El mes de julio, no debería existir, es en realidad, un invento de un dictador, quien aprovechándose de su poder político y de su nombramiento como Sumo Pontifice Romano, reordeno los meses y puso uno, el suyo entre los de los dioses.
Cuanta arrogancia, para quien muere a manos de sus amigos, para uno que causo millones de muertes con sus guerras de conquistas (unos dos millones entre muertos y esclavos para las Galias, hoy Francia y Bélgica; y eso que hablamos de tantito antes de la Era Cristiana).
Cada tanto, los humanos nos sentimos desorientados, perdidos en el mismo mundo que hemos construido, y pedimos, exigimos, proclamamos a un loco con facha de genio, como nuestro líder.
Y al confiar en él, nos arrojamos de cabeza a un vórtice de cambios y mutaciones dolorosas, y que muchas veces confirman los dolores del mundo para muchos y los placeres para otros pocos (no, no estoy pensando en la Revolución Mexicana ni en la Rusa o China).
Julio inventó un mes, y nos legó a Cleopatra, la Guerra Civil Romana, unas frases que en su contexto original suenan cursis y forzadas, pero que repetimos todavía: “alea jacta est” o la suerte esta hechada, cuando sus tropas cruzaron el Rubicón, un río al norte de Italia, para tomar el poder en Roma.
Lo penoso de todo, es que el mencionado río, es apenas un riachuelo y la frase dramática, es apenas un esbozo de la mercadotecnia política que hoy nos asola (se imaginan al presidente de cualquier país actual, pisando un charco y tirándose una frasecita así, además de esperar al fotografo y al maquillista). No puedo dejar de pensar que el pasado profundo dibuja el futuro, y que aún hoy, el tiempo, esa sustancia indefinible para la Phisys-fisica, es un don de los dioses, al que hemos mancillado con nuestras torpes marcas.







