Mis problemas con la autoridad I: la escuela

Mis problemas con la autoridad I: la escuelaMis problemas con la autoridad I: la escuela

P odría ser increíble para quien me conozca, en segundo de primaria fui alumno de 10 y mención. Quizá porque amaba a la maestra Teresita, porque creía que era un buen niño, o porque en ese entonces la vida me sonrío con una cortesía poco habitual. 

Pase a tercero y comenzaron mis problemas. Nos dio clases un profe, al que apodaban “chilitos”, en parte porque siempre usaba un sueter rojo y en parte porque acostumbraba pegarle a los niños. Solía usar la mano, mas no siempre, recuerdo que una vez, argumentando que tenía una cortada en la palma, usó la regla de pizarrón (sí, esa de un metro, de madera). Aun recuerdo la sensación de miedo y angustia cuando Arana, mi amigo, recibió el golpe, el sonido solitario pues ni una mosca osó respirar. Al poco tiempo tuvieron que despedirlo o jubilarlo, no lo sé.

Por cierto, todo esto pasó en el viejo Cervantes Centro, donde ahora se encuentra una universidad de tres al cuarto.

Luego vino cuarto, donde descubrí la miopía ¿o ella a mí? y el profesor Adrián, otro hombre viejo, torpe y ciego (usaba unos grandes y profundos lentes que convertían a sus ojos en peces presos y sordos).

Él también acostumbraba ser violento, rudo con los niños, pero lo disfrazaba de juego y cariño. Y nosotros torpes, en cierto modo carentes, desorientados, llenos de huecos y padres que no sabían, aceptabamos ese perverso ir y venir. Antes de entrar se paraba en la puerta del salón y a uno de nosotros, el coro, la corte, le tomaba la mano y le tronaba los dedos. Yo creí que era un honor sufrir aquello, vaya que dolía, pero era un privilegio que no se repetía ni se ofrecía segundas veces.

Aquel maestro injusto, criado en la obediencia ciega, me dejo un la sensación de sinrazón y delealtad, pues se conformaba con calificar sin revizar y con mi miopía, él no tuvo empacho en ponerme cinco, sin averiguar nada.  Todavía recuerdo cuando nos pidió de un día para otro hacer de uno en uno todos los números del 1 al 10,000.

Al día siguiente cuando fue regañado por estúpido por un padre de un compañero, dijo que nos habíamos equívocado y que era para dentro de una semana. Aquello fue en palabras de mi padre una idiotez completa y me aconsejo hacer trampa, que al final hicimos casi todos, solamente dos o tres terminaron aquella lista infernal, tonta, sin sentido.

Aunque también recuerdo que en ese año, una educadora del Nueva Galicia fue ha hacer sus prácticas durante una semana con nosotros. No sabía la palabra pero me enamore de ella, y saber que solamente la vería una semana me hizo entender un poco de lo largo y corto que es el tiempo, la locura que no querer que termine el día y desear que ya llegue el siguiente.

De alguna manera entendí que mi padre prefería darle la razón a los profesores y no escuchar a su hijo, quien podría estar equívocado o en un intento de esconder sus errores, pero también era un niño que frente a la escuela y sus ogros empotrados en escritorios, llenos de plumas y tareas, dueños de tu felicidad, necesitaba ser escuchado.

Originally posted 2011-03-10 19:55:46. Republished by Blog Post Promoter

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Lector curioso, amigo de las bromas y dueño de un humor rampante y ácido. Coleccionista de anécdotas de ingenio, crimen y locura, que son el ingrediente para el éxito de toda la comedia humana. En sus ratos libres es editor de extravía, responsable de las moscas a las que llamamos acentos y puntos, y padre de cuatro niños.

7 Responses to “Mis problemas con la autoridad I: la escuela” Subscribe

  1. Norbert Schwartz 10 marzo, 2011 at 8:21 pm #

    Rogelio… yo tambien estuve con el chilitos… hay que revisar los anuarios, a ver si no resulta que fuimos compañeros…
    Mis memorias de la infancia son pocas, borrosas, pero admito que tambien tengo una o dos memorias traumaticas con el chilitos…

  2. Ram 10 marzo, 2011 at 8:37 pm #

    Y pensar que aparte de todo, tus jefes pagaron por esa “educación” chale, si es de pensarse

    • Arbolrojo 10 marzo, 2011 at 8:49 pm #

      Pues si, he escuchado algunas historias de escuelas de monjas que uno se lleva a preguntar cuál es el motivo oculto que existe en alguien que se dedica a la educación. Una situación en completo desnivel entre el poder fáctico del profesor y la del alumno.

      DeL asunto del sádismo ni hablar.

  3. Eddie 10 marzo, 2011 at 10:56 pm #

    Regla de madera en waldos, $15.00, computadora para escribir en un blog en la red, de $2mil a $20mil, que el editor de una revista ponga “disfrasaba” en una historia muy personal sobre maestros de la escuela, eso no tiene precio…

    Yo tengo historias también sobre profes que aventaban borradores y gises, y sobre alumnos idiotas que llevaban sus iguales progenitores y quitaban a un maestro que me pudo hacer querer a las matemáticas o la química, así que… entonces donde esta el nivel educativo en México…

    • Jose Rogelio 12 marzo, 2011 at 6:52 pm #

      Gracias por la correción. Hecha.

  4. gonzo 11 marzo, 2011 at 2:13 pm #

    we dont need no education.

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  1. Bitacoras.com - 10 marzo, 2011

    Información Bitacoras.com…

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