S ólo hasta ese instante fue que se dio cuenta de todo, sólo hasta ese último segundo fue que comprendió tantas cosas, estar en la delgada línea que divide le dio la claridad que la mayoría pasamos la vida entera buscando.
Toda su existencia descifrada y resumida en algo tan sencillo, y solo reparo en ello hasta encontrarse inocuo y desarmado.
Aun que difícil de aceptar, fue concebido por el calor apasionado de sus padres, unión de células que con amor lo crearon. Creció en el cálido vientre materno para salir a ser acogido en sus tibios brazos, ternura que solo una madre sabe dar.
En sus primeros recuerdos atesorados las navidades en casa de la abuela, el calor de hogar mezclado con el olor a galletas recién hechas impregnando el aire, nada podía hacer el frio con un solo minuto de esas noches de fiesta.
Su niñez recapitulada en esas calurosas tardes de verano, el sol bañando los juegos de la infancia con sabores a fruta fresca, ir al parque, correr en el pasto imaginando, soñando.
Las locuras de la juventud, vaporosas noches de adolescencia, los calores del primer amor, sentir elevar la temperatura al tomar su mano y robar ese primer beso.
Crecer y aventurarse con los amigos, la complicidad, lazos fraternos sellados con ardientes tragos de tequila, las fogatas en la playa, sentir la sangre ardiendo en las peleas.
Como relámpago, por azares del destino se toparon, el fuego de su sola presencia, pláticas interminables al calor de las copas, acaloradas discusiones, el calor de su abrazo, el saber que la había encontrado.
Las noches eternas de hacer combustión en la cama, la excitación, explotar de pasión creando vidas nuevas, tenerlas en sus brazos, protegerlas, dar cobijo en cada caricia.
Trabajar bajo el sol para que no faltara nada, las largas jornadas dejando marcas en el cuerpo y la piel tostada.
Calentar el nido vacio con todo el amor acumulado, abrazarla sintiendo aun su pecho encendido, tomar su mano para seguir el camino, esa cálida sensación de compartir toda una vida, de entender juntos el ocaso.
Increíble tener que vivir toda una vida para darse cuenta que todo cuanto hay se reduce a algo tan sencillo, tan simple para no darnos cuenta, tan constante para estar en cada segundo, tan intenso que su sensación no se olvida, tan etéreo que un fuerte viento puede apagar su flama. Le dicen amor, se siente como un gran calor, abrigo, una llamarada, pasión, calidez, un fuego que consume al alma; el lo tuvo a cada paso, vivió un eterno verano.
Y en el momento que su cuerpo se enfriaba lo único que pudo sentir fue el calor de sus labios.











muy bello.