EMOCIONES MUTANTES Y GUERRAS GALÁCTICAS

La violencia es el último recurso del incompetente.

In memoriam, Isaac Asimov

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Hace miles de años que la humanidad emigró hacia nuevas galaxias, abandonando la Tierra y su sistema solar para desplazarse rumbo a desconocidos lares del Universo.

Los hombres lograron explotar el átomo hasta el máximo, creando poderosas naves nucleares, armamentos hecatómbicos, alimentos artificiales empaquetados que les permiten sobrevivir en el espacio durante siglos en viajes infinitos. Empero, no han logrado manejar aún tipos de energía renovables que no inunden los nuevos mundos descubiertos con basura, mierda humana y desechos de cualquier tipo. Donde quiera que la humanidad se acentó a lo largo del Universo, quedaron campos y desiertos de basura y muerte. Sembradíos de desperdicios, planetas saturados de residuos que tardarán otros mil años en ser reintegrados a la naturaleza.

Satélites plenos de desechos, ruinas, cagada humana y tecnológica. Ojalatas, cascazas metálicas de viviendas y naves espaciales que no sirven a nadie y tardarán una eternidad en absorverse y reutilizarse. Acaso nunca más vuelvan a servir todos aquellos  despojos y sobras de tecnología rápidamente desmodada y abandonada donde sea.

Por ello, los hombres se han movido sin descanso de una galaxia a otra, de un planeta a otro, agotando los recursos hasta extinguirlos. Necesitando cada cierto tiempo, nuevos lugares y universos qué explotar. Dejando inservible cada nuevo ecosistema que sistemáticamente es descubierto, explotado al máximo y usado hasta agotarlo y extinguirlo.

La humanidad es un cáncer masivo, un virus migratorio arrasador en busca de nuevas Gaias que poblar y matar.

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Hay un tipo de energía, solamente de un tipo único, que la mayor parte de los hombres, incluso quienes tienen absoluto dominio de la energía atómica y la tecnología, no han logrado en lo absoluto manejar: la energía de las emociones humanas. Isaac Asimov evita nombrarla energía espiritual, probablemente por su propia formación científica occidental. Pero es energía mental en potencia. Pero lo sugiere.

Un gran psicólogo e historiador llamado Hari Seldom predijo que era necesario replantear el rumbo de los hombres, de lo contrario la humanidad caería pronto en el caos total y la anarquía. Probablemente se autodestruiría en poco tiempo a ese paso. Seldom no le dá a los hombres más que otros cien o doscientos, a lo mucho trescientos años más de vida como especie. Luego no quedará nada. Asimov, en sus libros Primera y Segunda Fundación no habló de samuráis, pero Seldom, su personaje principal, en cierto modo es alguna especie de Samurai o de brujo mental.

En términos psicológicos occidentales se le llama a su habiliadad, autocontrol. Quien es capaz de conocerse y explorarse a sí mismo a fondo, puede conocer y operar sobre las emociones de los otros. Más o menos. Y Seldom es un experto en el conocimiento y manejo de las emociones.

Mientras la mayoría de los hombres perdieron su inteligencia emocional, es decir, la capacidad de identificar, leer y manejar las propias emociones y también las ajenas,

Hari Seldom y sus seguidores se han especializado en leer las emociones y manipularlas. Fundaron una sociedad secreta denominada la Segunda Fundación, la cual pretende guiar el rumbo de la humanidad hacia la supervivencia y la armonía.

Pero la Segunda Fundación fué incapaz de predecir la aparición de un segundo personaje siniestro: el Mulo. Una mutación humana que puede invadir las mentes de quienes lo rodean y controlarlas tan sólo con la sulla. Es enano, de un metro y fracción, pero con todo y todo se apodera de la galaxia. Convirtiendo a sus enemigos en servidores suyos, controlando sus emociones, matándolos de pánico con sólo un parpadeo cuando se niegan a servirlo. Tal es su poder emocional y mental por encima de los seres humanos comunes y corrientes, quienes perdieron su inteligencia emocional, sacrificándola al servicio de la tecnología y la energía atómica.

Cualquier parecido con Dark Vader de la Guerra de las Galaxias, es mera coincidencia, pues Asimov es muy anterior a George Lucas. Si Hari Seldom les recuerda al pequeño y sabio Yoda, y la Segunda Fundación a los Jedis, prefieran pensar que también es coincidencia. No queremos creer que Lucas y Spielberg leyeron a Asimov y olvidaron reconocerle su influencia. Desde luego que no, ¿verdad?

El Mulo se encuentra a punto de descubrir el recinto de la Segunda Fundación, su mayor escondite, pues a los samuráis espaciales no puede controlarlos con sus retorcidos poderes psicológicos. Por lo que su intención es exterminarlos a toda costa. Habiendo llevado un arsenal de armas nucleares y naves de guerra hacia un pequeño planeta de pastorcillos, donde sus informantes le dicen que se esconden los psicólogos mentales, parece que el mutante tiene todo a su favor para ganar la guerra.

De pronto ingresa a su nave matriz un modesto personaje llamado sencillamente Primer Orador. No porta armas, ostenta más de setenta años de edad, viste un sencillo traje de pastorcillo. Es el líder, el maestre en turno de la Segunda Fundación. Heredero del legado de Hari Seldom.

El Mulo se burla de su apariencia modesta. Aquella aberración no humana tiene más de mil naves equipadas y no tardará en bombardear el miserable planeta de pastores, casi un desierto habitado por sencillas personas que aparentan vivir aún en la Edad de Bronce. Es curioso que la Segunda Fundación lo haya elegido como su presunta sede de operaciones y hogar.

En eso, el Primer Orador le plantea al temible Mulo un sencillo cuestionamiento, advirtiéndole que algunos de sus enviados de la Segunda están en camino rumbo a sus dominios, evadiendo desde luego las naves enemigas. En cuanto lleguen al palacio imperial del Mulo, le dice tranquilamente el anciano, extenderán como un virus su poder mental, subvertiendo a sus seguidores y poniendo en su contra a sus servidores. Es posible que el Mulo pueda destruir aquel pequeño planeta de campesinos utilizando la más moderna tecnología armamentista, pero cuando el enano vuelva a sus dominios encontrará una galaxia entera en su contra. Pues tan sólo con el poder mental, la gente de la Segunda Fundación, puede influir en las emociones de los otros, y convertirlos de la maldad hacia el bien en pocas horas.

En un lapso breve de segundo, tan sólo una mínima fracción de tiempo en que el Mulo duda y comienza a ser invadido por el miedo, el Orador logra penetrar su mente, como con un certero golpe de karate mental. Se apodera de la infecta psicología del personaje mutante, convirtiéndolo y haciéndolo olvidar sus oscuras intenciones bélicas. Nunca más pretenderá destruir ni invadir a nadie.

El Orador y la Fundación no necesitaron matar ni derrocar al Mulo. La Fundación ha ganado la partida. Sin ser vencido por la vía de las armas, el mutante morirá como un líder pacífico y mediocre.

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En los años setentas no se acostumbraba, o dicen que no se acostumbraba aún hacer el análisis de VIH a los donantes de sangre en las clínicas y hospitales de los Estados Unidos. Al recibir una transfusión de plasma en una pequeña intervención, el escritor y divulgador científico Isaac Asimov fué contagiado de SIDA.

Las Guerras de las Galaxias evocarían hasta el infinito su Fundación y sus samuráis mentales. Aunque nadie lo reconozca.

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Sobre Carlos Filiberto Cuéllar

Todos los ensayos de Carlos Filiberto Cuéllar
Carlos Filiberto Cuellar. (Guadalajara, México, 1976). Es escritor y psicólogo. Sus novelas: Tristísima (Deauno.com, 2008) e Histérica y Adorada: Cuentos de Psicoanálisis en México (Deauno.com, 2007), además del libro de testimonios: Hombres de a Pie: Dos Chamanes del Occidente Mexicano, pueden ser consultadas en la página electrónica: www.amazon.com Su correo personal es: carneuro@yahoo.com.mx

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