¿Padre de la patria? ¿Héroe?
Quizá en este momento bicentenario, voy a sonar hereje e hijo de puta, pero creo que más nos valdría averiguar a que santo le rezamos, no vaya a ser que en la hincada no jinque por la espalda.
Hidalgo, amigo de ricos
Según los pocos y pobres documentos que existen sobre la conspiración de Queretaro, Don Miguel, mejor conocido como “el zorro”, había asistido a varias reuniones mas dando un nombre falso, pues no quería comprometerse seriamente con el alzamiento.
Y en esta historia es de llamar la atención que las reuniones se llevaban a cabo en la casa del Corregidor de Querétaro (algo equivalente a gobernador), es decir de un hombre del sistema, un personaje político, un animal del poder -él y no su mujer era el corregidor-.
Se supone que el levantamiento en armas ocurriría en San Juan de los Lagos, durante las fiestas de la virgen, aprovechando que allí estarían muchos de los amigos de Ignacio Allende, oficiales del ejército novohispano como él.
Mas según la versión oficial, que es casi como una estampita de album, los conspiradores fueron delatados por un hombre que se arrepintió poco antes de morir y se confesó dándole instrucciones al sacerdote para que llevara su confesión al gobierno, y en esa lista estaban todos, menos los corregidores.
Acto seguido, con órdenes directas de la capital, Don Miguel Ortiz ordena encerrar a su mujer bajo llave y se va a arrestar a los traicionados. Bueno, una de los hechos menos conocidos de nuestra sacrosanta historia patria, es que en aquellos momentos, la doña estaba en estado interesante, esperando un hijo más.
Este embarazo -sería niña-, al poco tiempo de nacer fue enviada a un convento y su familia practicamente la olvidó, hasta que al independizarse este país, y pasar de imperio a república, el congreso le otorgó como a otros, la pensión que se le dió a los hijos y viudas de los héroes de la independencia, y en dicha acta no consta por gracia de quien, como si lo fue en las restantes pensiones.
Un amigo mío, mal pensado y lengua larga, sugirió que el embarazo era producto de un intercambio amoroso de fluidos entre Allende (que no andaba allá sino muy acá) y la Josefa, que para esos momentos andaba por los 37 años, es decir una edad respetable.
Mi conocido, sugirió que en realidad, el traidor fue el cornudo y que por esto él no se encontraba en la lista negra. De ser así, la independencia sería obra de una trágedia casi cómica, si olvidamos los cien o doscientos mil muertos que costó, así como la riqueza de la Nueva España.
DOS
Cuando Allende llega con el Cura Miguel, ambos deciden lanzarse a la buena de dios, a ver qué pasa. Hidalgo se lleva a sus sirvientes, algunos amigos y a la peonada de las haciendas y rancherías con se le cruzaba en el camino. ¿Cómo le hizo para convencer a los rurales para que se fueran con él? cargando incluso con mujeres, hijos, gallinas, puercos y hasta con la mesa y las ollas de la cocina, sí aún que me lo crean, aquello parecía más una emigración a una nueva Tenochtitlán.
Aquello pasó de una marcha militar -como la imaginaba Ignacio- a un movimiento popular con razgos utópico-mesiánicos, sobretodo después de pasar por Atotonilco el grande y tomar prestada una imagen de la Virgen de Guadalupe, lo que conectó al movimiento con los reclamos de los criollos, mestizos e indígenas.
Pero había algo más, por cada lugar por donde pasaba Hidalgo, tenía a bien abrir las cárceles y reclutar a los prisioneros. Cabría recordar que allí se encontraban sobretodo ladrones, borrachos, asesinos, algunos blasfemos y ocasionalmente aquellos que tenían deudas o no habían pagado al cura sus privilegios.
Y por añadidura, don Miguelito dispuso del oro y monedas que encontraba en los templos, usando éstos en el pago de la “nómina” del ejército que había levantado.
La Nueva España había salido de unos malos años de cosechas y hambrunas, por lo que muchos se habían refugiado en las ciudades y pueblos grandes, y a ello se sumó la idiotez del gobierno imperial español (de los borbones bribones) de pagar sus gastos de una guerra perdida contra Inglaterra, tomando los depósitos que se hacían en las cofradías de los templos, y que eran de patrimonio popular. Así pues, el panorama económico y social de los años de 1808 a 1809 fue de un barril de polvora, al que sólo le faltaba la chispa, una que el mortal cura encendió.
EUROPA
Y por si fuera poco, la Madre Patria se encontraba ocupada por los ejércitos napoleónicos, gracias a un pacto imbécil, que hizo un tipo llamado Godoy, que a la sazón era amante de la reina y hombre de confianza del rey. Este señor ideó un plan en el que España ayudaba al Napo a conquistar Portugal y luego le pasaban una parte de ambos países para crear uno propio.
En fin, la jugarreta fue tan mal calculada que terminó con el rey y toda su familia prisionera en Bayona, y el cargo de “rey” en manos de Pepe “Botella” Bonaparte, gracias a los juegos de manos de su carnal y los 65 mil pelados que estaban allí de “paso” para Portugal.
MENTIRAS
¿En que mentió Hidalgo?
En que su lucha era por reponer en su puesto a Fernando VII, preso de los franceses, en que su lucha era contra las autoridades del virreinato que querían entregar el poder a los emisarios de Napoleón, en que respetaría las vidas de los españoles que se entregarán a él (en un primer momento se planeaba llegar a México y obligar al virrey a dejar el poder en manos de una junta de notables, que con toda seguridad serían criollos).
Y las más grande, la que inventamos nosotros, que lo hacía por amor a la patria (que todavía no existía ni en el pensamiento) y la libertad, y no por motivos personales, como el odio y el rencor que sentía hacia el gobierno que le había confiscado las propiedades a su familia, y de paso, con tal acto, causarán una depresión y muerte posterior a Mariano Hidalgo.
Una de las primeras confrontaciones entre Miguel e Ignacio fue la táctica del primero de saquear haciendas, ranchos y pueblos, entregado como botín a su gente. Los criollos que en un principio apoyaron al movimiento, deseaban un simple cambio de personajes en el sistema político del virreinato, no la destrucción de la propiedad y riqueza de la nación.
Bueno, pero también Allende mintió.
Se dijo estratega y general, experto en artillería, y su expediente muestra en la práctica puras derrotas.
La primera acción importante, la toma de Guanajuato, la ganaron porque tenían tanta gente y los pocos defensores tan pocas balas, que no pudieron evitar que se acercaran a la puerta y la destruyeran.
Se calcula que los defensores y sus familias eran unas 300 personas, incluyendo mujeres, niños, ancianos y algunos sirvientes. Todos murieron. }
Del otro lado se habla de entre 5 y 6 mil muertos.
En ella, los cañones de Allende no lograron acertar blanco, a pesar de estas en una posición de ventaja, pues la ciudad tiene la forma de una sartén, con los edificios en la parte más baja.
La de Monte de las Cruces se salvo gracias a la torpeza del enemigo y a que tenían un montón de carne de cañón, y cuando casi habían ganado los realistas, el borlote de la “bola” deshizo la victoria.
Pero para cuando se enfrentó a Calleja en Guanajuato (después del Monte de las Cruces), perdió como tonto de capirote. Guanajuato no es una ciudad para presentar batalla y menos para defenderla, como debería saber cualquier general que elige el lugar para la batalla, en el que se busca la ventaja para tus tropas.
Donde se cubrió de polvo y de plano no tuvo madre, fue en Puente de Calderón, Hidalgo había vuelto a levantar un ejército de harapientos, méndigos, peones, alguno que otro soldado y muchos desorden, que con el que llegó a Guadalajara, y allí se le unió Allende con los restos de sus tropas.
Pasaron en la ciudad un mes, en el que se imprimió un periódico, se repartieron cargos públicos y militares, se acusó a Joaquín Hidalgo de “clavarse” la lana del movimiento, pues era el tesorero, y se degolló a un montón de españoles que se habían entregado al Cura.
Según Allende, él entendia de cañones y podía ganar una batalla con ellos, pero la realidad era que solamente había leído libros y no entendía la realidade de una batalla.
Según los historiadores, del lado insurgente había entre 50 y 80 mil hombres, la mayoría coincide en que la cifra era de alrededor de 60 mil, de los cuales sólo mil eran soldados entrenados, bajo el mando de Allende. En frente estaba Calleja, un señor de pocas pulgas, con unos 5 mil y tantos casi seis mil soldados, algunos de ellos no tenían mucho entrenamiento pues eran regimientos levantados por ricos hacendados españoles, aunque si disponían de armas.
El asunto es que Calleja ordenó algo así como cinco cargas, en las que los realistas mataban a muchos de las primeras filas, pero era tan grande la masa que al poco tenían que retroceder para no quedar rodeados. Mientras los cañones de Allende, no lograban atinarle a las filas realistas y en vez de bombardear con tiros rasantes para evitar las cargas, los inexpertos artilleros trataban de enviar tiros elevados.
Al final, parece que un accidente destruyó la “moral” del ejército insurgente: una carreta con municiones explotó y provocó tal masacre en la retaguardia, que muchos comenzaron a huir, provocando la desbandada de todos.
Así pues la victoria contra una de las pocas fuerzas que se oponian a que Hidalgo y compañía volvieran a marchar sobre la capital, ganó por accidente… y porque Hidalgo nunca quizo someter a la disciplina militar a sus irregulare tropas, pues ello hubiera puesto a Nacho Allende por encima de él, pues al parecer, la estancia en Guanatos le hizo soñar con quedarse él como amo de la Nueva España.
PosData
Por cierto, la mayoria de las imágenes de Hidalgo y Allende que se conservan son de mucho después de su muerte, recordemos que entre 1811, cuando mueren y la independencia de 1821, hay un trecho, además de que en los primeros años, el Emperador Iturbide, un pariente lejano de Hidalgo, no quizó reconocerlos como padres de la patria. Así pues, las imágenes que conocemos de ambos son meras idealizaciones de los periodistas y los malos poetas que inventan mitos para una patria naciente.En la mayoría de los retratos de Allende, lo vemos con un uniforme típico de la moda napoleónica, que no llegaría hasta un par de años después de su muerte.










