Doble asesinato de los instintos

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Si arrojas una piedra en el agua, baja hasta el fondo
por el camino más corto. Igual ocurre cuando Siddhartha se propone
alcanzar una meta. Siddhartha no se mueve:
espera, reflexiona, ayuna; pero pasa a través de las cosas
del mundo como la piedra desciende por el agua,
sin hacer nada, sin moverse.

(HERMANN  HESSE -Siddhartha)

1 El escritor pobre

Del mismo modo que a su personaje principal, sencillamente llamado “El hombre”, al escritor norteamericano Cormac MacCarthy también lo dejó su mujer cuando su hijo apenas era un pequeño de diez años. En plena miseria de escritor pobre, MacCarthy debió vérselas con la manutención de su hijito él solo, sobreviviendo ambos en una casa prestada por unos amigos, con los pocos ingresos que obtenía como profesor suplente, de algunas publicaciones escasas en revistas. Haciendo rendir las mínimas regalìas que le aportaban sus primeras novelas, todavía no muy conocidas.

Cuentan que a veces no les alcanzaba para comer. Con todo y todo logró sacar adelante al niño, más adelante, sus libros le permitirían enviarlo a la universidad. Pero el propio MacCarthy cuenta que los primeros veinte años de su carrera fueron durísimos.

En lugar de On The Road, su novela que fué llevada al cine en este 2010, el tìtulo más ad hoc para la misma debía ser “Holocausto Caníbal”, como el homónimo documental italiano setentero, Holocausto Caníbal, porque en su obra, MacCarthy parece intuir que el fín del mundo no sólo es ficción, sino realidad desde ya. Para el autor norteamericano, el ecocidio global llegó a su cúspide, matando a todos los animales y dejando tan sólo a unos pocos seres humanos, quienes sobreviven tragándose unos a otros.

2 Holocausto Caníbal

La cuestión de quién se come a quién es meramente circunstancial. A los que son comidos les ocurre así, por mero accidente, suerte, circunstancia fortuita.

Si pudieran, ante la carencia de alimentos, las víctimas se atragantarían con sus agresores. Si acaso lo pudieran o si su suerte fuese distinta, ellos serían los cazadores. El canibalismo es la única opción que encuentran los hombres, organizarse en unas efímeras bandas lideradas por caciques en turno, quienes persiguen y dan caza a los pocos hombres que deambulan en el mundo post apocalíptico. ¿Qué ocurrirá cuando ya no haya víctimas qué cazar, se tragarán unos a otros los antropófagos cazadores?

En la pelìcula On the Road, Vigo Mortenstein encarna a El Hombre, quien con su pequeño de diez años empuja un carrito de madera, escondiéndose de aquellas bandas de caníbales, teniendo que asesinar a más de alguno que quiere capturarlos para hacerlos su comida. Aquejado por algún tipo de mal pulmonar, El Hombre sabe que no le queda demasiado de vida. Debe enseñar al niño a sobrevivir. El niño, simplemente el chico.

El amor murió hace mucho tiempo. Los caníbales capturan a sus víctimas, los desnudan y encierran en pozos y jaulas. En el momento que se le despoja de sus ropas y calzado, el ser humano no es ya humano, es parte de la despensa, lo mismo que un cerdo o una gallina que será degollado, ahumado, cocinado y tragado. En cuanto sientan hambre, los cazadores los destazarán vivos y llevarán al ahumadero.

Las imágenes no son jamás directas, ni en la novela, ni en el filme, sólo son sugeridas, asomadas, anunciadas. No por ello menos aterradoras, tal vez por eso, más horrorosas.

Pareciera, decíamos, que MacCarthy vislumbro el Holocausto desde ya. De ningún modo en un futuro lejano ni distante. Sino ya. La cuestión de quién mata o quién se come a quíén, es sólo circunstancial. La víctima de hoy otrora fué cazador de humanos y devorador de inocentes. Aquel que arroja hoy la primera piedra y corta la cabeza de su vecino, quizá mañana, si las circunstancias no le son favorables, también caerá y será cocinado.

3 Requisitos para ser comido

Antes de caer su cabeza, a la víctima se le tiene que convencer de algún modo, o de muchos que sus días están contados, incluso sus minutos, acaso sus segundos. A algo semejante, en las instituciones se le llama hoy en día “bulling”.

El acoso incesante de empleados, alumnos, estudiantes y trabajadores. El no respeto de su unicidad e individualidad. Pretendiendo que en un momento dado, se convierta en víctima y se entregue por sí mismo a sus acosadores. Obteniendo mayor sumisión de su parte, convenciéndole por todos los medios que no es más que un guiñapo, carne de cañón para que los fuertes (en turno, pues más tarde caerán) pasen por encima de él, se diviertan con su ser, simplemente lo utilicen.

El chivo sirve para expiar todas las mediocridades e inutilidades de las instituciones contemporáneas. Sobre él, como sobre el pobre Judás recaen todas las fuerzas patológicas de los incapaces.

Lamentablemente, el Judás, en su momento también pateó traseros, lamió culos y piso cabezas. Por desgracia el día de hoy le tocó su momento de caer.

Las familias, como instituciones, también despojan de sus instintos básicos a sus miembros para mantenerlos dóciles y cercanos a su seno. Instintos como el de defensa-agresión, supervivencia, el de reproducción sexual, son cohartados, amputados, extirpados de los sujetos.

El individuos, dócil, castrado,  asexual, servil y obediente es el prototipo hoy en día, el miembro más deseado, el hijo más querido de la empresa, la familia, la iglesia, la secta, la escuela, el partido político…

Es curioso, conforme los seres humanos extendimos la distancia de nuestra naturaleza esencial, como la potencia sexual, la capacidad de reproducciòn, la virilidad y feminidad genuinas, la capacidad de defenderse de los agresores, la bùsqueda de justicia, otrora valoradas enormemente por pueblos antiguos, ahora resultan peligrosas, dañinas y sospechosas para las instituciones y las familias.

Es así como El Hombre, cerca del final, extenuado por la neumonía, se tiende -representante de la humanidad decadente y enferma-, sobre la playa contaminada de chapopote.

Por fortuna, su pequeño hijo es adoptado por una familia compuesta de padre, madre y dos niños. Sorprende que tengan un perro, un hermoso pastor. ¿Cómo es que no habiendo comida, no se hayan atrevido a tragarse al perro? Sorprende encontrar, cuando se les encuentra, a los pocos espacios donde aún sobrevive el amor.

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About Carlos Filiberto Cuéllar

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Carlos Filiberto Cuellar. (Guadalajara, México, 1976). Es escritor y psicólogo. Sus novelas: Tristísima (Deauno.com, 2008) e Histérica y Adorada: Cuentos de Psicoanálisis en México (Deauno.com, 2007), además del libro de testimonios: Hombres de a Pie: Dos Chamanes del Occidente Mexicano, pueden ser consultadas en la página electrónica: www.amazon.com Su correo personal es: carneuro@yahoo.com.mx

2 Responses to “Doble asesinato de los instintos” Subscribe

  1. gonzo 11 agosto, 2010 at 8:25 pm #

    como siempre un placer leerte carlos

  2. carlos filiberto cuéllar 12 agosto, 2010 at 9:41 am #

    Estimado Gonzo, un placer a mí que me leas, felicidades por tu admisión a la universidad…..!!!

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