Hay un árbol de cuyas ramas no maduran frutos sino sueños.
Las palomas de las plazas lo sobrevuelan y suelen llevarse uno entre las patas, para luego depositarlo sobre la cabeza de algún paseante.
Si esa persona lo necesita, el sueño florece en su inconsciencia.
Si se rehúsa a soñar, el sueño le cae en el hombro con una forma repugnante y para beneplácito de las tintorerías.
Alejandro Silva











primer poema que me gusta en años, muy bueno
Es…Hermoso!