Con el cerebro atravesado

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L a personalidad, el caracter, esos rasgos que te hacen único, diferente ¿son tuyos, te pertenecen? o quizá son parte de la anatomia, parte de la herencia biológica, y que pueden cambiar con ayuda de un bisturí, o imaginándonos un futuro de ciencia ficción, con un poco de drogas farmaceúticas.

Caminando por los pasillos del internet, me encontré con la historia de un hombre, un tal Gage, uno al que le cambio la personalidad completa después de un accidente, en el que una barra de acero le perforo el cerebro. Este caso aportó a la ciencia médica un gran avance: hay zonas del cerebro que definen ciertos patrones de comportamiento.

Lo milagroso, es que todo sucede en 1848, antes de los antibióticos y los avances en cirugía que nos trajeron las guerras mundiales.

Phillipe Gage y la barra

El buen amigo, capaz de una cuadrilla que construía el ferrocarril en Cavendish, Vermont. Un día (13 de septiembre de 1848), él olvido poner arena para evitar una explosión al colocar una barra, y al presionar contra el fondo, las chispas hicieron explosión. La barra salió volando, le atraveso el cráneo y ambos terminaron 30 metros más allá. Como no murió, lo llevaron en una carreta de bueyes hasta el doctor más cercano.

Quien lo recibió fue el Doctor Harlow, quien se las arregló para detener la hemorrogia y evitar una infección.

El mismo  dejo escritos donde describe progreso de la recuperación de Gage: El 7 de octubre volvió a caminar. El 20, habló de un comportamiento “muy infantil”, aunque con las “pasiones animales de un hombre fuerte”.

Después del accidente raramente hablaba a no ser que alguien le preguntara, y solía responder con monosílabos.

A mediados de noviembre, Gage empezó a sentirse mejor y decía no sentir dolor en su cabeza.

Al mismo tiempo, Gage empezó a mostrar fuertes deseos de volver con su familia y empezó a resultar “difícil de controlar por su amigos”.

Aparte de la pérdida de visión en su ojo izquierdo y una ligera desfiguración y parálisis en su cara, la recuperación física de Gage en abril del 1849 parece ser completa. Sin embargo, Gage fue incapaz de recuperar su puesto de encargado. Según Harlow, Gage había cambiado.

Antes del accidente era una persona trabajadora, responsable, estimada y valorada, tanto por sus subordinados como por sus jefes, que lo consideraban “el capataz más eficiente y capaz”.

Pero esos mismos jefes, después de su accidente “consideraron su cambio de carácter tan marcado que no le volvieron a dar su puesto”.

En 1868, 20 años después del accidente, Harlow describiría con más detalle los cambios psicológicos experimentados por Gage y que, según él, le habían impedido, entre otras cosas, recuperar su antiguo empleo de capataz.

Según Harlow “el equilibro entre sus facultades intelectuales y sus instintos animales, parecía haber sido destruido”.

Gage se volvió inconstante, irreverente, blasfemo e impaciente. A veces era obstinado cuando le llevaban la contraria y solía mostrarse caprichoso.

No paraba de idear planes futuros que “abandonaba al poco de idearlos”. La madre de Gage dijo a Harlow que Gage solía entretener a sus sobrinos y sobrinas con multitud de historias fantásticas sobre sus aventuras, aventuras todas ellas imaginadas.

Gage desarrolló un afecto especial hacia los animales y los niños, sólo superado por su apego a “su” barra de hierro, a la que se refería como “mi hierro” y que se convirtió en su compañera inseparable durante el resto de su vida. Por último, Harlow insiste en que Gage era muy bueno a la hora de “encontrar siempre algo que no le convenía”.

Tan radical fue su cambio que sus amigos y conocidos le llamaban “no longer Gage” (ya no es/dejo de ser, Gage). Phineas ya no era la misma persona y era mucho más agresivo.

Se dice que después del accidente fue incapaz de mantener un trabajo por mucho tiempo, ya que los abandonaba o le acababan echando por sus continuas riñas con sus compañeros.

Ante la imposibilidad de volver a su antiguo trabajo, Gage, su herida y su barra de hierro se convirtieron en una atracción en el Museo Americano de P. T. Barnum en Nueva York, el empresario circense especialisado en fenómenos, rarezas y monstruos.

Más tarde, Gage encontraría trabajo en una cuadra de caballos en New Hampshire. Luego se marchó a Valparaíso, Chile, donde se convertió en conductor de diligencias. Durante su estancia en Chile, su salud empezó a recaer y en 1859 decidió volver a San Francisco con su familia.

Gage necesitó varios meses para recuperarse del largo viaje de vuelta, que unido a la enfermedad lo había dejado extremadamente débil.

Al recuperarse, Gage trabajó en una granja en Santa Clara. Pero tan sólo unos meses después, en febrero de 1860, empezó a tener la primera de una serie de violentas convulsiones, “incuestionablemente epilépticas”.

Los ataques fueron creciendo en intensidad y el 18 de mayo Gage decidió volver a casa de su madre.

El día 21 de mayo de 1860, los ataques pudieron con él y Gage murió.

El Doctor Harlow no se enteraría de su muerte hasta 1866. Fue entonces cuando empezó a cartearse con su familia.

A petición suya, el cuerpo de Gage fue exhumado para coger su calavera y “su” hierro (no está del todo claro si fue enterrado con él o no).

Después de estudiar cuidadosamente tanto la calavera de Gage como la barra de hierro, Harlow las depositó en el Museo Warren de la Facultad de medicina de la Universidad de Harvard, a donde puedes ir a visitarlo.

¿Qué perdió Gage?: el lóbulo, hogar de la emoción y el control

Los lóbulos frontales se consideran nuestro centro y hogar emocionales de control a nuestra personalidad. No hay otro parte del cerebro donde las lesiones pueden causar una variedad tan amplia de síntomas(1). Los lóbulos frontales están envolvamos en la función del motor, solucionar de problema, la espontaneidad, la memoria, la lengua, la iniciación, el juicio, el control del impulso y el comportamiento social y sexual.

POST DATA y otros animales

Me pregunto si podremos algún día moldearnos a nuestro gusto y conveniencia. Tal vez me acerco peligrosamente al tema de las modificaciones corporales, a Frankestein, a la ciencia jugando a ser dios.

Fuentes

http://www.fogonazos.es/2009/07/con-ustedes-el-misterioso-phineas-gage.html

http://www.deakin.edu.au/hmnbs/psychology/gagepage/

  1. http://www.neuroskills.com/tbi/espfrontal.shtml []

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Lector curioso, amigo de las bromas y dueño de un humor rampante y ácido. Coleccionista de anécdotas de ingenio, crimen y locura, que son el ingrediente para el éxito de toda la comedia humana. En sus ratos libres es editor de extravía, responsable de las moscas a las que llamamos acentos y puntos, y padre de cuatro niños.

One Response to “Con el cerebro atravesado” Subscribe

  1. Carlos Filiberto 28 mayo, 2010 at 10:20 am #

    Tengo entendido que al médico de Gage le extirparon su cerebro postmortem. Igual que a su paciente. Se llamaba Paul Broca y aún se conserva su encéfalo en el muséo hospital Salpetriere de París. A él dedica su libro “El CEREBRO DE BROCA”, por cierto muy recomendable el buen Carl Sagan…..

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