Me pareció muy buen tema el de los siete pecados capitales, en cuanto me lo propusieron comencé a formar en mi cabeza la estructura del ensayo, sonaba interesante, pero para serles sincero, no me sentía cómodo escribiendo de él ¿Sería porque ya estoy harto de solo escuchar malas noticias?, en cada primera plana lo único que se ve es: “mueren tantas personas en balacera”, “asesinan a pequeña niña, se desconoce el culpable” ¿y ahora hablar de pecados?, no gracias, así que se me ocurrió la idea de mejor hablar de sus virtudes opuestas.
Escribiré una seria de ensayos sobre este tema, cada uno con algunas virtudes y pecados, éste es el primero de ellos.
Al igual que sus contrarios, existen siete virtudes fundamentales que el hombre debe de practicar para alcanzar un grado alto de humanidad (no me meteré con grados de religiosidad, porque aunque no seas creyentes estas virtudes te sirven, ya que son universales)
TEMPLANZA
La templanza es la virtud opuesta a la Gula, este pecado se entiende mejor por el apetito desmedido, el comer por comer y el tomar por tomar, solo por placer.
En nuestro tiempo este es uno de los pecados más comunes, por lo que hace a la Templanza una de las virtudes más olvidadas.
¿Alguna vez se han preguntado cuanto alcohol se consume en un sábado normal? no hablo de ninguna festividad, si no de un sábado cualquiera. Quien consiga el dato favor de compartirlo, de seguro a de ser impresionante.
Y ni hablar de la comida, una de las cosas que más me frustra es ir a un restaurante con mis amigos y que nadie se acabe su plato, yo he llegado al punto que mejor no pido nada y con lo que ellos dejan (sobre todo las mujeres y sus disque dietas) yo como triple.
Por ejemplo en las graduaciones de cierta prepa de Guadalajara (Norbert sabe cual es ¿verdad?) se encargan toneladas de pollo y lo que no se consume se puede medir de igual forma, en TONELADAS.
El gran problema con este pecado es que el placer que te provocan la comida y la bebida es totalmente pasajero, pero te distrae y hasta te aparta de tu realidad y de Dios.
Cuando se consume alcohol en exceso (aquí hablo de excesos porque no quiero satanizar ni al alcohol ni a la comida, simplemente el no poder controlar su consumo) se pierde totalmente la consciencia de uno mismo y, para ser sinceros, ¿quién no se ha puesto una pedototota y hecho algo de lo que se arrepiente el día siguiente?
Eso es no tener dignidad, es no tener inteligencia, sin mencionar que miles de niños y demás personas mueren a diario por desnutrición, porque no tienen nada que comer y tu tragando toda esa comida que ya ni te sirve, ya estas lleno, más valdría hacérsela llegar a aquellos que nunca han estado llenos.
En la actualidad la Templanza suena como algo inútil, pero no es otra cosa que saber medirse, saber cuándo comer, beber y fumar (aquí pongo fumar porque creo que también es un vicio que puede entrar en esta categoría) y más que nada saber cuándo parar.
La Gula es la imposibilidad de saber cuándo parar, de medirse con los alimentos y bebidas, se podría decir que esta es la madre de todos los pecados, el no saber medirse, el no saber cuándo dejar de…
Pero al igual que la Gula es la madre de los pecados, la Templanza es la madre de las virtudes, porque en ella encontraremos la fuerza para no dejarnos llevar por el placer desmedido.
Por eso la puse como la número uno.
HUMILDAD
E
sta virtud es muy conflictiva, en la antigüedad los griegos no la consideraban una virtud muy importante o digna de mucha atención porque, al igual que Nietzsche (quien la llamaba “moral de esclavos”), la consideraban como una bajeza, como denigrar al hombre, hacerlo menos.
No fue hasta la era cristiana que se comenzó a ver la verdadera importancia de esta virtud, y aun hoy en día es considerada por todos una de las más importantes.
En nuestro mundo occidental esta virtud es algo hipócrita, pues aunque muchos dicen admirarla son pocos los que la buscan.
En oriente sucede totalmente lo contrario, para la filosofía oriental la humildad es una de las virtudes más importantes, ya que para ellos el ego es una limitación y lo que buscan es fundirse con el altísimo, con el eterno, ser todos parte de un mismo rio al que solo se llega por medio de la humildad.
Jesús vino a enseñarnos que el que quiera ser el primero sea el último, Él es quien más nos habla sobre la humildad.
La humildad no es el degradarte ante otra persona, sino el estar consciente de tus propias limitaciones y aceptar que no lo puedes ni lo sabes todo.
El humilde tiene mucha capacidad de recepción ya que es todo oídos ante las enseñanzas de los demás, el humilde es aquel que está dispuesto a aprender siempre algo nuevo, que sigue su camino de iluminación y que acepta la ayuda u orientación de los demás.
Cuando escuchamos que alguien es humilde nos imaginamos a alguien que usa la ropa más barata y vieja, normalmente a un pobre o a alguien que casi no gasta, y hasta cierto punto es verdad, pero no todos los pobres son humildes ni tienes que ser pobre para ser humilde.
La humildad no radica en la pobreza o en el abstenerse a comprar cualquier tipo de objetos, si no en el ser humilde de corazón.
Ser humilde de corazón es amar a los demás, es aceptar que su palabra tiene igual valor que la tuya y que todos tienen algo especial que contarte; es, como ya lo mencione antes, el aceptarte tal cual eres y no querer ser más que los demás ni denigrar a nadie; estar consciente que ellos valen tanto como tú y que cada ser humano es una caja llena de fabulosos tesoros, esperando ahí para que alguien los saque con la respectiva llave.
Ser humilde es ser servidor de los demás.
Su pecado opuesto es la Soberbia, esto es creerte la última coca del desierto, darte a ti mismo un valor muy por encima de los demás y de Dios en el caso del Cristianismo.
La persona soberbia poco a poco se va quedando sola, pues no hay nadie que pueda soportar a alguien así, ni siquiera ella misma a veces.
Ser soberbio significa pensar que tú eres el océano cuando simplemente eres una gota más de las miles de millones que lo componen.









