Pues si querido amigo, estimado lector, hace unos añitos vivió en la provincia de Michoacán, un tal Fray Jacobo Daciano (así le decían los viejos españoles), que para mayor información, aparte de franciscano y teologo reputado, era de sangre real, hijo de reyes, hermano de reyes. Y quien sería defensor de los indígenas y sus derechos a ser tratados iguales.
Quizá lo que lo distingio de sus familiares, aparte de no prestarse a chismes del Hola!, fue que al momento de darse la reforma protestante, él prefirió abandonar y no mezclarse en política (al aparecer también era el chipocludo de la provincia, es decir el provincial), y emigrar a países que mantuvieran la fe católica.
Bueno, en realidad, todo el desmadre comenzó cuando su hermano mayor, Cristián II, se convirtió en rey y para recuperar el dominio danes sobre Suecia, la invadió en 1520 (los suecos habían expulsado a lo daneses en 1502), y para “terminar” de asentar su poder, tuvo la feliz ocurrencia de mandar a entrevistas con el verdugo a todos los que consideraba como adversarios o rivales al trono.
Aquello fue conocido como El Baño de Sangre de Estocolmo. Y en 1523, los nobles le volteraron la tortilla y tuvo que huir. Un consejo del reino nombró rey a un tío suyo, don Federico de Gottorp, a quien nombraron, para aumentar la gracia, rey de Suecia y Dinamarca.
Y bueno, pues Cristián II se tuvo que ir con “toi” y maletas al exilio, así como su esposa, doña isabel, hermana de un tal Carlos, Emperador de Alemania y Rey de España.
Y en esos ratos de ocio que suelen acompañar a los poderosos en desgracia, entró en contacto con las ideas y bondades de la reforma de Martín Lutero, mismas que le permitían controlar a obispos, sacerdotes, órdenes religiosas.
Ideas que también sedujeron a su tío el buen Federico, el rey en funciones, quien permitió que en 1528 con una virulencia enorme. 15 de los 26 conventos franciscanos fueron cerrados. Quizá habría que recordar que las órdenes en aquellos tiempos tenían grandes riquezas y disponían de numerosas tierras y beneficios.
En 1531 Cristián tuvo la idea de intentar recuperar lo suyo, y con el apoyo de su cuñado se fue a la guerra. Pero en agosto del siguiente año, su tío lo invitó a parlamentar; y bueno, el señor tuvo la brillante idea de terminar con el conflicto encerrando al molesto sobrino, quien se pasaría 17 años en un castillo.
Y bueno, para no hacer el cuento largo, un pariente lejano de la familia real, quien aprovechó la intermitente guerra civil entre los burgueses protestantes de las ciudades, la nobleza católica y la intervención de Holanda, para hacer la guerra en nombre del preso Cristián II.
Tan buen guerrero resulto, que asoló el país durante dos años, hasta que los nobles pidieron la ayuda del hijo del viejo rey, a la sazón duque de Schlewsig-Holstein. Y este buen amigo, que sitio la capital en 1535-36, y la capturó, nombrándose así mismo Cristián III. A los meses el nuevo Rey uso su poder y aprovecho el cansancio de la guerra civil, para implantar la reforma religiosa, se abolieron las órdenes religiosas, clausuraron conventos y quienes no estuvieran dispuestos a vivir con las nuevas reglas, pues fueron invitados al destierro.
Así pues, el buen Jacobo Gottorpius o Daciano se dio al viaje.
El camino lo llevo a la corte imperial de Don Carlos Quinto (el mismo del chocolate), sacro románico germánico emperador (algo así como el pez gordo de Alemania, aunque ésta no existía todavía) y de España (que tampoco había nacido aún). Allí recibió la encomienda de ir a las tierras recién descubiertas y trabajar en ellas.
Jacobo
Nació en 1502, pocos años después del “descubrimiento” de América. Tercer hijo de Juan y Cristina de Dinamarca, quienes regieron el país entre 1455 y 1513.
¿Y qué hizo en la colonia?

Este buen Fraile predicó y evangelizo la region michoacana, la mitad más cercana a Jalisco, que comprende de norte a sur de Tlazazalca a Parangaricutiro y Tingambato; y de este a oeste de Tarecuaro y Tingüindín a Tzintzuntzán y Patzcuaro.
Habría que anotar que apenas en 1536 se fundo la Provincia franciscana en la Nueva España. Y el fraile llego en 1542, donde trabajo como misionero hasta su muerte en 1566 o 67 en Tarecuato Michoacán.
Aunque lo más importante, a mi parecer y mal juicio, es su entrega a los indígenas y la defensa que hace con su conocimiento en Teología, para que los “indios” puedan recibir todos los sacramentos, es decir, que puedan ser ordenados sacerdotes.
En palabras actuales: lucho contra el racismo y la discriminación, exigiendo que los nativos tuvieran igualdad de derechos que los europeos.
La derrota de Jacobo y otros como él, significo que los indígenas recibieron un trato de niños y que no pudieron entrar a uno de los pocos sistemas de ascenso social que el régimen colonial les podría haber abierto.
Así se aseguraron los españoles, en especial los burócratas y militares, que el sistema político y la riqueza que da, permaneciera solamente en sus manos, negando la posibilidad de crecimiento a las sociedades indígenas y mestizas del continente. Amén.
PD.. no puedo resistir la tentación de decir, a que mal tiro, que chinguen a su madre los discriminadores y todos aquellos que alegando superioridad, niegan al otro, a la otredad. Después de todo, México casi es un catálogo de ello.
Fuente: Fray Jacobo Daciano, de Jorgen Nybo Rasmussen, Ed. Colegio de Michoacán, 1992.










Órale, qué interesante!!!
Vaya que ingenuo soy, de verdad crei que SAR Principe Putañero Federico Andres Enrique Cristian de quien sabe que madres, de verdad habia visitado tierras Purepechas. Muy interesante e ilustrativa entrada…