1
No es tanto que estuviera triste, más bien se encontraba a si mismo en una existencia vacía a partir de una pregunta a la cual le buscaba desesperadamente una respuesta, mirando fijamente un punto en la pared de su cuarto, el punto que quedaba justamente a la altura de sus ojos al tumbarse en la cama sobre su costado izquierdo.
Una respuesta que no había llegado en más de un mes, mes en el cual la noche se transfiguraba en una búsqueda que lo dejaba exhausto y lo sumergía en una especie de limbo sin sueños ni descanso.
Y se le fueron acumulando las lunas debajo de los ojos, haciendo sus pómulos sobresalir como montes en su rostro con la piel débil, pálida como de un anciano, como un papiro.
Así como hay iluminados, hay obscurecidos.
Intentó confundir su vacío en la melancolía y la soledad, en el rechazo de las demás personas, de los niños que en la infancia le decían raro y le arrojaban piedras hasta que lloraba, las mujeres que no sabían amar y que él tanto había intentado.
Pero su vacío no era la acumulación de derrotas.
2
Sentía la putrefacción de su espíritu en su pecho, así que un día cualquiera, al alba, salió del pueblo, abandonando su rebaño, su familia y todo lo que conocía y caminando a través del valle se fue convirtiendo en una especie diferente de humano.
¿Por qué se fue? Empezó a distraerse, como una anestesia y se dio cuenta que iba evolucionando en su vacío sin haberle encontrado una respuesta y ese era un lujo que no se iba a permitir. Él decía para sus adentros: “El sinsentido de mi vida es independiente de mi manera de sentirme al respecto.”
Y así, caminando, fue acumulando heridas, sobre todo, en los pies, hasta que frente a él se extendió el lago inmenso de fuego líquido, Gehena.
Trató de caminar sobre las aguas, como los elegidos, pero al fracasar emergió en la orilla opuesta, escurriendo sangre y agua, con el cuerpo y el alma hechos jirones.
Y sin nunca dar la vuelta (so pena de petrificarse en sal), llegó otra vez al pueblo, sintiéndose cansado y solo.
Y como a Ulises, no lo reconoció ningún alma, más que su perro.
3
Se encontró a si mismo bajo las estrellas, mirando la bóveda celeste con las pupilas incandescentes y habló.
- ¿qué eres?-
- infeliz.-
- ¿por qué?-
- por que camino sobre la tierra sin una razón para vivir.-
- ¿y no es así más hermosa la existencia? Si no tienes una razón… eres completamente libre. No “tienes” por que hacer nada, puedes hacer lo que quieras por el mero placer de hacerlo.-
Ese peso enorme no necesitaba de él para mantenerse.
Regreso al pueblo como un gigantesco Atlas liberado, sin una respuesta. Aunque había caminado muchas vidas, llego al mismísimo lugar.
Y caminó sin dirección, con su perro al lado, dejando la tristeza para que se pudriera en otro cuerpo, por que también ella fue inútil, y por lo tanto, desechable.










muy bueno!! cargado de emciones…
Gracias, creo reconcer en tus palabras el sufrimiento de alguien muy cercano. Me ayuda a comprender mejor su yo complejo.
gracias a ti por leerme y hacerme saber que no es en vano lo que escribo.
Esta muy padre, espero poder visitar tu página y conocer más d elo que haces.
Mucho éxito en lo d caminos, ójala quedemos en la premiación