Altivez

Arturo De la Sota nos cuenta las delicias, dolores, verdades y vicisitudes de su altivez

N ada me divierte como la altivez.

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Me río.

Bato mis mandíbulas en un desaire

Espero.

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Propios y extraños me repudian

Mientras las palabras amables se retiran del cuadrilátero

Solo quedan los puños

Mis puños que abaten al enemigo.

Nadie puede culparme porque nadie es mi igual

Participo de los argumentos ajenos

Juzgo sin ser juzgado

Apunto los límites en el horizonte, límites que me son extraños

Atisbo en las profundidades del alma de los que me rodean

Nunca de mis semejantes

¿Cuáles semejantes?

Son motas pequeñas, vacuas, ínfimas que revolotean

Apenas pueden ser llamadas almas

Llamémoslas impulsos, pulsiones, deseo

No alma, nunca alma.

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Nada disfruto tanto como la altivez

Es mi columna de llamas

Mi columna de humo

El trono desde el cual veo los devaneos de los mortales

Aegis y Cornucopia

Muralla de barbaros contra chinos

Anfiteatro de mis glorias

Sillón magistral ante el que expone su tesis la humanidad toda

Desdeño la ignorancia con que discurren

Torpes imitaciones sofistas

“Soberbio” me llaman

…………………… “Vano”

………………………………..“Fatuo”

……………………………………………….  “Engreído”

Me arrellano en mi sillón y dejo que continúen alabándome.

Solo queda mi altivez.

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Ante mí, un hombre mendiga

¿Dinero?

¿Oídos?

¿Miradas?

Lo despacharía de inmediato como a un perro

Patearía su costado y le hundiría las costillas por interrumpir mis asuntos

Escupiría en su cara por denigrarse de tal modo.

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¿Pide para alguien más?

(¡Qué fácil es ser caritativo cuando la sangre llama a la sangre!)

Procreadores de degeneración

Heréticos de la Evolución

Pervertidores de su propio material genético.

…Pide para un desconocido…

Para carne que no proviene de la carne materna

La semilla de su padre no tiene parte en esa substancia

Desconocido, lo llama hermano

Ruega, pide, mendiga, limosnea, implora

Las columnas se apagan, las murallas se derrumban

Los escudos se resquebrajan

Llagas atieren mis nalgas

Escupo la ambrosia (deja un sabor amargo en mi boca)

Pide porque no tiene nada más que dar.

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Mi mandíbula sube y baja.

Sin palabras.

Sin risa.

Nada me duele como mi altivez.

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Diabético inconsciente, escritor inconstante y burócrata de ocasión.

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  1. Bitacoras.com - 8 marzo, 2010

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