Ciencia y religión, las emociones corren

Ciencia y religión, las emociones correnCiencia y religión, las emociones correnCiencia y religión, las emociones corren

H emos tenido un debate que comenzó sobre ciencia y religión, en relación a la consciencia y el alma. Sigo el debate.

La primera parte del texto es un resumen, la segunda es mi respuesta.

Antes de responder a la respuesta que se le dio a mi respuesta, comenzaré por tratar de reconstruir todo el proceso argumentativo de manera clara, sencilla, accesible y no-poética.

Todo comenzó con el artículo Entre dudas y certezas, de Tatiana Tagle, en la que ella dice (creo) que los (algunos) científicos dejan que sus creencias influyan en sus investigaciones, e incluso algunos que convierten partes de los datos de sus investigaciones en cuestiones de creencia, sin comprobarlos

Luego, cuestiona la hipótesis de que la consciencia/alma (usadas como equivalentes) sea un fenómeno emergente del cerebro. Acepta que hay relación entre consciencia y cerebro, pero propone la posibilidad de que la consciencia/alma pueda existir por separado del cerebro, y propone experiencias como neuroplasticidad y OBEs como posibles pruebas.

Yo respondí, en el ensayo Creer y saber: Duda versus Certeza, parto de la distinción entre Creer y Saber, y enfatizo que la diferencia atiende no sólo a la posibilidad de demostración, sino al status ontológico del concepto referido.

Luego afirmo que esa distinción también se aplica a nivel individual, y que el progreso cultural y la acumulación de conocimientos sustentan la falta de experimentación especifica en cada generación

Luego paso a mostrar cuatro posibles maneras de probar un conocimiento, aceptando que hay ciertos conocimientos que no se pueden probar ni como verdaderos ni como falsos, y que pertenecen solo al ámbito de la creencia.

Luego paso al campo de la consciencia, afirmando que si hay pruebas, indirectas si se quiere, de que la consciencia depende del cerebro (o de alguna función de almacenaje y correlación de información), que no hay pruebas claras ni sólidas de que la consciencia no dependa del cerebro, y que las OBEs y las NDEs son explicables de manera más sencilla que inventando un principio irreal que sobrevive hasta a la muerte.

A lo que yo quería llegar… que la verdad, no afirmé, era a decir que la consciencia es una función cerebral que pertenece al campo de la ciencia, mientras que el alma, como un principio trascendente y superior, es algo que pertenece a la fe, y que por lo tanto, no es comprobable, ni deberíamos pensar en comprobarlo… en la fe, se cree, o no se cree, pero no se puede comprobar.

Y Arbolrojo Cárdenas, en un tornado de pasión y poesía, respondió, en su trabajo: De lo que no se, respuesta al filósofo Schwartz (espero trabajar para ganarme el derecho a ese título) con una tormenta de ideas que espero poder traducir y resumir fielmente.

Primero, remarca el hecho de que la ciencia no es totalmente confiable, no construye verdades absolutas, en lo que creo que Tatiana y yo ya habíamos coincidido, al igual que sobre el tema de la estructura lógica de intravalidación de las verdades científicas, dentro de un entorno cultural.

Luego hace una interesante afirmación, que la ciencia sigue el paradigma kuhniano de evolución, más que el paradigma popperiano de falsación.

Después, en un desplante de metáforas emotivas, afirma que la ciencia se ha vendido tanto a la tecnología como a la guerra.

La manifestación emocional sigue al mencionar que la ciencia se ha olvidado de los problemas trascendentes que le ocurren al humano, que se ha olvidado de los problemas espirituales.

El desplante emotivo llega a su extremo cuando Arbolrojo se queja de cómo el progreso científico tecnológico ha sido euro-céntrico, y ha sido forzado sobre otras culturas, más primitivas.

Luego pasa a tocar el tema de la consciencia, con afirmaciones que por el momento no tomaré como relevantes para el punto del debate.

Y cierra con su artículo de fe, donde declara una posición personal que es mezcla de animismo, panteísmo y monoteísmo, que, supongo, debería de explicar y sustentar todo lo demás dicho en su texto.

Hasta a qui el (breve) resumen del estado del  debate. Procedo a agregar mis dos centavos. Ya habíamos mencionado el hecho de que la ciencia no produce verdades absolutas, es más, la comunidad científica es bastante engañable; rebotémonos al escándalo Sokal, en el que se publicó en la revista Science un artículo que usaba palabras de física cuántica para decir nada. Y el artículo pasó por todos los filtros de la revista Science.

Ahora, sobre evolución kuhniana y falsación, no creo que ambas se excluyan mutuamente. La evolución kuhniana de la ciencia se refiere a los mecanismos macro que siguen las verdades científicas en su afirmación, mientras que la falsación se refiere a los procesos específicos e individuales de demostración de las verdades. Yo no afirmaría que todas las verdades científicas pasan por procesos de falsación, pero tampoco afirmaría que ninguna lo hace. Algunas lo han hecho, otras no. Y en ese fluir de comprobaciones y falsaciones, la ciencia va evolucionando.

Pasemos luego a las metáforas de prostitución de la ciencia. Es verdad, la ciencia tiene que ponerse al servicio de la tecnología, y de la guerra. En una entrevista con los premios Nobel del año pasado, los de química, si mal no recuerdo, explicaban como uno era el científico duro, y el otro era el encargado de encontrarle aplicaciones prácticas en el entorno tecnológico, para conseguir financiamientos para continuar con la investigación.

La cuestión es muy simple, sin dinero, no puede haber investigación científica seria y profunda. Y la industria que mueve más dinero es la guerra. Y muchos avances importantes, desde comunicaciones hasta medicina, desde psicología hasta lingüística, se han dado impulsados por la investigación en guerra. Y como mencionaba Rafael Vargas en una de sus respuestas a Arbolrojo… no creo que se queje de los antibióticos…

Los problemas trascendentales espirituales y la ciencia… no coinciden. La tesis central que he estado tratando de defender en este debate, es que la fe, lo espiritual, la religión, no se deben mezclar con la razón, la ciencia. Son dos formas de conocimiento distintas, que corresponden a dos planos de realidad diferentes, que tienen parámetros cognitivos diferentes.

Y afirmar que se pueden mezclar, o que en realidad no existe ese plano de separación entre ambos, lleva a radicalismos de uno o del otro lado.  Ni la religión domina a la ciencia, ni la ciencia es superior a la religión. La mejor manera de salvaguardar los conocimientos de ambas, es mantenerlas separadas.

La ciencia no te puede resolver el sentido de tu vida, te puede decir hacia donde parece ir, desde donde viene, que dirección parece tener, el sentido de la evolución, aparentemente. La ciencia no puede resolver si Dios existe. Dios es metacategorial, incognoscible racionalmente. No existe una formula matemática para comprobar a Dios. Tú decides si crees en El o no.

Y ahí nos topamos con el tema que parece ser más emotivo para Arbolrojo, que no había sido tocado dentro del debate, aunque yo ya había mencionado algunos puntos correlacionados en mi ensayo sobre Infancia, ciencia y humanidad, lo que parece conflictuar a Arbolrojo, es el enfrentamiento entre el programa progresista del iluminismo/positivismo, en contra de las culturas primitivas.

El dilema es bastante claro:

¿Qué es preferible? ¿Una cultura primitiva, unida con la naturaleza, pero que sufre de enfermedades y no posee la tecnología para superarlas, una cultura aborigen con nobleza espiritual pero pobreza material, por su falta de conocimiento científico de los procesos naturales?

¿O una cultura unificada mundialmente, pobre espiritualmente, pero avanzada científica y tecnológicamente, donde no hay espacio para la identidad cultural individual, pero hay salud y progreso para todos los que tienen la iniciativa y la visión?

La verdad es que en este dilema están escondidas dos creencias falsas, dos mitos culturales que alterna la percepción clara del problema.

Arbolrojo trabaja sobre el mito del salvaje noble, el primitivo que es bueno con los demás y vive en conexión con la naturaleza.

Es un mito que existe por lo menos desde hace quinientos años, y es falso. Y también es falso el mito contrario, el mito de la edad de oro que se logrará dando a todos un progreso tecnológico y una universalización cultural.

La verdad, es que entre estas dos opciones, habría que crear una tercera, buscar un progreso científico y tecnológico que respete y deje espacio para los aspectos religiosos y espirituales, y viceversa.

Una agenda de desarrollo que lleve el progreso a todos, que sea accesible, pero sin borrar las identidades culturales individuales ni las religiones. No se puede generalizar la afirmación de que todo el progreso científico tecnológico es benéfico, pero tampoco se puede afirmar que la espiritualidad primitiva es la mejor manera de vivir la vida.

Tags: , , , , , , , , ,

Filosofo de vocación, trabajo de profesor, rolero de corazón, dedicado a saber 186,633 cosas, la mayoría inútiles y solo 23 que valen para la vida.

One Response to “Ciencia y religión, las emociones corren” Subscribe

  1. Montserrat 25 octubre, 2010 at 1:08 pm #

    Por que tienden solo hacia dos opciones?
    Estoy de acuerdo en una tercera.
    No podrian complementarse?

Leave a Reply