Coahtlicue y Kali: madres truncadas

Coahtlicue y Kali: madres truncadasCoahtlicue y Kali: madres truncadasCoahtlicue y Kali: madres truncadasCoahtlicue y Kali: madres truncadasCoahtlicue y Kali: madres truncadasCoahtlicue y Kali: madres truncadasCoahtlicue y Kali: madres truncadas

E n el mes de la madre, estamos hablando de algunas facetas, menos conocidas, del arquetipo materno. Lados de la cara de la madre que no solemos (o no queremos) ver.

La primera tentación es trabajar con las diferentes manifestaciones de la figura materna en la cultura mexicana, pero es algo digno de una tesis de doctorado, y estoy seguro que es un tema que Arbolrojo está más capacitado para manejar.

Ya hice una aproximación al arquetipo materno en los cómics (que para autores como Morrison, son una forma de mitología contemporánea), ahora tocaré al arquetipo materno en dos religiones diferentes, relativamente conocidas, pero lejanas de nuestra realidad inmediata.

Coahtlicue

En lo que sabemos de la mitología azteca (que no es necesariamente idéntico a lo que pueden haber creído los aztecas precolombinos), el arquetipo femenino, y en especial el materno, estaba segmentado de manera más marcada que en otras religiones antiguas.

La diosa triple celta, como lo indica su nombre, eran tres pero una. Acá, hay varias imágenes separadas. Y la que me interesa es Coahtlicue.

Debo admitir que fue uno de esos extraños romances que comenzaron por la vista, conocí la imagen de Coahtlicue antes de conocer su historia. Tremendamente cuadrada, violenta, dos cabezas de serpiente, falda de serpientes, y un nivel de abstracción de las formas físicas que no era típico de lo que se conoce del arte religioso azteca.

La imagen me atraía, me llamaba la atención.

La imagen de Coahtlicue que conocemos, es la última Coahtlicue, la que ya vivió su historia… ¿Y cuál es su historia?

Coahtlicue es madre de Coyolxauhqui, y de otros cuatrocientos hijos(1).

Estaba ella barriendo un templo, cuando de pronto, le cayó una bola de plumas de colibrí en el seno, y quedó embarazada.

A su hija, Coyolxauhqui, no le pareció este (virginal) embarazo, se sintió avergonzada, y encabezó a sus cuatrocientos hermanos en un intento de matarla. Le cortaron la cabeza, y de los chisguetes de sangre que salieron de su cuello, se formaron las cabezas de serpiente. Y de su vientre salió Huitzilopochtli, adulto y armado con una serpiente de fuego, a defender a su madre.

Huitzilopochtli mató, además de a muchos de sus otros hermanos, a Coyolxauhqui, le cortó la cabeza y la lanzó al cielo, donde se convirtió en la luna (para que Coahtlicue la pudiera seguir viendo y no la extrañara).

Coahtlicue es, entonces, la madre traicionada por sus hijos, que adopta una posición agresiva después de la traición. Es la diosa del nacimiento, la muerte y el renacimiento.

Es la madre que se corrompió por la venganza ante la traición de los hijos.

Y hay cierta conexión entre ella, la Malinche, y la Llorona.

Kali

El extremo más alejado de la figura materna, es aquella que reniega totalmente de dar vida, y solo la toma.

Debo admitir que, también en el caso de Kali, su imagen me pareció (y me parece) atractiva desde antes de conocer a profundidad la historia.

Una mujer escultural, de piel negra (negra como en ónix), con una falda breve, un collar de cabezas humanas, ojos incendiados en rojo, y una lengua agresivamente sacada.

La historia de Kali se arma de varias narraciones, (cosa que no es extraña, dada la amplitud y antigüedad de la religión hinduista), así que trataré de armarla en una sola estructura.

Una diosa y sus sirvientes están peleando contra un demonio, Raktabija, y resulta que el demonio no sólo se regenera, sino que de cada gota de sangre que le brota de las heridas, se crea una copia del demonio.

En la desesperación, la diosa pide a Kali ayuda. Kali aparece, tremenda y despiadada, armada con una espada y una horca, y derrota al demonio chupándole la sangre, y devora a todas sus copias.

Kali se emborracha con la sangre, comienza a bailar desenfrenadamente entre los cadáveres, continuando con la destrucción y muerte.

Entre los cuerpos, estaba Shiva, esposo de Kali, herido gravemente. Kali no se da cuenta de su presencia, y sigue el baile de la muerte, hasta que las quejas de Shiva le atraen la atención y la hacen salir de la borrachera momentánea.

En algunas versiones, Shiva se convierte en un bebé, y su llorar hace que Kali deje de bailar, y que su violento enojo sea superado por el instinto maternal. Kali se detiene, y arrulla y amamanta al bebé (reivindicando así su imagen materna de fondo, perspectiva que es más o menos común en India, pero poco conocida afuera)

Aparte de la significación esotérica profunda de la imagen, a nivel arquetípico popular, la figura de Kali habla de muerte, destrucción y el aspecto de la realidad que consume (la entropía). En lugar de dar vida, la quita, en lugar de crear, destruye. Kali, en la mayoría de sus variantes, es mucho más agresiva que la Catrina, cercana en agresividad y rigidez a la Santa Muerte mexicana.

Es notable que, cuando uno comienza a meter la nariz en las diferentes religiones, actuales y antiguas, los arquetipos maternos aparecen… distorsionados… en muchos casos.

Entre madres virginales y madres asesinas, entre madres que se sacrifican por sus hijos y mujeres que reniegan de Dios por ser egoístas, y terminan siendo madres de los demonios. ¿Acaso las figuras divinas no están ahí para servir de ejemplos de conducta para nosotros los mortales?

¿De que nos habla la presencia de estas figuras maternas distorsionadas dentro de religiones tan diferentes?

Me voy a atrever a proponer algunas respuestas, desde mi rincón de la ignorancia, dado que hablo de temas en los que no estoy especializado

Es posible que estos arquetipos distorsionados, casi monstruosos, nos hablen de nuestros miedos universales. Es posible que nos hablen de nuestra sensación de impotencia ante la imponencia de la madre, que sentimos como infantes y niños ante nuestra madre, el cómo nos sentimos como bebés, en los brazos de nuestra madre, o cuando nuestra madre nos descuida, o cuando nos cuida de más.

Quizás nos habla del miedo hacia la figura materna, que no queremos aceptar conscientemente, porque sabemos que es nuestro deber amarla, dado que nos dio la vida. Quizás nos habla del miedo hacia la naturaleza, que puede ser maternal y creadora, pero también iracunda y destructiva;  y de nuestro miedo hacia el tiempo y la muerte, y su inexorabilidad.

Empero, son suposiciones aventadas al aire, como quien lanza unas runas para hacer una adivinación de lo que esconde su alma.

  1. este número producto de veinte por veinte, ya que el sistema indígena tiene como base el 20, significa: innumerable []

Tags: , , , , , , , , , ,

Filosofo de vocación, trabajo de profesor, rolero de corazón, dedicado a saber 186,633 cosas, la mayoría inútiles y solo 23 que valen para la vida.

One Response to “Coahtlicue y Kali: madres truncadas” Subscribe

  1. Fafahrd 26 mayo, 2010 at 12:00 pm #

    No habia pensado tanto en la Coatlicue y Kali desde esta perspectiva, pero ciertamente la historia de la Llorona me habia dejado la duda… para mí las historias se perpetuan por tener algún valor para el grupo que las tiene… pero en el caso de la Llorona… ¿Un testimonio de que la maternidad puede tener dos caras? De cómo la vida y la muerte conviven a una sombra de distancia? O quizá un recordatorio de que todos somos capaces de todo.

    Ni idea…

Leave a Reply