos superiores son relativamente paralelos.
Pero, ¿y si no sólo percibimos esta realidad? ¿Y si cuándo nuestra percepción se distorsiona, percibimos otras realidades? Pregunta para el siguiente ensayo










Me gusta muchiiisimo este tema y lo sabes. propones acaso que las drogas son un camino para percibir la realidad de otra forma?? (cara de enojo) seguiriamos percibiendola con los sentidos, no?
La forma filosóficamente estricta de responder a la pregunta sería:
las drogas psicotrópicas no alteran lo que los sentidos perciben, sino que alteran la simulacion de la realidad que está siendo generada por el cerebro en base a la percepcion de los sentidos.
Habría que agregar que las drogas psicotrópicas no son la única manera de lograr esas alteraciones, que prácticas como ciertos tipos de meditacion pueden lograr efectos equivalentes de manera más (auto) controlada.
Aunque en el siguiente artículo de esta serie voy a explorar una opcion con la cual no estoy de acuerdo, que afirmaría que en realidad podemos percibir distintas realidades…
Mmmh, eso de la realidad yo lo capto como daltónico… de entrada… si a mi me enseñaron que X color es rojo desde que naci, aunque para el resto de la gente ese tono pudiera ser verde… ¿Como se que yo veo otro color?
De ahi en mas… hay formas de determinar una realidad mediante la comunicación, aunque no pasara de ser una alucinación colectiva, la sensacion de realidad o la certeza incluso de realidad para un grupo, lo hace real.