Hablemos de relaciones… el otro lado de la moneda

¿Qué se espera de un hombre en una relación de pareja?

¿Qué se espera de un hombre mexicano en una relación de pareja?

¿Cuáles son las convenciones sociales con las que un hombre mexicano tiene que lidiar al entrar en una relación de pareja?

No estoy seguro de ser  el hombre adecuado para responder esas preguntas… mi vida ha transcurrido con un pie en la cultura mexicana, y el otro en otra(s); y mi récord en cuanto a relaciones de pareja no es exactamente el mejor.

Pero dado que abrí mi bocota y le propuse a NorFer escribir el otro lado de su artículo, y nadie quiso escribir sobre el tema, yo, como filósofo, por lo menos debería ser capaz de redactar algo entretenido para ustedes los lectores.

Lo lógico sería escribir este texto en el mismo estilo que el de NorFer, pero, dadas mis paupérrimas habilidades literarias y estéticas, lo haré como Dios me dé a entender.

Y, aunque supongo que no es necesario hacer la advertencia, será obvio que aunque trate de hablar de casos generales, algo de mi percepción subjetiva del tema se filtrará.

(Cuando escribo un texto en el que las primeras doscientas palabras son advertencias y avisos… hay algo anormal…)

Creo que, al igual que la mujer mexicana, que es forzada a embonar dos arquetipos contrarios (la madre virgen y la prostituta) al hombre mexicano se le piden características que a veces son contradictorias entre sí.

Se espera que sea fuerte, que sea estable, que sea el rompeolas que resiste hasta a la más huracanada tormenta, pero al mismo tiempo, la mujer suele desear un hombre emocional, que sepa tener sentimientos y reconocerlos, incluso que no tenga miedo de mostrarlos.

Se espera que un hombre sea proveedor, que trabaje y que ponga “el pan (o la tortilla) en la mesa”, pero al mismo tiempo, se espera que sea detallista, que sea dadivoso, que le regale cosas a su hembra.

De un hombre mexicano se espera que sea macho, que sea capaz de mostrar conductas de macho alfa, incluso, que sea dominante con la mujer (mujeres) y que sea el líder de la manada (familia), proveyendo a los hijos (cachorros machos) con los ejemplos de conducta que sirvan para formarlos como machos. Pero al mismo tiempo, la mujer en muchos casos, espera que su hombre le sea fiel (en todas las dimensiones posibles, que son más de una) y leal.

Se espera que el hombre mexicano sea persistente, que insista y que no se rinda. De hecho, una de las más extrañas historias relacionadas es que una vez, una mujer, a la que comencé a pretender, y rápidamente me dijo que no, en una plática uno o dos años después me dijo: “Norbert, te dije que no para que insistieras, para que le lucharas”.

El código binario no sirve bien con las mujeres. Pero por otro, se espera que el hombre sea abierto, que se permita contemplar nuevas opciones, que busque fuera de la caja, cuando las opciones dentro de la caja no son suficientes.

Se espera que el hombre mexicano sea amoroso, que cuide y chiquie tanto a su pareja como a sus hijos, peo al mismo tiempo, se espera que sea “educado”, es decir que cumpla con las reglas de etiqueta, que sepa cómo comportarse en sociedad.

Al estar escribiendo esto, me vino a la mente los consejos de mi abuelo materno (el mexicano) solía decirme dos cosas cuando yo era pequeño (y no, no tenía barba cuando era niño):

a) un hombre nunca sale sin cinturón ni dinero, siempre hay que traer dinero. Y b) los hombres mexicanos deben ser feos, fuertes y formales.

Creo que eso muestra claramente su percepción de lo que es un hombre. Otra memoria, un poco posterior -por ahí de los diez, doce años-: cuando era niño, tenía un amigo muy cercano, vecino de mis abuelos maternos. Eventualmente, conocimos a varias niñas que también vivían por la zona. En algún juego, me puse del lado de las niñas, dado que una de ellas me gustaba. Posteriormente, mi abuelo me regañó, por no haberme quedado del lado de mi amigo.

Es cierto que las relaciones de pareja pueden llegar a ser deshumanizantes. Sartre lo señaló claramente hace más de 50 años (Si, aún debo el artículo sobre el concepto de cosificación, que hemos estado utilizando en varios de los debates en esta revista virtual).

Y es cierto que mucha de esa deshumanización/cosificación se da por las expectativas que tenemos de la pareja, expectativas que han sido instaladas culturalmente, a través de la educación recibida en la familia y la sociedad.

Pero, y este es un gran pero, las relaciones de pareja también pueden ser humanizantes. Cuando se logra un Amor verdadero en una relación de pareja, los amantes (el término es técnicamente correcto, los que aman son amantes) se plenifican, se desarrollan, crecen como seres humanos, a través de la relación.

Y en el Amor verdadero, se trascienden las preconcepciones, las expectativas falsas generadas por los estereotipos e incluso por el enamoramiento. En una relación donde hay Amor verdadero, hombre y mujer se ven frente a frente como seres humanos, se reconocen mutuamente y se abren al otro, confiando totalmente.

Puede ser ilusamente optimista, pero aún creo en el Amor.

N.E. escuchar música como Cats Stevens, o Tears in heaven de Eric Clapton, o ya de plano un disco de boleros románticos de Pedrito Infante, puede ayudar a paladear este arranque de honestidad calculada del buen Norbert.

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Filosofo de vocación, trabajo de profesor, rolero de corazón, dedicado a saber 186,633 cosas, la mayoría inútiles y solo 23 que valen para la vida.

3 Responses to “Hablemos de relaciones… el otro lado de la moneda” Subscribe

  1. Alois 2 septiembre, 2010 at 8:20 pm #

    ¡Viva el optimismo!!!
    :)

  2. Fafahrd 3 septiembre, 2010 at 12:02 pm #

    ¡Bien expresado! El ejemplo de la chava que se negaba para que le insistieran es tan cierto como desesperante, pero ocurre más con las tapatías que con otras mexicanas.
    Creo que el estereotipo imperante es el de “príncipe azul televisa”… aunque ultimamente algo de los Almada y raperos empieza a mezclarse.
    Mujeres, tan desesperantes como adorables…

  3. nOrFeR 3 septiembre, 2010 at 2:36 pm #

    ¡¡¡Muy buena contraparte!!!

    Los puntos que tocas son muy ciertos, y leyendo me di cuenta de que todo recae sobre la educación: a la mujer la enseñan a ser sumisa y al homber machista, pues que buena mancuerna, ahora si que como dirian por ahi: “El charco pal marrano”.

    Nos han metido pero muy profundo en el cerebro aparte de expectativas, maneras de proceder que a la hora de ponerlas en practica nos hacen dificil la convivencia… si las mujeres podemos ser desesperantes en verdad. =)

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