Los dedos de mis pies se retuercen ligeramente en mis zapatos. Están peleando. Mis ojos siguen fijos en el gran letrero: “Memory Shop”. Alguna vez escuché que es un procedimiento sencillo. Entras, sales. No hay tiempo de recuperación.
Sin poder moverme pienso. Es más de una cosa que me da esta sensación entre incredulidad y desconfianza: suena imposible que la medicina haya llegado a esto, las organizaciones que protestaron, sobre su efectividad sólo he escuchado los testimonios de la publicidad de la tienda. Todo era televisión, todo era una película de ciencia ficción. Era irreal. Era diferente. No sé si bueno, no sé si malo.
No es eso. Hay algo más. Es más que desconfianza. Es más que agregar un recuerdo a la cabeza. No sé si quiero hacerlo. Estoy perdiendo mucho. Más de lo que debería. Tal vez no.
La temperatura desciende un grado más en la calle. Mis dedos lo notan. Hacen un último intento y por fin lo consiguen: un paso. Otro y otro más lo siguen. Al estar tan cerca las puertas se deslizan solas hacia los lados. Escapa un olor agradable y tibio. Me recibe la sonrisa de esa mujer.
El cuarto contiguo es igual de tibio también. Es circular y las paredes están cubiertas por pequeñas computadoras, cada una con un letrero. No hay nadie más aquí. Temo acercarme a cualquiera de las pantallas. Se acerca otra mujer. Sé que nota la confusión en mi rostro. Explica el proceso de los recuerdos. “No es difícil. Selecciona un recuerdo, nos muestra algunas fotos y nosotros nos encargamos de personalizarlo” Ella sigue hablando, no comprendo mucho lo que dice. Habla demasiado. Sale de la sala. Miro el letrero: “Recuerdos felices”.
Mientras me acerco a la pantalla entra un hombre. Bata blanca y sonrisa igual. Me tiende la mano mientras se presenta. Decide explicar un poco más sobre el proceso de implantación del recuerdo. “Lo anestesiamos ligeramente para que usted no sienta nada. Insertamos una aguja tras su oreja y, a través de químicos similares a los neurotransmisores y algunas otras sustancias, generamos el recuerdo en su cerebro, él solo encuentra el lugar donde se debe almacenar.”
Interrumpo. “¿Es lo único que pueden hacer?”
“¿A qué se refiere?
“¿Sólo pueden implantar un recuerdo?”
“Claro, a eso nos dedicamos. Años de trabajo e investigación respaldan nuestro negocio.”
“¿No podrían hacerme… olvidar?”
“Se ha intentado antes, pero no está comprobado que funcione y… no hemos terminado, todavía está en fase experimental… No es posible, no.”
“Doctor, usted no lo entiende, yo necesito olvidar.”
El cuarto se inunda con una pesada niebla que sale de su boca, llena de palabras. Yo no oigo. Trato un poco más. Resiste mis súplicas. Resisto su negación. Trato un poco más. Cede, cede sin más. Puedo ver que no sabe por qué aceptó. La lástima, seguro. Abro mi chamarra y extraigo el paquete. No me queda nada más. Él lo toma y lo revisa.
“¿Esto es todo lo que quiere conservar?” Asiento con pesadez. Me lleva lejos.
El nuevo cuarto es helado, pero no hace frío, apenas corre aire, la temperatura no ha cambiado. No es eso. El frío está aquí. Las paredes congelan. El frío está metido en los instrumentos, en las camas, en las sonrisas, en las voces. No son más que susurros.
Estoy levemente sedado. Mi cuerpo no está. Ellos siguen discutiendo, nadie quiere hacerlo, pero tampoco les importa lo que suceda conmigo. Regresan. Estoy consciente de que me miran.
La punzada tras la oreja derecha. Un hilo helado se cuela por mi cabeza. No puedo describir la sensación. Un cosquilleo, como agua, pero no es así. No conozco nada parecido. Cada vez menos recuerdos puedo encontrar, cada vez más lento.
“Está funcionando, doctor.”
El estruendo del despertador me saca de la cama. Me visto en la oscuridad. Mientras arreglo mi cabello siento algo tras la oreja derecha. Una herida pequeña, seguramente sólo un piquete de insecto.
Apenas llego al trabajo. Hoy es cualquier día. A casa de nuevo. Sólo me reciben las sonrisas de las fotos de la sala. Duermo tranquilamente, pero me despiertan gritos en el pasillo. Más ruido en la puerta. Me arrastran hacia afuera. Una patrulla.
Las luces anuncian mi llegada. No me reciben sonrisas. Sin preguntas, sin palabras. Otra vez en la oscuridad. Así como entré, me sacan. Un interrogatorio agresivo e impío. Quieren que confiese. Lugares que nunca he visto, nombres que nunca he oído. Las personas no son más que fantasmas para mí. Ellos dos también. Entran un hombre y una mujer, doctores. Nunca los he visto. Los incomoda mi presencia.
Ella habla. Describe horribles crímenes. Crueles, duros y repugnantes. Menciona cada detalle, casi con placer. Todos esperan que confiese. Pero esto tiene que ser un error.
“Dado que esto sólo era un experimento, decidimos guardar todos sus recuerdos, por si algo salía mal y había que dar marcha atrás. Después del éxito guardamos todos los recuerdos y los convertimos en videos, buscábamos material para crear nuevos productos para los siguientes clientes. Lo que encontramos fue… Ya saben lo que encontramos.” Su voz tiembla y ruega una justificación “No le dimos demasiada importancia a su petición, era un cliente que no pudimos identificar. Si moría o perdía completamente la memoria, sólo sería un experimento más.”
La cara del otro hombre se contrae en un gesto de llanto contenido. Guarda silencio. Quieres protestar. Por fin se atreve a hablar.
“No fue él. Él no hizo nada de eso. Es otra persona, no es el mismo. Mírenlo, no tiene idea de una palabra de lo que hemos dicho. No sabe quiénes somos ni lo que le hicimos. Su mente ya no existe.”
No puede retener más las lágrimas. Sale del cuarto. Ella conecta un aparato extraño y lo enciende. Las escenas que veo son imposibles de creer. La pequeña película confiesa ante mis ojos. Me restriega mi biografía. Todo tiene que ser un engaño. Yo aún no lo creo, pero ellos no desisten. Por supuesto.
Consecuencias obvias:
-Negocio: cerrado. Los inventos los reclama el gobierno.
-Doctores: todos arrestados, excepto ella: una verdadera heroína de la sociedad moderna.
-Experimento: Exitoso
Fallido: Paciente declarado incapaz, probablemente peligroso. Condenado.
-Fecha de ejecución: Indefinida.










muy bueno, me recordó porque me gustaba la ciencia ficcion… gracias
tenia rato sin leer un cuento malvado…. me encanta