Eternamente, para siempre

Eternamente, para siempreEternamente, para siempreEternamente, para siempreEternamente, para siempre

C ompartieron mucho; lágrimas, risas, miedos y sueños. Momentos de aprendizaje, se enseñaron el significado de perdonar, de amar, coexistieron en instantes, que solos, hubieran sido imposibles de superar.

A veces con palabras, otras tantas con miradas, supieron conocerse y adentrarse en la vida de el otro, sin apreciar como se merecía, el milagro inexplicable de la amistad.

No saben cómo, llegaron a ésta, la siguiente escena, por cierto, la principal de la historia.

En ¨algun día¨ imposible de recordar, por situaciones sin sentido, dejaron de necesitarse uno a el otro.

No era la primera vez que una historia así pasaba, a lo largo de la vida les habían enseñado que era normal y totalmente superable, buscar razones y lógica a una despedida.

Como si lo que hubieran vivido, fuese el fin de un libro, que en páginas queda, su aventura y compañía parecía haberse disuelto de su corazón y mente.

Esa energía que gastaban en soportarse y expermientar la realidad unidos, se había ido.

Uno de ellos, que siempre había sido más reflexivo pero de menos palabras, se da cuenta sin comprender la locura de decir adios a su mejor amigo. Pero esa conciencia no es suficiente, llora lo que nunca dijo, y ya nunca dirá.

Se enoja, y a la vida quiere culpar.

Derrumabado, cambia y después de un tiempo vuelve a lo diario con más fuerza.

El otro, sencillamente dejó que sucediera; Sí lo extrañó, alguna vez o no, nunca demostró, pero siguió su rumbo, sin mirar atrás.

Olvida la rutina esta historia, pasan días, luego meses que se convierten en años.

Ya los dos tienen vidas nuevas, sueños, ilusiones, que en nada se parecen a los que juntos construyeron, por lo que lucharon, todo eso a lo que se habían aferrado, es sólo una experiencia añeja de su juventud.

De pronto, unos pares de zapatos entre muchos caminantes en la ciudad, desarman a alguien: muchas emociones, y las deja mostrarse como asombro. Mira el rostro, no sabe porqué, pero son demasiados recuerdos, siente algo inexplicable e inmenso, finalmente levanta su cara (algo inusual en su camino al trabajo), unos ojos que dicen era yo tu mejor amigo.

Mira, y está ese viejo extraño acompañado de alguien más, parecería una especie de hermano, reconoce el aroma, que antes ellos dos tenían juntos, es amistad.

Lo entiende totalmente, es su momento para decir lo que de impotencia lloró, sus labios sin pensar dicen: Te extrañe.

Le grita, voltéa anonadado también por la casualidad.

Se abrazan, y por una ráfaga de eso que llaman tiempo, siente su amistad pura y limpia, como había sido, y como siempre será.

Saluda al sustituto, le sonríe tratando de imaginar como será.

Los viejos amigos, se abrazan nuevamente, y satisfechos cada uno, se vuelven a serparar.

Habían dudado, pero en el fondo sabían que su amistad nunca acabaría, y las reglas de concerse, y el ¨destino¨ de despedirse, era mero invento de una errada sociedad.

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soñadora todo el tiempo, sedienta de conocimiento, amante de la razón y el corazón, y muy particularmente de la magia y el misterio que implica el ser un humano...

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