U na vez más, como en años pasados, su humilde servidora, atendió al pasado Festival Internacional de Cine de la ciudad de Guadalajara -FICG-, que, en este año, celebrara su muy esperada 25ava edición.
Permítanme ilustrar que tan esperada era esta entrega del muy reconocido Mayahuel de plata*… el premio honorario que cada año se entrega a un artista internacional, fue ofrecido a varias celebridades foráneas que de la manera más atenta rechazaron el premio, por lo que el premio fue otorgado durante la inauguración a un muy despistado Matt Dillon, que fue interceptado durante sus vacaciones para entregarle este premio sin darle una oportunidad de decir que no.
Por su puesto, como algunos de ustedes ya saben, el actor -que probablemente recuerden por películas como Crash, alto impacto o Loco por Mary-, olvidó de manera muy deliberada su reconocimiento en la habitación de su hotel. Si este acto fue o no una grosería de su parte es un tema aparte. Sí hubieron, sin embargo, personas mucho más agradecidas por recibir su Mayahuel, personajes como Agnes Varda (documentarista y directora de ficción reconocida inicialmente por su trabajo durante La Nueva Ola francesa de la que ya hemos hablado), quien sonaba muy emocionada por recibir lo que confundió con una palmera plateada.
La organización del festival, como en años anteriores, deja mucho que desear. Sin embargo siendo el vigésimo quinto año de esta entrega “mucho´´ se queda corto. Muchos de los actores que fungieron como presentadores pareciera que es la primera vez que leen un texto frente a alguien, aún cuando sus interpretaciones en los films participantes en el festival te deja pasmado y con las palmas rojas de tanto aplaudir. Y no se a que genio se le ocurre poner tramoya dentro del teatro anfitrión a la apertura y clausura del festival, cuando dicha tramoya impide ver a las personas sentadas en las partes del teatro, lo que ocurre en escena o en las pantallas de esta.
Pero punto y a parte de cómo se presentaron las cosas están las cosas que se presentaron.
Con las cortesías que su humilde servidora recibió por parte de su escuela por ser estudiante de cine pude acudir a dos o tres funciones por día, unas por elección propia, otras impuestas por el boleto -elegido por quien sea que repartió los boletos a los alumnos-. Sin mencionar, además, las funciones gratuitas que se proyectan en diferentes partes de la ciudad.
Tal vez viviendo en otro país diría que “a pesar de que todo lo que vi no era nacional, me gustó mucho´´ pero como todos sabemos en México (por la razón que sea, ese podrá ser tema de conversación para otro artículo) en nuestro país el cine nacional no es el predilecto. Así que diré que, contrario a lo que me ha sucedido en ediciones pasadas del festival, todo lo que vi me gustó, incluyendo todo el cine nacional que tuve al fortuna de ver. Supe de películas que tuvieron pésima crítica, estando en competencia nacional, pero parece ser que los dioses del boletaje me favorecieron mandándome a ver sólo lo bueno de lo que, con suerte, serán las películas mexicanas exhibidas el próximo año.
Entre mis favoritas de este sector les pido que vean: Las buenas hierbas (de María Novaro), y De la infancia (de Carlos Carrera). Debo advertirles, en principio, que si son de esas personas que tienen un prejuicio contra el cine mexicano lo más probable es que no les gusten, por el simple hecho de ser mexicanas, pero eso lo dejo a consideración suya. Además, como pasa con TODAS las películas, el gusto se rompe en géneros y siempre existe la posibilidad de que simplemente no les gusten las películas que a mí, en ese caso lo más probable es que les guste una de las que mencioné y la otra no, ya que entre estás películas existen diferencias enormes de género, ritmo, estilos, etc.
La primera habla de la relación entre una hija y su madre mientras la primera se encarga de la segunda por que aprende que esta tiene principios de alzheimer y decide comenzar a tratarla con las plantas que tanto utilizó su madre durante su vida siendo partidaria de la curación natural.
La segunda trata la violencia intra-familiar en las familias de clase media y baja (en especial baja) mexicanas vista desde el punto de vista de los niños. Esto mezclado con un toque fantástico manifestado por contactos sobrenaturales que tiene uno de los niños y la ávida imaginación de otro de ellos. Estas fueron las mexicanas mejores acabadas que vi, en otras palabras, las mexicanas sin fallas para mí.
Hubieron otras que me agradaron, pero no son las que que agregaría a mi videoteca. La primera, Martín al amanecer, donde me sorprendí al ver que Adal Ramones es creíble en un film serio donde tiene quien le diga que hacer (eso o el director simplemente es muy bueno tratando actores). Además están las co-producciones como Cefalópodo (mexico-española) que siempre da gusto ver.
Los largometrajes de ficción casi siempre van acompañados de cortometrajes, muchas veces mejores que las películas que estas por ver, y que en este año se lucieron. Mi favorito de este año Lupano Leyva, que les urjo a que busquen por cielo mar y tierra para que puedan disfrutar de su ingenioso guión, hermosa fotografía y post-producción llevada al extremo de lo genial.
No puedo hablar del festival sin mencionar los documentales, aunque debo admitir que no vi ni una mínima cantidad de ellos, ya que mis predilecciones me llevaron a las salas de la ficción. Pero me consta, que al igual que las ficciones, se superaron en su mayoría, al año pasado en calidad.
También están las películas extranjeras que uno siempre siente que tiene el PRIVILEGIO de ver, y digo privilegio por que muchas de estas no llegarán, o tardarán años en llegar, a nuestras salas de ver (con las mexicanas es una mezcla de fortuna y divinidad por que lamentablemente muchas de ellas NUNCA llegarán a ser exhibidas para mucho público, si es que vuelven a ser exhibidas).
Esta vez la mayoría de las extranjera que vi fueron españolas, y debo rendir mis respetos la producción de dicho país. Pero debo admitir que la película foránea más de mi gusto fue una que ni es de este año ni estaba en participación de nada. Los niños invisibles (Lisandro Duque), una película colombiana que fue proyectada en la Rambla Cataluña por Andrea Echeverri (vocalista de los Aterciopeldaos) que era la encargada del Hospicio Cabañas durante el festival como parte de su selección para la semana. Esta película del 2001 se ganó mi corazón y de todas las personas presentes en tan fantástica proyección pública.
Como conclusión les recomiendo que busquen algunas de las películas que mencioné, puede que sean de su agrado. Pero además les pido que se tomen algo de tiempo, el próximo año, y atiendan al festival. Les aseguro que no les agradará la organización, les prometo que les desesperará la actitud de cierta parte del público (sigo sorprendida por la gente que va al festival sin saber que hacen ahí), y les creo si me dicen que encontraron otra decena de cosas que les moleste, pero también es muy posible, aunque no 100% seguro, que encuentren una obra que les sorprenda, que vean algo que no esperaban y que, tal vez sólo una vez más después de esa, le den otra oportunidad al cine mexicano o al propio festival.
*Mayahuel de plata. El premio que se entrega en el festival de cien internacional de Guadalajara.









