La Suerte y La Muerte

h e tenido la suerte, larga y prolongada, de no ver morir a nadie cercano a mí, durante infancia y juventud, tuve el placer de creer que la muerte era algo que solamente me ocurriría a mí.

Ya entrada en la treintena conocí ese acto misterioso que es dejar de funcionar: dos primos hermanos, uno de cada rama de mi árbol, se fueron con una diferencia de dos meses.

Ese año también tuve un accidente carretero, que aunque ligero, podría haberme costado la vida (a mí o a mi pareja), o ya de perdida, una brazo, un ojo, un rostro desfigurado, pero no paso de un hematoma marcha chamuco bajo la rodilla izquierda y la perdida total del auto.

Y para esos extraños juegos de tejo que hace el destino, ocurrio casi en medio de las muertes de mis parientes.

¿Qué sentira o vivira un huerfano? Como te cambia la vida el terremoto que es el fin de uno de los tuyos.

Ni idea, ni pinche idea. Poco a poco he aprendido a  ver las cicatrices que tiene la nación y los clanes familiares: la revolución y la cristiada dejaron como herencia un reguero de hijos sin padre, mujeres sin marido (muchas muy enojadas pero demasiado deprimidas para mostrarlo). Es un poco como si hubiesemos olvidado que era ser hombre y hubiesemos construido un mal remedo, un pátetico payaso llamado macho (en todas sus variantes, desde Pedro Infante hasta el cacique priísta y el gran macho-presidente).

No lo sé. Intuyo un poco pues vengo de una familia de huerfanos. Mi madre perdió a su padre en la adolescencia. Y Éste, al suyo cuando niño.  Según cuentan mi abuelo tenía que caminar descalzo pues gracias la pobreza en que quedó la familia, tal era la costumbre. De alguna manera las generaciones que hay entre los padres muertos y el mío, que sigue vivito y coleando, ha permitido a mi clan reconstruir lo perdido.

De alguna manera creo que si la mujer es profunda en la paciencia, el hombre lo es en la perseverancia. Si la madre es la cueva, el padre es el cielo. Si el esperma es la lluvia, la tierra el vientre. La mujer descubre el infinito mirando la locura de los hombres; el hombre descubre lo ilimitado en el calor de sus palabras.

P.D.

Ahora, con los días de medicinas y sabios hospitales (caros y relativamente efectivos pero funcionales en promedio), tengo la esperanza de ver crecer a mis nietos y quizá a una generación más.

No sé si mi buen humor habitual -eso supongo yo, no sé que digan los demás-, tenga mucho que ver con eso. Y a veces, cuando veo los noticieros, en los que aparecen huérfanos de la guerra, niños soldado, mutilados por ataques idiotas de helicopteros o cosas así, me avergüenzo de mi mismo, y me pregunto si el destino me hubiere marcado para nacer en una casilla como esa, me pregunto si mataría o robaría, si lo haría para ayudar a los otros o si lo haría por el miedo de mí y el de los míos.

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Lector curioso e insaciable, amigo de las bromas y dueño de un humor rampante y ácido. Coleccionista de anécdotas de ingenio y bondad, de crimen y locura, que son el ingrediente para el éxito de toda la comedia humana. En sus ratos libres es editor de extravía, responsable de las moscas a las que llamamos acentos y puntos (y que a veces se merienda), y padre de cinco niños, aunque no todos estén aquí.

2 Responses to “La Suerte y La Muerte” Subscribe

  1. Roberto 29 marzo, 2011 at 10:15 pm #

    Bueno la verdad y por experiencia digo que la suerte no existe, lo que existe es las ondas mentales las cuales emiten una frecuencia de cierta medida, si se puede decir así, el caso es que si tienes tendencia a tener miedo así porque si, sólo las personas miedosas son las que estaran siempre por tu lado.

    El punto es que de esa forma es que van a estar en empatía. En cambio si una persona que no acostumbra a tener miedo, claro que siempre hay una razón, pero asustarse así no más, nunca se van a juntar y eso es por las frecuencias.

    Así funcionan los ladrones, sólo le roban al que detectan que pueden, ellos reciben el mensaje que usted le manda inconscientemente, aun estando en medio de mucha gente, ellos se van a dar cuenta que usted lleva algo de valor, porque usted se lo ha dicho.

    En tu caso, aunque pienses en la muerte eso no quiere decir que tu frecuencia sea de muerte, como ejemplo: yo pienso que soy millonario pero en la realidad mi frecuencia está más por la pobresa, por lo tanto nunca voy a ser millonario. Para que la frecuencia sea congruente usted tiene que sentir a parte de pensar que es millonario, sólo así usted llegará o conseguirá lo que piensa, no hay otro camino.

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  1. Bitacoras.com - 25 marzo, 2011

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: he tenido la suerte, larga y prolongada, de no ver morir a nadie cercano a mí, durante infancia y juventud, tuve el placer de creer que la muerte era algo que solamente me ocurriría a mí. Ya entrada en la treintena conocí……

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