Otro día más… Te levantas como siempre, lavas tu cara, te miras al espejo y te vez cansado, las ojeras muestran lo que meses durmiendo poco y malcomiendo pueden hacer, tu reflejo hace que vuelva a tu mente la misma pregunta que te haces todo los días -¿Cuándo?, ¿cuándo tendrás el valor?
Sales de tu casa y el sol de la mañana molesta a tus desvelados ojos, te pones tus gafas obscuras mientras caminas seguro a tu objetivo. La mañana esta increíblemente tranquila, casi no hay coches en la calle y el único sonido es el de tus pasos, sonido que extrañamente te va dando el valor que necesitas.
Sigues caminando un rato más, entras a la primera farmacia que cruza en tu camino y muestras la receta la cual surten sin chistar, piensas que en realidad es extraño que el farmaceuta no cuestione nada, -¡la suerte esta conmigo!-, mascullas en tu interior, en fin, ocultas tu alegría mientras sacas los billetes hechos bola de la bolsa de tus viejos y roídos pantalones de mezclilla y piensas – ¿cómo salgo así a la calle? , segundos después reparas en tus piensos – ¿y eso que? ¿Cuándo te ha importado tu apariencia?
Sales de ahí con una extraña sensación, crees que algo contento, la verdad es que hace tiempo que no sentías ese tipo de emociones, retomas tu camino sólo que esta vez ya hay mas ruido en las calles, las personas en sus coches estresadas por seguir la vida al ritmo del segundero del reloj, apurados, enojados, frustrados; tan temprano en la mañana y la gastritis ya los esta quemando.
Caminas lento y pausado pues no hay apuro, si no tienes el valor de jalar el gatillo ya llevas el plan B en tu mano, un coctel de barbitúricos al parecer será la opción más acertada.
Mientras caminas te das cuenta que desde que saliste de la farmacia ese raro sentimiento no te ha abandonado, te impresionas pues creías que habías perdido la capacidad de sentir -¡Dios si que es extraño! – Frenas tus pasos –no tiene importancia- te dices a ti mismo, retomas la marcha y aprietas el paso, si esto se ha de hacer que sea ya, pues crees que el valor se va a esfumar.
Vas ahora un tanto apurado, caminas rápido. En tu camino te topas con una escuela preescolar, un impulso hace que te detengas y te pongas a mirar, das un leve vistazo, bajas la mirada por unos instantes y la vuelves a levantar para mirar más detenidamente la imagen que esa mañana te regala, niños, pequeños seres humanos sin más preocupación que la de jugar y explorar, su misión solo es descubrir el mundo que los rodea, piensas – ¡qué va, si así de fácil fuera!
Las risas, los gritos, los cantos llegan a molestar pero no te vas, una rara fuerza de atracción te tiene pegado al piso, inmóvil, contemplando aquella escena: párvulos empezando a vivir y tú deseando acabar con todo.
– ¡Que Ironías! , palabras que salen de tu boca al contemplar tanta inocencia reunida en un jardín preescolar, tratas de moverte pero algo inexplicable no te lo permite, lo único que quieres hacer es seguir viendo tan hermosa escena y te preguntas en que parte de la vida fue que perdiste la emoción de seguir. Hipnotizado pasan los segundos, los minutos y tú no puedes dejar de ver, el corazón late a mil, sientes que algo empieza a cambiar dentro de ti.
Una maestra se acerca al verte con tal facha y fisgoneando en las rejas de aquel jardín preescolar, nada más te faltaba que ahora de pederasta te quieran tachar.
Aturdido vuelves al camino, escuchas en el fondo el cantar de los pájaros, un sonido que hace años no distinguías o al que el tedio te había hecho inmune junto con otras tantas cosas de la vida. -¿Qué diablos me pasa?- te repites sin cesar ¿cómo es que el ver a unos mocosos te puede afectar?
Empiezas a hiperventilar, no entiendes, te detienes y volteas atrás, todavía puedes ver el jardín donde los niños juegan, aun puedes escuchar sus risitas. Te quitas tus gafas y dejas que el sol entre por tus ojos, respiras el aire de esa fresca mañana de abril, sonríes, sí, haces eso que se te había olvidado podías hacer, sonríes, descubres poco a poco que todavía tienes la capacidad de sonreír, de sentir, de vivir y ese ¿Por qué? que te persigue todos los días de estos últimos meses se convierte en un ¿Por qué no?…
Retomas tu camino y todo es diferente, el aire, la gente, las flores, la vida… has vuelto a nacer, tu vida ha vuelto a empezar a las 8:30 una mañana de martes frente a una escuela preescolar.
Ves el mundo como si fuera la primera vez, los colores, los olores, los sabores. Caminas tarareando aquella vieja canción que tu mamá solía cantarte cuando niño, vas feliz, caminas y entre más caminas más te gusta lo que vez.
Caminas y te preguntas que es lo primero que este día vas a hacer, inmerso en tu alegría cuenta no te das que una calle acabas de cruzar, no te fijas y PASSSSSSSSS, un sacudón estremece tu cuerpo, el impacto te hace volar varios metros, todo se nubla, todo esta negro, escuchas a lo lejos gente gritando, a una mujer llorando, las sirenas de una ambulancia chillando.
Sientes el cuerpo entumecido, la sangre caliente se escapa de tu cuerpo a borbotones, tratas de hablar, no puedes, piensas –¡¡MUGRE VIDA!!
¡¡COMO GIRAS CONDENADA!!
¡¡QUE IRONIÍA!!
MARIONETAS DE LA VIDA ES LO QUE SOMOS…
Tirado en el frío asfalto te quedas mientras sientes que el último soplo de vida se te escapa del alma esa fresca mañana de martes a las 8:30 de la mañana.
Otro día más… Te levantas como siempre, lavas tu cara, te miras al espejo y te vez cansado, las ojeras muestran lo que meses durmiendo poco y malcomiendo pueden hacer, tu reflejo hace que vuelva a tu mente la misma pregunta que te haces todo los días -¿Cuándo?, ¿cuándo tendrás el valor?
Sales de tu casa y el sol de la mañana molesta a tus desvelados ojos, te pones tus gafas obscuras mientras caminas seguro a tu objetivo. La mañana esta increíblemente tranquila, casi no hay coches en la calle y el único sonido es el de tus pasos, sonido que extrañamente te va dando el valor que necesitas.
Sigues caminando un rato más, entras a la primera farmacia que cruza en tu camino y muestras la receta la cual surten sin chistar, piensas que en realidad es extraño que el farmaceuta no cuestione nada, -¡la suerte esta conmigo!-, mascullas en tu interior, en fin, ocultas tu alegría mientras sacas los billetes hechos bola de la bolsa de tus viejos y roídos pantalones de mezclilla y piensas – ¿como salgo así a la calle? , segundos después reparas en tus piensos – ¿y eso que? ¿Cuándo te ha importado tu apariencia?
Sales de ahí con una extraña sensación, crees que algo contento, la verdad es que hace tiempo que no sentías ese tipo de emociones, retomas tu camino sólo que esta vez ya hay mas ruido en las calles, las personas en sus coches estresadas por seguir la vida al ritmo del segundero del reloj, apurados, enojados, frustrados; tan temprano en la mañana y la gastritis ya los esta quemando.
Caminas lento y pausado pues no hay apuro, si no tienes el valor de jalar el gatillo ya llevas el plan B en tu mano, un coctel de barbitúricos al parecer será la opción más acertada. Mientras caminas te das cuenta que desde que saliste de la farmacia ese raro sentimiento no te ha abandonado, te impresionas pues creías que habías perdido la capacidad de sentir -¡Dios si que es extraño! – Frenas tus pasos –no tiene importancia- te dices a ti mismo, retomas la marcha y aprietas el paso, si esto se ha de hacer que sea ya, pues crees que el valor se va a esfumar.
Vas ahora un tanto apurado, caminas rápido. En tu camino te topas con una escuela preescolar, un impulso hace que te detengas y te pongas a mirar, das un leve vistazo, bajas la mirada por unos instantes y la vuelves a levantar para mirar más detenidamente la imagen que esa mañana te regala, niños, pequeños seres humanos sin más preocupación que la de jugar y explorar, su misión solo es descubrir el mundo que los rodea, piensas – ¡qué va, si así de fácil fuera!
Las risas, los gritos, los cantos llegan a molestar pero no te vas, una rara fuerza de atracción te tiene pegado al piso, inmóvil, contemplando aquella escena: párvulos empezando a vivir y tú deseando acabar con todo.
– ¡Que Ironías! , palabras que salen de tu boca al contemplar tanta inocencia reunida en un jardín preescolar, tratas de moverte pero algo inexplicable no te lo permite, lo único que quieres hacer es seguir viendo tan hermosa escena y te preguntas en que parte de la vida fue que perdiste la emoción de seguir. Hipnotizado pasan los segundos, los minutos y tú no puedes dejar de ver, el corazón late a mil, sientes que algo empieza a cambiar dentro de ti.
Una maestra se acerca al verte con tal facha y fisgoneando en las rejas de aquel jardín preescolar, nada más te faltaba que ahora de pederasta te quieran tachar.
Aturdido vuelves al camino, escuchas en el fondo el cantar de los pájaros, un sonido que hace años no distinguías o al que el tedio te había hecho inmune junto con otras tantas cosas de la vida. -¿Qué diablos me pasa?- te repites sin cesar ¿cómo es que el ver a unos mocosos te puede afectar?
Empiezas a hiperventilar, no entiendes, te detienes y volteas atrás, todavía puedes ver el jardín donde los niños juegan, aun puedes escuchar sus risitas. Te quitas tus gafas y dejas que el sol entre por tus ojos, respiras el aire de esa fresca mañana de abril, sonríes, sí, haces eso que se te había olvidado podías hacer, sonríes, descubres poco a poco que todavía tienes la capacidad de sonreír, de sentir, de vivir y ese ¿Por qué? que te persigue todos los días de estos últimos meses se convierte en un ¿Por qué no?…
Retomas tu camino y todo es diferente, el aire, la gente, las flores, la vida… has vuelto a nacer, tu vida ha vuelto a empezar a las 8:30 una mañana de martes frente a una escuela preescolar.
Ves el mundo como si fuera la primera vez, los colores, los olores, los sabores. Caminas tarareando aquella vieja canción que tu mamá solía cantarte cuando niño, vas feliz, caminas y entre más caminas más te gusta lo que vez.
Caminas y te preguntas que es lo primero que este día vas a hacer, inmerso en tu alegría cuenta no te das que una calle acabas de cruzar, no te fijas y PASSSSSSSSS, un sacudón estremece tu cuerpo, el impacto te hace volar varios metros, todo se nubla, todo esta negro, escuchas a lo lejos gente gritando, a una mujer llorando, las sirenas de una ambulancia chillando.
Sientes el cuerpo entumecido, la sangre caliente se escapa de tu cuerpo a borbotones, tratas de hablar, no puedes, piensas –¡¡MUGRE VIDA!! ¡¡COMO GIRAS CONDENADA!! ¡¡QUE IRONIÍA!! MARIONETAS DE LA VIDA ES LO QUE SOMOS…
Tirado en el frío asfalto te quedas mientras sientes que el último soplo de vida se te escapa del alma esa fresca mañana de martes a las 8:30 de la mañana.
NARCRONICAS de la vida buchona
Salió en su camioneton negro azabache quemando llanta, buscando los caminos para perderse tratando de salir lo más rápido posible a la carretera, -esta vez no la libro- pensó mientras besaba su medalla de la Virgencita de Guadalupe –si el Santito bandido me hace el milagro juro que le llevo la banda todo el fregado día hasta que se cansé- se dijo así mismo mientras le pisaba hasta el fondo al acelerador.
La raza le decía “El Patrón”, pues desde que entro al negocio se veía clarito que sus ambiciones eran altas, se valió de todo para lograr lo que le pedían, paso de ser el chalan a la mano derecha en un abrir y cerrar de ojos. Quien iba a decir que ese flaco de ranchería sería el consentido del jefe.
Iba en greña en el camioneton sudando la gota gorda, el reloj caminaba tan despacio que sentía que todo pasaba en cámara lenta, le venían la mente tantas cosas, tantos recuerdos de cuando la vida era más sencilla: aquel niño corriendo descalzo, al sensación de la tierra en sus pies; de las tardes jugando a las canicas con los plebes; su ranchito en lo alto de la sierra siempre verde, solo hasta después comprendió que aquellos paisajes verdes que de chico tanto le gustaban eran grandes sembradíos de pura mota, pensándola bien su destino estuvo marcado desde plebito, solo que nadie le aviso que al entrarle al quite también sus días estarían contaditos, en este estilo de vida todo es un albur.
-Cuando saldrá la mugre carretera- se repetía, nunca se le había hecho tan largo o tan lento el tramo para escapar, aunque también nunca había estado bajo tanta presión y en una situación así. Debió oler que algo no andaba bien desde esa mañana que a sus achichicles no pudo localizar, -todo estaba fríamente planeado, todos lo sabían menos yo- reparó… PASSSSS sintió algo como un tope en el camino, -¡Puta Madre! ¡¡Ya me lleve a un baboso de corbata!! ¡¡ pinche loco caminando cantando y con los ojos cerrados!! ¡¡Nada más esto me faltaba!! ¿Pero a quien le importa un baboso que nos se fija cuando lo van persiguiendo pa meterle el tiro de gracia? – si no me apuro voy a quedar como coladera- pensó.
Entre la adrenalina y el pánico siguió manejando, seguían dando vueltas en su mente tantas cosas, entre ellas el momento preciso en el que se metió en el “negocio “, siempre admiró al jefe, pues desde chico veía como ayudaba a todos en el ranchito, les daba trabajo, aun que no muy honesto pero trabajo, cuando vives en la miseria no cuestionas a la mano que te ayuda, sólo quieres llevar el pan a la mesa. ¡Y cuando se festejaba ni se diga! Pachangones que se aventaba; la pura buena vida, todo tipo de gente se reunía, una combinación de estratos sociales únicos en la pisteadera, desde los de traje muy catrines, los curitas, hasta los comunes narquitos con sus mejores botas y tejanas de lujo en las loqueras compartían el perico y las botellas del mejor whiskey de 18 años, sin mencionar a los mujerones bien dados, no cabe duda que la mujer norteña siempre será la más buena.
Siempre le gustó la vida buchona, lo bueno, lo caro, todo lo que el baro puede dar; por lo que empezó a hacerse notar cada que el jefe iba hasta que logró llamar su atención y se lo llevó. Nunca se le olvidaron las palabras de sus padres al momento de irse –el dinero fácil a nada bueno lleva mijo- fue lo ultimo que le dijo su madrecita antes de darle esa ultima bendición y un beso en la frente como cuando niño, pero de chamaco nunca entiendes a los viejos, por lo que agarró sus tres garras mas decentes y se fue, la vida en el monte no era para el.
Empezó como el típico achichicle que le lleva y le hace de todo, le asustaba ver tanto dinero y droga junta pero aprendió a no demostrarlo, pues todo era parte del show. Le fue demostrando que era de fiar hasta que llegó el día que le dieron su primer “cuerno de chivo”, si iba seguir en el ruedo tenia que aprender a defenderse y a cuidar bien del Jefe. Mientras seguía demostrando fidelidad más grandes e importantes eran sus encomiendas hasta que llegó a ser el mejor, por que a diferencia de los demás aprendió a no se dejaba deslumbrar.
Tenía la vida que desde chamaco siempre admiró y deseó para el: la fiesta, la loquera, la feria, las mujeres. La ropita cara, las cadenas de puro oro, los lentes de sol con brillitos, las botas, -¿cuando iba a pensar aquel mocoso pata rajada las marcas y las ropas que iba a usar? Se decía cada que se iba de shopping, le gustaban las cosas buenas, pero eso es algo a lo que cualquiera rápido se acostumbra.
Llegó a ser uno de los más astutos y respetados en el medio en que se movía, sabía manejar my bien las situaciones, todo un negociador nato, tenía bien surtiditos y calladitos a los quicos de su territorio, les pasaba la mensualidad puntualmente. Se enseñó a matar y mandar pozolear sin que le remordiera la conciencia, y ¡vaya que su trabajo le costo!, -necesita ser uno un enfermo mental pa poder hacer eso sin temblar- llegó a pensar las primeras ocasiones, pero después entendió que en esta vida o matas o te matan, y ese nos sería su caso, bueno, hasta ese día.
Como en el mundo en el que se movía las tentaciones sobran, más tarde que temprano, pero tuvo que caer. En una de las muchas fiestas entre montañas de mota y perico la vio, con la banda como música de fondo , sus ojos no pudieron despegarse ni un segundo de ella, un mujeron: alta, guapa, sus cabellos lacios y largos, cinturita de avispa, bien arregladita, carita de niña, irradiaba inocencia, se notaba que tenia miedo, que ese no era su mundo, ¿Qué hacia semejante ángel entre tanto lobo? se preguntó, decidido por ir con todo se “alineo” pa agarrar valor y camino hacia donde estaba ella, el corazón le latía a mil pensando en que le iba a decir y sin perderle la mirada vio como el Jefe llegaba, la abrazaba y se la llevaba. ¿¡¡Es la mujer del Jefe!!? ¿Pero como? Esa imagen le vino como balde de agua fría al rostro, -no hay de otra mas que respetar, es propiedad del Jefe- se repetía constantemente cada que la veía.
Pero como al corazón se le podrá mandar, más no obligar, se fue enamorando como chamaquito quinceañero, parecía que el destino se ensañaba para cruzarla por su camino.
Todos los días veía como se la pasaba sola, un ángel en un nido de víboras, pues el Jefe tenía negocios que atender, así fue como empezaron a ser amigos y poco después más que eso, ahí fue donde firmo su sentencia de muerte. Semejante problema que se acarreo y lo sabia de antemano –esto no pinta pa que acabe bien- se decía todos los días, pero aun así ya estaba metido hasta el cuello y no pensaba dejarla.
Pero como en el negocio nunca falta el envidioso todo llegó a oídos del Jefe, era muy bien sabido por todos que al Jefe nadie le ve la cara de pendejo, y el no era la excepción, pues aun más dolía su traición por ser su mano derecha, su protegido, -Ese canijo pata rajada me la supo hacer, pero caro lo va a pagar. Eso es lo que pasa cuando uno da confianza, pero está bola de cabrones va a ver que nadie, ni mi mano derecha es indispensable.
Ordenó le quitaran sus achichicles, pero el más fiel a él, fue el que le dio el pitazo – ¡pélese Patrón el Jefe lo anda buscando, ya le escupieron todo y anda bien encabronado.-
Así fue como empezó el principio del fin, le llamó a su vieja pero nunca contesto, se imaginó lo peor, y era cierto, al Jefe nadie le ve la cara y en cuanto lo supo el mismo se encargo de la muy puta y con más odio la mató al saber que aparte de dárselas al carbón, esperaba un hijo de él.
Agarró las llaves y se trepó a su camioneton negro azabache hecho la fregada, ya todo estaba dicho esa calurosa tarde, su sentencia dictada, un tiro en la frente, como el lo había hecho tantas veces.
La carretera nunca llegó, lo que si fueron dos camionetonas que lo emboscaron y le dispararon hasta cansarse, coladera fue poco para describir como quedó la trocona, se bajo el “Judas” que le traiciono y así como tantas veces él lo hizo, sin sentir un gramo de compasión, le puso la AK-47 en la frente, jaló el gatillo y un estruendoso sonido rompió el silencio del campo en que se encontraban. De su mano calló su medalla de la virgenciata , sin más todo acabo para aquel plebito de rancho que tenia tanta ambición…












hmmm
algo no me acabo de convencer y creo que fue el final.
pero supongo que alguien sabrá apreciar mejor tu arte,
felicidades por animarte a publicarlo!!
ánimo y te invito a que continúes escribiendo y te superes continuamente.
muchas gracias por el comentario!!