E ste va a ser uno de esos meses. Creo que voy a hacer por lo menos dos ensayos cursis. Probablemente es un récord.
Hace unas semanas fui operado de un ojo. Mi vista siempre ha sido, desde la adolescencia, ligeramente deficiente, pero como me acostumbré a entrenar sin usar lentes, la verdad no soy tan dependiente de ellos. Pero la operación no fue para mejorar mi vista, sino para evitar perderla. Los años de enfermedades crónicas han ido dañando mis ojos, y en uno de ellos, ya comenzaba a peligrar la retina.
He tomado fotos buena parte de mi vida, desde como los doce o trece años, una manera de desahogar los impulsos artísticos que mi abuelo materno (pintor) trató de inculcarme. Cuando, por ahí de los 16 años, comencé a necesitar lentes, dejé de tomar fotos durante un tiempo (en aquellos años tenía una cámara análoga, de esas en las que hay que controlar todas las variables, incluyendo enfoque… y enfocar bien es difícil cuando tu vista no es buena). Una vez que me adapté a los lentes, y que la graduación dejó de cambiar, regresé a las fotos. De hecho, a veces las fotos que aparecen en mis artículos son mías también. La ventaja de las cámaras inteligentes es que ella decide el enfoque y todas las demás variables.
Las fotografías, para mí, son como los haiku. Se trata de capturar toda la experiencia propia en un momento, mostrarla comprimida en una forma accesible para los demás. Y además de todo, tratar de que sea estéticamente agradable.
A decir verdad, la consciencia de la posibilidad de perder la vista, ha modificado mi manera de apreciar mis sentidos, a lo largo de mi vida. Por un lado, he aprendido a usar mis otros sentidos, por si algún día tengo que suplir mi vista con los demás. Por otro lado, me ha hecho apreciar lo que veo, mucho más.
De entre lo poco bueno que me ocurrió durante estas vacaciones de verán, estuve en un retiro en una zona semidesértica, a unos pocos kilómetros de un pueblo llamado Encarnación de Díaz (famoso por su pan y sus gorditas). La casa de retiro está situada en la parte alta de un valle, lo cual permite una extraordinaria vista de los amaneceres. Todos los días que estuve allá, salí temprano para ver el amanecer, y antes de dormir, salía a ver el cielo estrellado (que en nuestra zona urbana, por la contaminación lumínica, no podemos ver). Estoy consciente de que cada amanecer, cada anochecer y aún cada cielo estrellado, son únicos e irrepetibles. Y quería guardarlos en mi memoria.
A veces tomamos la vida por garantizada, a veces tomamos a los demás, con los que compartimos la vida, como garantizados. Incluso tomamos a nuestro cuerpo y nuestra salud como garantizados. Y la verdad es que no tenemos ninguna garantía. No somos inmortales. Cada momento que compartimos con cada persona es importante, y por eso suelo dar las gracias después de un rato de buena convivencia o agradable plática. No somos inmortales, y nada en nuestra existencia humana es eterno ni está garantizado, por eso hay que saborear cada instante.










Ciertamente cada momento cuenta, y comparto ése gusto por las fotografías, aunque yo suelo abandonarlo con frecuencia. El dibujo, ése sí no puedo soltarlo.
Un pleito que tengo es co la memoria, tanto grandes momentos con tan gente variada a través de los años y me doy cuenta de todo lo que he olvidado. Algunas de esas vivencias fueron valiosas, pero no por ello vencieron el teflón de mis neuronas.
Tengo una Minolta setentera que hace mucho no uso, gracias por recordarme lo padre que es tomar fotos tendre que sacarla del baul de los recuerdos. Si tiene su ventaja las camaras de ahora pero en lo personal prefiero las viejitas donde la foto tiene más mérito.
Las fotos son una buena manera de guardar momentos, lo malo que muchas veces engañan…
Me gusto mucho la parte final del ensayo, muy cierta… =)
La parte que mencionas de perder la vista como que me llegó, tengo una muy buena resistencia al desgaste por la edad, pero la vista siempre me ha fallado, a lo largo de mis 34 años he perdido mas del 50% de mi capacidad visual, pero la verdad eso también es disfrutable, sentir el peso de los años sobre el cuerpo se me hace gratificante, es una de las pocas cosas que me recuerdan todo lo que he vivido, oh y también soy fan de la fotografía, adoro tomar imágenes con el celular, es increíblemente divertido capturar momentos con ese aparato