Brillante armadura vestían a diario, hecha del orgullo y tirrias acumuladas con el paso de los años.
Titanes enfrentándose en su última batalla, el todo por la nada. El ganador llenaría sus manos, la dignidad del otro: un gran premio, la satisfacción de abatir a su oponente, tener la razón: lo más cercano de la gloria.
La plebe los aclamaba, los gritos enardecían el ambiente caldeando los ya trastocados ánimos.
La tierra caliente quemando, traspasa las sandalias hasta los pies, los cascos dejando entrever fuego en las miradas, veneno en las palabras, la hora había llegado.
Desenfundaron afiladas espadas cubiertas de injurias, listas para atacar ante la mínima provocación del otro.
El choque del metal enmudeció la Arena, la batalla comenzó esquivándose ágilmente pues novatos no eran. Los años de experiencia en la contienda se hacían notar.
Conocían sus debilidades, el talón de Aquiles, el punto donde más le dolía a cada uno, tanto tiempo compartiendo, durmiendo a lado del otro los hizo conocerse cual palma de su mano.
No siempre fueron adversarios, la monotonía fue tejiendo su delgado velo hasta hacer borrosa su estampa. Años de resentimientos fueron envolviendo su pecho con dura armadura para proteger al corazón, y el orgullo los cegó hasta llegar al día de hoy.
Sol de julio a sus espaldas, el sudor haciendo surcos en la frente, el cansancio, sed de amor, piernas tambaleantes, el impacto del metal atravesando armaduras. La plebe bramando enloquecida ¡muerte, muerte!
Sangre y tierra se mezclaron, cascos al piso, rodillas al suelo, después de varios años vuelven a ver sus ojos, se toman de la mano, aun queda un poco de aquel brillo en sus miradas…










Excelente final! Me encantó.
Gracias por leerlo =)