S. Freud fue el primero en hablar del “complejo de castración” en 1908. Escribió sobre el temor del niño a perder el pene, lo que lo vuelve valioso y diferente (en dicha teoría se afirma que la niña se siente inferior al no poseerlo).
De allí se desprende la relación más dolorosa y perversa: la del niño que teme que su madre le castre. No todo es amor y dulzura.
C.G. Jung fue un poco más allá y afirmó que la conciencia se experimenta como un niño (hijo-hija) del inconsciente, que jugaría el papel simbólico de la madre. Todo esto da a lugar a una lucha polarizada entre la conciencia (quien siento-pienso-creo que soy) y la inconciencia (todo lo que no soy yo, como el universo, Dios, el diablo, la naturaleza, los deseos reprimidos, etcétera).
En la terminología jungiana, se podría decir que un hombre esta poseído por su animus, es decir su parte femenina inconciente, que toma el control a cada rato. Aunque para profundizar en eso habría que sumergirnos en la teoria del suizo, y nuestro tema es otro.
Camino al Infierno
A veces esta lucha, en la que la conciencia lleva todas las de perder, se paraliza, pues decidimos volver nuestra mirada hacia a trás, a la época en la que no sufrimos (el tema mítico del paraíso), que comúnmente va asociado a cierta infantilización de nuestra personalidad.
Esta infantilización, si es compartida por muchos y logra tener un reconocimiento social, se vuelve no solamente aceptada, sino incluso deseada. Por ejemplo, la admiración por el poder de la violencia que tienen algunos hacia los narcos (la exageración es una manera de reafirmar la virilidad que, en el fondo, se siente amenazada por el mundo-madre); la adoración por la madre que manejamos muchos, entre otros José Alfredo Jímenez, Rigo Tovar y Mauricio Gárces.
Hacia una definición
La castración es más clara cuando pensamos en ella como la impotencia para realizar nuestra existencia. La angustia que suele aparecer en nuestras vidas tiene mucho que ver con las castraciones que vivimos: sociales, materiales, sexuales, afectivas, espirituales.
En la antigüedad, en la zona de Asia Menor, en el culto a Cibeles, era costumbre que los sacerdortes se castraran a sí mismos, en medio de los festivales.
También a durante la Edad Media, al acercarse el fatídico año mil, que se cargó del miedo al fin del mundo, por la cita biblíca, surgió en Rusia una secta llamada Skpozi, que practicaba el sexo colectivo, la renuncia a la propiedad privada, y la castración.
El disfrace no es un juego
Jung afirma que “todas las identidades colectivas que pertenecen a organizaciones, profesiones de fe en favor de tal o cual ismo… estorban y contrarrestan el cumplimiento de la individuación” es decir, de reconocer que somos algo más que un simple ego, que tenemos una sombra psiquica y muchas más cosas dentro de nosotros, de lo que podemos imaginar. Todo “ismo” es, en el fondo, una castación(1).
Las castaciones, suelen aparecer en los sueños como heridas, mutilaciones, mordeduras, la caída del cabello de un hombre, el rasurar una barba, dientes rotos, la perdida de un ojo, e incluso una decapitación.
La castración tiene como componente oculto una falta de afirmación del yo en una u otra área de la vida de la persona. Aparece muchas veces cuando se tiene que tomar una decisión importante y no se toma o se relega y se aparta para que se “resuelva sola”, u otros la tome por uno (el jefe-padre en la empresa, o en el grupo de meditación en el que me muevo). Hacemos todo esto para no resolver los sentimientos de culpabilidad o desprecio hacia cierta parte de nosotros mismos.
Posdatas, pendientes
Para otro día, el tema de la relación entre el padre “espíritu” y la madre-materia, entre la idealización de uno y la negación o rechazo del otro. Y este asunto esta típificado de manera maravillosa en el mito de Cronos-Urano devorando a sus hijos (padre-cielo madre-tierra).
También queda en la lista, la lucha que el simólismo astrológico refleja entre la luna y cáncer, y saturno y capricornio.
Así como la muerte de Medusa(2), la de cabellos de serpiente, a manos Perseo, uno de esos bonitos héroes patriarcales que eliminan el viejo orden de la diosa y convierten al mito en cuento.










He leido el artículo y me da algo de susto ver que todavía toman como autoridad a S. Freud aunque Jung era más realista si le puedo llamar asi, pero hay algo que ya deberían saber la mayoría que exploran estos temas, nadie nace con esos traumas, a menos que ya estén prediseñados en los genes.
El caso es que si las personas que se mutilan o castran, es porque ellos aprendieron a ser así, en algun momento de su vida algo les pasó, algo que nadie le tomó atención, ahora como no se van a traumar si la madre mismo (según el artículo) le inculca al niño que podría haber una castración, desde ese mismo momento, ya le ha metido una información que asocia palabras, imágenes y sentimientos que son básicos para un excelente trauma, que con el tiempo la mente lo hace más sofisticado.
Si la persona aprendió a ser así, también se puede desaprender y más rápido de lo que se imaginan, sólo es cuestión de saber su proceso que claro que se necesita la ayuda del mismo paciente-cliente, que esté de acuerdo en el cambio, porque ya sabe que algo está mal en su vida.