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Dos hombres entraron a la ciudad; el primero lo hizo por el norte y el segundo por el sur. Tenían que encontrarse ya, un asunto muy serio aquejaba la vida de ambos, tenían un problema que solucionar, una cuenta que saldar.
El sol de medio día brillaba alto en el cielo claro libre de nubes y las señoras colgaban la ropa de los tendederos para aprovechar su calor. Mientras lo hacían cantaban todas la misma canción: Somewhere over the rainbow, y junto con el olor de la comida recién sacada del horno, estas apasionadas mujeres le daban un ambiente de hospitalidad a la calle Ceibas.
La calle, la más hermosa y pintoresca que estos hombres habían visto en su vida, no estaba pavimentada, sino que era un empedrado antiguo cuyas piedras ya estaban cubiertas de musgo acompañado de flores que emanaban un esquisito aroma: los niños jugaban a la pelota o hacían carreritas con sus triciclos nuevos que el Niño Dios les había traído la noche anterior. Si, era navidad, y aunque en Argentina era pleno verano y el sol iluminaba todo, no detuvo a los locales para adornar cada árbol con las tradicionales lucecitas de colores.
Los padres veían a sus hijos jugar y los abuelos se retaban en una épica partida de ajedrez mientras las abuelas sacaban sus sillas y se sentaban en la banqueta para platicar de sus navidades pasadas.
En verdad una calle como de cuento. Ambos hombres al fin se encontraron, y al hacerlo se dieron un fuerte abrazo, entraron a una cantina y con tarro de cerveza en mano se dispusieron a cantar: “Somwhere over the rainbow, the sky…”
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Dos hombres entraron a la ciudad; el primero lo hizo por el norte y el segundo por el sur. Tenían que encontrarse ya, un asunto muy serio aquejaba la vida de ambos, tenían un problema que solucionar, una cuenta que saldar.
Aunque era medio día y el sol debería de estar a la mitad de su recorrido todo parecía estar en tinieblas. Estos días no eras normales en la calle Ceibas, se respiraba un aire caliente y húmedo, muy condensado: todas las puertas y ventanas estaban cerradas con candado, no se escuchaba nada, ni el canto de algún pájaro o el ladrido de un perro, mucho menos la voz de un ser humano.
La vegetación que en alguna época fue abundante ahora estaba muerta o no existía: un ambiente de miedo y zozobra hacía que cada paso en aquella calle fuera una pesadilla en vida. Los dos hombre se encontraron, Ceibas calló en un silencio mortal, el aire pareció hacerse más pesado.
Comenzaron a discutir, se tornaron violentos. El ruido despertó a los niños que dormían, la gente se asomaba por la ventana para ver el encuentro, estaban muertos de miedo. De pronto se escucho el llanto de un niño que gritaba el nombre de su padre, llamándolo desde dentro de una casa y el padre afuera. Se distrajo, el padre perdió de vista a su enemigo, este no perdió el tiempo y de un solo golpe le corto la garganta con un cuchillo.
El asesino arrastro el cadáver hasta la banqueta y lo amarró de un poste de luz, y ahí lo dejo… si caminas por Ceibas aún se escucha el llanto del niño al ver a su padre amarrado al poste.










simplemente me encanto….=D
Muchas gracias XD
A mi también!!!
DDD
and ♫ blue birds fly…
filosofar es una aventura apasionante en aquello que te hace libre, se filosofa con un texto, pero también con la música, con la pintura, con la vida cotidiana, con las situaciones específicas… así que creo que tenemos el contexto para hacerlo, solo hace falta hacer nuestra la sentencia “atrete a pensar”
Elahas, brutalmente bueno, en serio, brutalmente bueno