El Oráculo

El Oráculo

El oráculo representado por una joven mujer, sentada incómodamente sobre el trípode, miró la jofaina llena de agua mientras contestaba con vos átona al consultante en turno.

-Tu siembra se pudrirá, tu ganado morirá de sed, has ofendido a los dioses y deberás pagar…
- Pero…pero…ya pagué el diezmo y me puse al corriente con la Suma Sacerdotisa. ¿Cómo he disgustado a los dioses?
- Espera, la imagen cambia- contestó la mujer- Debes todavía una moneda de oro que deberás dejar en la caja que esta a los pies de esta escalera, sólo entonces podrás considerarte libre.

El intimidado cliente hizo lo pedido y se retiró haciendo reverencias y murmurando un repetido “gracias” hasta salir del gran salón.

El oráculo se reacomodo en el trípode derramando un poco de agua al hacerlo, su cara de fastidio volvió a su antigua expresión pétrea cuando el siguiente consultante llego hasta ella con el temor reflejado en los ojos.

-Por favor…quisiera…
-¡Calla!- dijo el oráculo- los dioses lo saben todo, escucha: tu siembra se pudrirá, tu ganado morirá, has ofendido a los dioses y deberás pagar…
-Pero…pero…ya pagué el diezmo y no quisiera decirlo pero no poseo tierras ni ganado.
-Espera, la imagen cambia- contestó la mujer- Tu esposa dará a luz un varón que matará a su padre y se casará con su madre, sin embargo este fatal destino podrá ser evitado si depositas una moneda en la caja que hay a los pies de esta escalera.

El hombre con la cara demacrada hizo lo pedido y salió haciendo reverencias y murmurando un repetido “gracias”.

Ya en la calle, se rasco la barbilla y pensó: ¡Ni madres! No me fío. Ahorita me regreso al Palacio y en cuanto nazca el desgraciado, ¡lo mando matar!

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Profesora de ilustración en el ITESO, madre de un niño y esposa de un marido, suele esgrimir contundentes opiniones sobre cosas de las que sabe mucho.

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