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	<title>Extravía &#187; Cuentos</title>
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	<description>Viento de palabras</description>
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		<title>CRISTEROS BATTLE PART 2</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Jul 2010 15:17:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Filiberto Cuéllar</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[cristeros]]></category>
		<category><![CDATA[federales]]></category>
		<category><![CDATA[sodados]]></category>

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		<description><![CDATA[Carlos Domingo mandó a la caballería esconderse en los linderos del valle de Monte Escobedo. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Carlos Domingo mandó a la caballería esconderse en los linderos del valle de Monte Escobedo. Fuera de la vista del enemigo.</p>
<p><img class="alignright size-medium wp-image-6284" title="Revolucion2 Eluni" src="http://extravia.net/wp-content/uploads/Revolucion2-Eluni-230x300.jpg" alt="" width="230" height="300" />Por su parte, Juan Pablo  había diseñado unos cañones construidos con grandes tubos de bronce, antes utilizados para transportar agua potable. Aquellos cilindros enormes eran rellenados  con pólvora, clavos, tornillos, arena, piedras de hormiguero y cualquier fragmento metálico que pudiese introducirse por sus bocas.</p>
<p>Posteriormente el pastor los hacía detonar con la ayuda de una mecha fabricada con hilachos y resina cruda de pino. Una vez encendido su rudimentario dispositivo activador, aquellos dragones de bronce vomitaban una pesadilla de fuego, piedras, arena y metales derretidos. Que se impregnaban e incrustaban en los cuerpos del enemigo, amedrentándolos, quemándolos e hiriéndolos sin remedio hasta sembrar el caos en sus filas.</p>
<p>Juan Pablo se ocultó junto con otros 150 jinetes en los linderos del valle, donde comenzaban los robledales y bosques de pinos gigantes de la Sierra de Monte Escobedo.</p>
<p>A unos cuantos kilómetros de una comunidad conocida como el Mortero, del estado de Zacatecas, en la frontera con Jalisco. Bajo aquellas coníferas inmensas y raras, sobrevivientes de la Edad de Hielo, Juan  Pablo y sus jinetes se resguardaron llevándose doce cañones de bronce.</p>
<p>Desmontaron sus animales, manteniéndolos muy cerca de las tropas para poder utilizarlos en cualquier momento y cubriéndose con ramas.</p>
<p>Al fondo del valle, Carlos Domingo y 400 miembros de su infantería se alinearon ordenadamente, preparándose para hacer frente al ejército federal.</p>
<p>Alguien dio el aviso en el campamento de las tropas gubernamentales donde pernoctaban tranquilamente las fuerzas de Obregón y varios centenares de mercenarios agraristas pagados con tierras y dinero.</p>
<p><img class="alignright size-medium wp-image-6285" title="Revolucion3 Eluni" src="http://extravia.net/wp-content/uploads/Revolucion3-Eluni-200x300.jpg" alt="" width="200" height="300" />El huichol y sus cristeros los esperaban para entablar batalla. Juntos, los hombres del gobierno y sus aliados sumaban 800 efectivos contra los cuales se enfrentarían poco menos de seiscientos cristeros, no del todo bien armados. Por lo menos no igual de bien armados que los soldados profesionales, financiados y equipados con dinero de la nación.</p>
<p>Muchos de los guerrilleros de Carlos Domingo eran indígenas tepehuanos y huicholes quienes aún vestían taparrabos y andaban descalzos. Armados con arcos y flechas, lanzas y cuchillos de montaña. Sus torsos desnudos constituían un blanco fácil para los modernos rifles de los federales. Empero, una vez enzarzados en la lucha cuerpo a cuerpo con el enemigo, los habitantes de la sierra eran diez veces más letales que un soldado raso, mal pagado y poco curtido en la vida de la montaña.</p>
<h3>FIRE, FIRE, FIRE</h3>
<p>Los federales se adentraron en el valle con lentitud y vacilantes. No les faltaban pocas razones para temer encontrarse próximos a una trampa.</p>
<p>Un comandante de los gubernamentales, de enorme cráneo triangular y rapado el casco por completo, olisqueó la atmósfera, temeroso de una emboscada.</p>
<p>Al frente se encontraban formados en perfecto orden los hombres de Carlos Domingo aguardando por el enfrentamiento.</p>
<p>El centauro apareció al frente de sus filas. Ataviado en su calzón de manta blanco y con un abrigo de lana diseñado expresamente para él por una anciana tepehuana. Portando un enorme y elegante sombrero de manufactura huichola, con centenares de colguijes pendiendo de sus alas, su tamaño y envergadura indicaban su elevado rango espiritual entre los brujos indígenas. Los ancianos de las comunidades de la sierra se lo entregaron para que lo protegiera durante la batalla.</p>
<p><img class="alignright size-large wp-image-6286" title="4575670420_ee2387ff65_o" src="http://extravia.net/wp-content/uploads/4575670420_ee2387ff65_o-295x479.jpg" alt="" width="295" height="479" />La gente de sus filas lucía sus calzoncillos blancos también de manta, guerreros adornados con  plumas, penachos y pintura ritual. Armados con prolongadas lanzas de más de dos metros, macizos arcos de cornamenta de venado y agudas saetas de mezquite. Fusiles y antiguos mosquetes de un solo tiro, listos para dispararse sobre el enemigo.</p>
<p>El ejército federal se les aproximo en silencio y a paso lento. Cuando pasaron junto a las arboladas donde Juan Pablo y su caballería se encontraban ocultos, se escucharon varios estruendos.</p>
<p>Las doce bocas de los cañones escupieron su aliento de lumbre, metal y roca sobre los vulnerables flancos del ejército de Obregón,</p>
<p>Los fragmentos al rojo vivo, la arena y rocas derretidos se incrustaron en sus cuerpos, encendiendo sus ropas, perforando sus carnes y haciendo cundir el pánico entre las filas de los gubernamentales.</p>
<p>Los cañones atronaron tres veces más, hiriendo al enemigo, achicharrándolo y rompiendo sus filas.</p>
<p>De entre los árboles emergió la caballería cristera, encabezada por Juan. Los jinetes dispararon sus fusiles sobre los agraristas, los empalaron con sus lanzas o blandieron un filoso machete por sobre las cabezas rapadas de los soldados enemigos, abriéndoles el cráneo como  cocos fracturados.</p>
<p>Al fondo del valle, la infantería cristera aún no se movía ni chocaba con los federales.</p>
<p>El castrado de Carlos Domingo relinchó, elevándose sobre sus dos patas traseras, aspirando el aroma del inicio de la batalla, contagiado por la adrenalina, el olor de la sangre y la pólvora que ya cundía y se propagaba en todo el terreno.</p>
<p>El anciano levantó el brazo en señal de fuerza. Sus hombres, mestizos e indígenas, lanzaron un feroz grito de apoyo a su líder que rebotó haciendo eco en las montañas cercanas. El centauro miró al cielo con sus profundos ojos grises, se encomendó a sus dioses antiguos y extrajo su sable del cinturón. Entonces dio la señal de ataque.</p>
<p>La infantería cristera se precipitó sobre las unidades del gobierno, que, desorientadas por los ataques laterales y el fuego de los cañones, los recibió en desorden. Se escucharon bastantes disparos en ambos bandos, pero la mayor parte de la lucha ocurrió cuerpo a cuerpo.</p>
<p>Desde el flanco del ejército enemigo, Juan Pablo propiciaba incesantes y mortíferos golpes con ayuda de sus hombres. Un indígena de origen náhuatl: Martín Pescador, había sido asignado por Carlos Domingo como su guardaespaldas personal. Desde su cabalgadura el indio no dejada de disparar una flecha tras otra y no se le despegaba al joven pastorcillo. Debía protegerlo por sobre todas las cosas y responder con su vida por la de Juan.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-6287" title="4575109947_8e6375d6cf_o" src="http://extravia.net/wp-content/uploads/4575109947_8e6375d6cf_o.jpg" alt="" width="264" height="280" />La caballería siguió girando, atacando, regresando y volviendo a golpear a los agraristas, avanzando, penetrando sus costados y aplastándolos cada vez más. Por su parte, las unidades federales perdían gradualmente la formación que les quedaba, cayendo en el desorden total, el pánico y la desesperanza, preludio de la muerte y la derrota.</p>
<p>Juan Pablo utilizaba un prolongado sable español bastante filoso para abrirse pasa por entre las angustiadas cabezas de los agraristas, abriéndoles el cráneo o decapitándolos. A su lado, Martín Fierro no cesaba de disparar sus saetas a diestra y siniestra.</p>
<p>Alguien derribó a la yegua de Juan, en realidad la bala iba dirigida a su pecho pero erró el blanco, haciendo saltar los sesos ensangrentados de su montura. El pastor rodó hasta el suelo, lastimándose el cuerpo. El comandante de los federales se disponía a atravesarlo con su bayoneta cuando lo detuvo una flecha del arquero indígena. Veinte soldados del gobierno se precipitaron sobre el líder de la caballería cristera. Juan derribó a tres de ellos con su espada. Los demás se le vinieron encima. Martín Fierro disparó cinco flechas más, cegando cinco vidas de aquellos soldados pelones. Se arrojó sobre ellos desde su caballo tordillo pura sangre, con su enorme cuchillo curvo desenvainado. Degolló de un golpe a un oficial del gobierno. Luego cayeron más y más federales sobre ellos hasta que todo se volvió una masa confusa de carne, sangre y hombres sin sentido.</p>
<p>Desde el frente del valle, Carlos Domingo iba reduciendo las filas de los federales, pisando con sus cascos y sus hombres encima de los enemigos muertos. Capturando prisioneros o rematando con el tiro de gracia. El anciano estaba feliz, preso de un frenesí por el triunfo de la batalla que contagiaba a sus tropas y se extendía entre los hombres, infundiéndoles un ánimo creciente hacia el fin de la lucha.</p>
<p>Cuando uno de sus oficiales tepehuanos, un indígena de considerable estatura, oscura piel y facciones aguerridas, armado con una poderosa lanza, le avisó que ganaban la batalla, aún no se imaginaba la suerte que habían corrido el joven pastorcillo y su guardaespaldas al caer heroicamente en medio del combate.</p>
<!-- PHP 5.x --><div class='clearfix' id='about_author'>
<img width='80' height='80' class='avatar' src='http://www.gravatar.com/avatar.php?gravatar_id=37350326363edba3264b6fecf94ed2d5&default=&size=80&r=PG' alt='PG'/>
<div class='author_text'>
<h4>El autor: <span>Carlos Filiberto Cuéllar</span></h4>
Carlos Filiberto Cuellar. (Guadalajara, México, 1976). Es escritor y psicólogo. Actualmente vive en Colotlán, hacia el Norte de Jalisco, y labora en la Universidad de Guadalajara. Sus novelas: Tristísima (Deauno.com, 2008) e Histérica y Adorada: Cuentos de Psicoanálisis en México (Deauno.com, 2007), además del libro de testimonios: Hombres de a Pie: Dos Chamanes del Occidente Mexicano, pueden ser consultadas en la página electrónica: www.amazon.com Su correo personal es: carneuro@yahoo.com.mx
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		<title>Náuseas</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Jul 2010 15:31:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[dolor]]></category>
		<category><![CDATA[mujer]]></category>
		<category><![CDATA[separación]]></category>
		<category><![CDATA[suspiros]]></category>
		<category><![CDATA[tristeza]]></category>

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		<description><![CDATA[Como gasto papeles recordándote Como me haces hablar en el silencio Como no te me ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><em>Como gasto papeles recordándote<br />
Como me haces hablar en el silencio<br />
Como no te me quitas de las ganas<br />
Aunque nadie me ve nunca contigo.<br />
Y como pasa el tiempo.<br />
Que de pronto son años<br />
Sin pasar tú por mí. Detenida</em></p>
<p style="text-align: left;">
<p style="text-align: left;"><img class="alignright size-full wp-image-6266" title="2707161272_deed572068" src="http://extravia.net/wp-content/uploads/2707161272_deed572068.jpg" alt="" width="496" height="500" />No me inundó la desesperación, más bien me aventé a ella con la melancolía de una armónica.<br />
Como una noche cualquiera en la ciudad, donde encerrado en un cuarto, en una casa, en un portón me doy cuenta que llueve y que las goteras son lo más triste, y mi cuarto, mi casa y mi portón se parecen mucho a mí, a mi insomnio, a la sombra del genio que debí ser.</p>
<p>Alguna vez fui un alma buena, solo que ya no lo recuerdo. Y no es que sea malo, pero soy triste y van como hermanos. El malo le hace daño a lo que quiere dañar, el triste daña todo lo que se acerca a  él.</p>
<p>Y la vida se vuelve un recuerdo, donde a veces miro su fotografía y sé que me desespero por que respiro más duro, más pesado.<br />
Le quiero preguntar: ¿En serio nunca piensas en mí?</p>
<p>Una vez me perdí entre tus pestañas, entre tus labios, entre tu piel, sobre tu espalda dormida y tus cabellos. Y para mí eras sagrada, santísima.<br />
No fue tan difícil como dijiste salirme de tu vida, y ni siquiera merecí un adiós, solo un perdón, y yo no te quiero perdonar, te quiero de regreso.</p>
<p>Quisiera ser fuerte, aunque sea los domingos.</p>
<p style="text-align: left;">Por que a pesar de todo, de tí se dijo: “hagámosla a nuestra imagen y semejanza.”<br />
Y me siento al lado de mi abuelita y veo que ella es como yo, que extraña mucho a mi abuelo, que lo recuerda y lo vive y le hace altares de suspiros, por que como ustedes no están, los podemos imaginar como mejor nos convenga, recordando siempre lo mejor.</p>
<p>Nunca te dije que le puse nombre a tus ojos: Altaír y Vega. Eran como gotas de océano cuando salías escurriendo de las olas y me abrazabas para quitarte el frío. Es de día y ahora es noche. Ahí donde pisaste brillan las arenas, y con los pies mojados me cantas bajito, susurrando, y hay millones de estrellas en tu cabeza, en mis pupilas.</p>
<p>Eres  fuego y yo soy tus cenizas.</p>
<p>No estás.</p>
<p>Hubo tiempos felices.</p>
<p>Los papeles se van acumulando, envejeciendo, como si llevara ya una vida de extrañarte.</p>
<p>Aparece como desconectado. Los mensajes que le envíes le llegarán cuando inicie sesión.</p>
<!-- PHP 5.x --><div class='clearfix' id='about_author'>
<img width='80' height='80' class='avatar' src='http://www.gravatar.com/avatar.php?gravatar_id=bf2b8527b5a69582d26d9c5a3f5b5fb2&default=&size=80&r=PG' alt='PG'/>
<div class='author_text'>
<h4>El autor: <span>Gonzo</span></h4>
si no soy yo ,¿ quien?
si no es ahora, ¿cuando?
</div>
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</div>]]></content:encoded>
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		<title>ROAD TRIP</title>
		<link>http://extravia.net/2010/07/24/road-trip/</link>
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		<pubDate>Sat, 24 Jul 2010 15:14:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>nOrFeR</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[frontera]]></category>
		<category><![CDATA[inmigrantes]]></category>
		<category><![CDATA[niños]]></category>
		<category><![CDATA[oficial]]></category>
		<category><![CDATA[robo]]></category>
		<category><![CDATA[viaje]]></category>

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		<description><![CDATA[- orille el carro - sus papeles por favor - claro, aquí están - ¿de ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>- orille el carro<br />
- sus papeles por favor<br />
- claro, aquí están<br />
- ¿de donde viene?<br />
- Arizona<br />
- ¿a dónde se dirige?<br />
<img class="alignright size-medium wp-image-6238" title="3653149711_ed49a1a510" src="http://extravia.net/wp-content/uploads/3653149711_ed49a1a510-300x286.jpg" alt="" width="300" height="286" />- a Zacatecas.<br />
- ¿a qué va?<br />
- vamos a visitar a la familia y a que los niños conozcan.<br />
- bájese de la camioneta<br />
- ¿bué paso oficial todo bien? ¿algún problema?<br />
- ¿qué precio le pondrías a tu libertad y la de tu familia?<br />
- perdón.<br />
- ¿qué si que pinche precio tiene tu libertad?<br />
- mi libertad no tiene precio<br />
- ¡no te hagas pendejo o los mato!<br />
- no tengo dinero señor, de verdad solo vamos a visitar a la familia.<br />
- bájalos de la camioneta<br />
- no por favor, son solo bebes, no pasan de los 5 años, vienen dormidos, tome mi reloj, tome todo lo que traigo de efectivo y déjenos ir.<br />
- ¡tú no me vas a decir que hacer carbón!<br />
- esto es todo lo que traigo, se lo juro, ya casi entramos a la ciudad, vamos a un cajero y le doy todo lo que tengo.<br />
- ¡si traes el carro hasta las madres cabrón, no te hagas pendejo, yo se que traes más, dame todo o los mato!<br />
- son solo cosas para mis papás, nada de valor, se lo suplico no nos haga daño.<br />
- ¡bájalos!<br />
- se van a asustar.<br />
- ¡qué los bajes puta madre!<br />
- esta bien…<br />
- ¡cállalos que dejen de chillar!<br />
<img class="alignright size-medium wp-image-6239" title="3653149789_951f9e18ec" src="http://extravia.net/wp-content/uploads/3653149789_951f9e18ec-300x300.jpg" alt="" width="300" height="300" />- están asustados, son solo niños…<br />
- dame las llaves, la cartera y los celulares, los pasaportes de todos y quítense la ropa.<br />
- hace frio, por favor los niños no.<br />
- mira hijo de la chingada ya me estas cansando, nada mas por los niños no te meto un plomazo, pero una más , solo una mas…<br />
- ándele señito flojita y cooperando.<br />
- mmmmmm….<br />
- no llores no seas maricon, eso es lo que la falta a tu vieja un macho.<br />
- si señor…<br />
- mira jijo de la chingada, tengo tu dirección, teléfonos y los de tu familia, así que si vas a llorarle a la policía sabemos donde encontrarte y ahí si te va a cargar la chingada.</p>
<p>- esta bien esta bien…<br />
- ¡órale bola de huevones levanten todo y vámonos, a ver quién se apiada destos!</p>
<!-- PHP 5.x --><div class='clearfix' id='about_author'>
<img width='80' height='80' class='avatar' src='http://www.gravatar.com/avatar.php?gravatar_id=f905e86da7caac9a414f7e6c39b06b8a&default=&size=80&r=PG' alt='PG'/>
<div class='author_text'>
<h4>El autor: <span>nOrFeR</span></h4>
Madre de mis hijos, jija de mi madre, esposa.
 Aun que nada de esto me define, soy todo y nada a la vez...
</div>
<div class='clear'></div>
</div>]]></content:encoded>
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		<title>Como si fuera de otro mundo, de otro tiempo</title>
		<link>http://extravia.net/2010/07/21/como-si-fuera-de-otro-mundo-de-otro-tiempo/</link>
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		<pubDate>Thu, 22 Jul 2010 04:10:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[esperanza]]></category>
		<category><![CDATA[guerra]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>
		<category><![CDATA[soledad]]></category>
		<category><![CDATA[vida]]></category>

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		<description><![CDATA[Un miércoles de enero, mucho tiempo antes, me di cuenta que nunca he sido nada ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">
<div id="attachment_6225" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://www.flickr.com/photos/tk_five_0/865176093/"><img class="size-medium wp-image-6225" title="Blue Eyes, por Michael Dawes" src="http://extravia.net/wp-content/uploads/865176093_c8fb61eb28-300x201.jpg" alt="Blue Eyes, por Michael Dawes" width="300" height="201" /></a><p class="wp-caption-text">Blue Eyes, por Michael Dawes</p></div>
<p>Un miércoles de enero, mucho tiempo antes, me di cuenta que nunca he sido nada especial, no nací con un símbolo sagrado en la frente, una inteligencia superior, o un “<em>lo que sea</em>” extraordinario.</p>
<p style="text-align: left;">Me miré en un espejo  y vi en mi ojo izquierdo un resplandor de fiera, de humano, como la cicatriz del pecado original.</p>
<p style="text-align: left;">Y el aire me olió a carne cruda.</p>
<p style="text-align: left;">Como hoy.</p>
<p style="text-align: left;">El leviatán cubre la tierra con su sombra, entre la muchedumbre lo huelo, sé que esta cerca.</p>
<p style="text-align: left;">A mi alrededor, mis hermanos lo miran, y sus corazones, heridos y sucios, los hacen caer de rodillas.</p>
<p style="text-align: left;">He sentido tanto dolor, que ya le perdí el miedo.</p>
<p style="text-align: left;">Aún no ha llegado mi prueba. Tal vez yo sea el tigre de los hombres, a pesar de la mancha en mi pupila.</p>
<p style="text-align: left;">Se me hincha el corazón, por que mi hermano me mira desde el suelo, mi gemelo, el que desertó del ejército de Sebaot, el que perdió su mirada en el horizonte cuando le llamaron. El profeta que perdió la fe.</p>
<p style="text-align: left;">“<em>Qué no muera</em>”  Imploro, por que la mitad de su sangre es mía, sus arterias son mis raíces.</p>
<p style="text-align: left;">Entonces, el recuerdo del océano me inunda las entrañas y mis ojos vuelan, azules.</p>
<p style="text-align: left;">El grito de la gaviota, el olor a sal, la textura de la arena y la brisa en la cara.</p>
<p style="text-align: left;">El mar es tan inmenso que la soledad cambia, pierde su filo, y mi alma reposa, meciéndose entre los vientos, como una vela.</p>
<p style="text-align: left;">Y tengo que decírselo:</p>
<p style="text-align: left;">“<em>Carlos, hermano…recuerda el océano.</em>”</p>
<!-- PHP 5.x --><div class='clearfix' id='about_author'>
<img width='80' height='80' class='avatar' src='http://www.gravatar.com/avatar.php?gravatar_id=bf2b8527b5a69582d26d9c5a3f5b5fb2&default=&size=80&r=PG' alt='PG'/>
<div class='author_text'>
<h4>El autor: <span>Gonzo</span></h4>
si no soy yo ,¿ quien?
si no es ahora, ¿cuando?
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</div>]]></content:encoded>
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		<title>El Reflejo</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Jul 2010 20:18:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>nOrFeR</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[bar]]></category>
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		<description><![CDATA[Cubría  su cuerpo a diario con las mentiras que se inventaba, tan aferrada a sus ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cubría  su cuerpo a diario con las mentiras que se inventaba, tan aferrada a sus supuestas verdades que ya parecían parte de su piel, una a una cual accesorios para adornar la personalidad que había creado para sí.  <img class="alignright size-full wp-image-6144" title="4713669370_f189717204" src="http://extravia.net/wp-content/uploads/4713669370_f189717204.jpg" alt="" width="179" height="240" />Vivir en una ciudad grande hizo estragos en su manera de pensar, o tal vez el círculo en el que se desenvolvía fue quien puso en ella la presión, presión de vestir bien, de tener ciertos ingresos, de poseer cierto status, ropa de marca, auto del año, buen trabajo,  tener que buscar marido, críticar a los que no están a tu altura, demasiado para una niña salida de pueblo.  Salía por las noches haciendo siempre el mismo ritual: soltaba su cabellera lacia y larga, maquillaba su rostro, en especial las arrugas que ya se hacían notar, vestía de manera sugestiva, más no vulgar. Llegaba al bar de siempre y pedía un Martini, encendía un cigarro y buscaba a un posible prospecto digno de matrimonio a quien poder atrapar.  Había noches buenas, había noches malas, es que cualquier monigote cree que una mujer que pasa los 30 ya esta desesperada, ese no era su caso, o no tanto así como para correr a los brazos del primer pelele que le bajara la luna y las estrellas. Coquetear con uno, batear a 5, platicas huecas, incómodos silencios, traer bien puesta la mascara para no dejar ver más allá de lo que quieres mostrar, es todo un arte el de engañar.  Sería el hastió o serían las copas de más pero esa noche peculiar fue, la naturaleza llamaba y después de unos tragos no se puede esperar, entro al baño y ahí fue cuando la vio, -que mujer más patética- pensó,  y es que en realidad era todo un caso: ropas ajustadas, escote sin dejar espacio a la imaginación, maquillaje a toneladas,  zapatos estilo teibolera.  No era muy vieja pero su apariencia dejaba mucho que desear.  <img class="alignleft size-thumbnail wp-image-6146" title="4687258545_8db9b6764a" src="http://extravia.net/wp-content/uploads/4687258545_8db9b6764a-204x149.jpg" alt="" width="204" height="149" />Mira perdida, rímel corrido, se veía un poco pasada de alcoholes, -pobre gata, se cree muy sexy con sus labios rojo pitahaya,  ¿no tendrá amigas? ¿Quién la dejó salir?-  se dijo para si. Cuando ya no aguanto sonoras carcajadas soltó,  ese tipo de risa irónica, pesada, saboreó cada  momento, reírse del mal ajeno la hizo sentirse bien, bueno, es que podría estar mal, pero definitivamente no tan peor.  Paso unos minutos más tragándose a la pobre mujer, alimentando su ego, no cabe duda que el peor enemigo de una mujer es otra.  <img class="alignright size-thumbnail wp-image-6145" title="4719335410_9ee3f90232" src="http://extravia.net/wp-content/uploads/4719335410_9ee3f90232-204x149.jpg" alt="" width="204" height="149" />Satisfecha de su canibalismo cual balde de agua fría al rostro le cayó, la triste realidad insolente la abofeteo, todo ese tiempo criticando sin razón era sólo un espejo, uno en el que se miró, y frente a ella su reflejo en todo su esplendor.</p>
<!-- PHP 5.x --><div class='clearfix' id='about_author'>
<img width='80' height='80' class='avatar' src='http://www.gravatar.com/avatar.php?gravatar_id=f905e86da7caac9a414f7e6c39b06b8a&default=&size=80&r=PG' alt='PG'/>
<div class='author_text'>
<h4>El autor: <span>nOrFeR</span></h4>
Madre de mis hijos, jija de mi madre, esposa.
 Aun que nada de esto me define, soy todo y nada a la vez...
</div>
<div class='clear'></div>
</div>]]></content:encoded>
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		<title>Una vida basada en una mentira</title>
		<link>http://extravia.net/2010/07/18/una-vida-basada-en-una-mentira/</link>
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		<pubDate>Sun, 18 Jul 2010 14:06:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Norbert Schwartz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Psique]]></category>

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		<description><![CDATA[Toda historia tiene un principio, ésta comienza hace alrededor de cien años, en el norte ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Toda historia tiene un principio, ésta comienza hace alrededor de cien años, en el norte de México. Una típica familia &#8220;petit burgoise&#8221; con pretensiones de riqueza, de esas que abundaban bajo la mirada de Porfirio Díaz.</p>
<p><img class="alignright size-thumbnail wp-image-6094" title="DSCF0015zx" src="http://extravia.net/wp-content/uploads/DSCF0015zx-204x149.jpg" alt="" width="204" height="149" />José y María Guadalupe tuvieron una hija, a ala cual decidieron llamar Azucena. Niña inquieta y traviesa, como era normal para alguien de seis años. Solía salir a correr al jardín, que también era el huerto.</p>
<p>María Guadalupe la regañaba por ensuciar las ropas, pero en sus adentros, sabía que era una niña buena y sana. A Azucena le encantaba juguetear entre las flores, y le fascinaba meterse en el granero a ver las mariposas negras.</p>
<p>José se rompía la espalda trabajando en una oficina de importaciones, y apenas la veía un rato en las noches, cuando llegaba de trabajar. Todos los días merendaban juntos, espumoso chocolate y conchas.</p>
<p>Y entonces la Revolución los agarró. No se supo quien disparó las balas, si los revolucionarios o el ejército, pero lo que fue claro es que los padres de Azucena murieron en un enfrentamiento entre las dos facciones.</p>
<p>Azucena nunca entendió bien qué fue lo que pasó, pero siempre sintió que ella había tenido la culpa, porque ella había sobrevivido y sus padres no.</p>
<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-6095" title="DSCF3051" src="http://extravia.net/wp-content/uploads/DSCF3051-204x149.jpg" alt="" width="204" height="149" />Azucena tuvo la suerte, buena o mala, de ser recogida por unos tíos. Donde comen siete, comen ocho. Pero Azucena perdió el gusto por corretear en los jardines. Y sus tíos la ponían a hacer quehacer todo el día. A los ocho años, Azucena era mas una sirvienta que una niña de familia, y ella no reclamaba, porque sentía que era un cástigo que ella se merecía.</p>
<p>Y así pasaron varios años, entre experiencias amargas con los tíos y los primos, y el forzado trabajo casero. Azucena nunca se sintió parte de la familia.</p>
<p>Cuando Azucena tenia catorce (lo que en esos años era edad casadera), la comenzó a pretender un amigo de su tío, un señor comerciante que le llevaba veinticinco años, cuya fortuna había sobrevivido los altibajos de la Revolución. Los tíos obviamente apoyaban el prospecto de relación, que sería provechoso para el capital económico de la familia.</p>
<p><img class="alignright size-thumbnail wp-image-6096" title="DSCF0002" src="http://extravia.net/wp-content/uploads/DSCF00021-204x149.jpg" alt="" width="204" height="149" />Sobrevino la boda, entonces. Azucena no tuvo mucho que decir. La posibilidad de salir de la casa de sus tíos, de dejar de ser la sirvienta, para pasar a ser la esposa de un hombre rico, no sonaba tan mal.</p>
<p>Y al principio fue casi un cuento de hadas. Grandes muebles, buenas comidas, sirvientas, cenas y bailes. Pasó un año donde la vida parecía ser un lecho de rosas.</p>
<p>Pero luego, el espejismo se comenzó a disolver. En breves momentos había atisbos de que algo no estaba bien, de que éste no era un cuento de hadas.</p>
<p>En las fiestas, el señor les dedicaba mucha atención a  otras mujeres, a veces se desaparecía, y ella se sentía mal, desatendida, como que ya no era el centro de todo. Y el señor ya no le ponía la misma atención marital</p>
<p>Sus tíos los visitaban periódicamente, y su tío se ponía a platicar con su esposo, de cuestiones de negocios, mientras que ella tomaba el té con su tía.</p>
<p>En alguno de esos momentos en que ellas se quedaron solas, ahora con un status más de iguales, ella se atrevió a comentarle sus dudas a su tía. La tía, como era común en aquel tiempo, le recomendó que se quedara callada, que siguiera con su vida, y que no cuestionara a su esposo. Y por un tiempo, ella lo hizo. De alguna manera, en el fondo de su corazón sabía que esto era de nuevo un castigo, igual que la muerte de sus padres.</p>
<p>Hasta que comenzaron los ascos, los vómitos y los mareos.</p>
<p>Estaba embarazada.</p>
<p>Su esposo hizo fiesta, como era normal. Pero no dejó de serle infiel. Al contrario, le puso todavía menos atención.</p>
<p>Y así nació Flor. Una hermosa niña, de ojos claros y pelo castaño. Sonriente desde bebé. Su esposo estaba muy orgulloso, y en cuanto la salud se los permitió, la bautizaron, y sus compadres fueron sus tíos.</p>
<p>Azucena se sentía vieja y cansada, a pesar de que apenas pasaba de los veintes, ahora era su hija Flor la que jugueteaba en el jardín, persiguiendo mariposas. Pero lo que más la cansaba era que su esposo cada vez le ponía menos atención, cada vez la visitaba menos. Cada día eran más extraños entre sí. Y cada día el le dedicaba más tiempo a otras mujeres, aun en su misma casa.</p>
<p>Un día, Azucena no aguantó. La situación se había vuelto demasiada descarada, y en las fiestas, todas las mujeres cuchicheaban sobre ella a sus espaldas.</p>
<p>Esa noche, Azucena confrontó a su esposo, en la madrugada, después de una fiesta. Y él, en respuesta, la golpeó.</p>
<p>Pasó una semana recuperándose de la golpiza.</p>
<p>Aguantó unos meses mas, Flor ya tenia cinco años, ya podía caminar y hablar perfectamente, y corría rápidamente a través de los jardines.</p>
<p>Y cuando estuvo suficientemente recuperada, tomó la decisión. Mientras su esposo estaba encerrado en la oficina, planeando la exportación de noseque nuevo producto, empacó lo básico de la niña, y huyó.</p>
<p>Pero algo salió mal, la falta de planeación, la falta de experiencia, la mala suerte: uno de las manos derechas de su esposo la encontró tratando de salir de la ciudad, y la detuvo.</p>
<p>El regreso a la casa fue aún menos agradable.</p>
<p><img class="alignright size-thumbnail wp-image-6097" title="DSCF2522" src="http://extravia.net/wp-content/uploads/DSCF2522-204x149.jpg" alt="" width="204" height="149" />El esposo la volvió a golpear. Y repitió varias veces durante semanas. Y la separó de la niña, de su Flor.</p>
<p>Un mes después, luego de otra golpiza, su esposo le dijo que había mandado a Flor a un convento, que ella nunca la vería más.</p>
<p>Eventualmente, las golpizas disminuyeron. En las fiestas, él decía que ella estaba enferma, que no podía bajar. Y las infidelidades regresaron.</p>
<p>Él le fue perdiendo interés a Azucena, ya ni siquiera la golpeaba.</p>
<p>Ella tomó una maleta, y volvió a huir. Esta vez sabía mejor que hacer, y estaba ella sola, era más fácil. Y a él ya no le importaba.</p>
<p>Huyo a un pueblo, lejos de la pequeña ciudad donde había vivido su juventud con su fállido esposo. Consiguió un trabajo atendiendo una tendajón.</p>
<p>Y fue ahí, cerca de los treinta, que conoció al hombre de su vida. Era casi de su edad, trabajador, con ganas de progresar, carismático, fuerte. Joven.</p>
<p>Pronto se hicieron novios. Luego ella se mudó a vivir con el. Y por momentos, fue feliz. El si le ponía atención, en todos los sentidos. Y aunque era machista, no la golpeaba.</p>
<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-6098" title="DSCF3266" src="http://extravia.net/wp-content/uploads/DSCF3266-204x149.jpg" alt="" width="204" height="149" />Eventualmente se embarazó. Y al mismo tiempo, su salud comenzó a fallar. Problemas respiratorios, Asma.</p>
<p>Él fue comprensivo al principio, aceptaba que no podía casarse con ella por la iglesia, pero entre eso, y sus enfermedades, él se fue aislando poco a poco, no le era infiel, no la golpeaba, pero simplemente no hablaba con ella. Tuvieron varios hijos e hijas. Su favorita, su chiqueada, la que siempre le ayudaba, fue Florencia.</p>
<p>A finales de los cuarenta, terminó, en una de sus crisis de respiración, en el hospital. Florencia fue a arreglar cosas de sus papeles, y su esposo estaba trabajando. Así que Azucena se quedó sola en su cama, tratando de respirar mientras de su pecho solo salían rechinidos y crujidos.</p>
<p>- hermana, tranquilícese – sintió que le tomaron de la mano, giró y vio a una monja, que le sonreía mientras trataba de confortarla.</p>
<p>- gracias, madre – le dijo Azucena con dificultades para respirar – rece por mi.</p>
<p>- Flor, Hermana, soy Flor, de la congregación de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús.</p>
<p>Azucena, entre la desesperación y el dolor, sintió algo raro. La monja le parecía familiar. Miró a la monja a los ojos.</p>
<p>La monja estaba rezando un padrenuestro, y se detuvo, sosteniendo la mirada de Azucena.</p>
<p>Los ojos de ambas se llenaron de lágrimas, al reconocerse. Se abrazaron, sin decir palabra.</p>
<p>Florencia se detuvo en el marco de la puerta del cuarto. Dentro de si, ella entendió lo que estaba pasando. Su madre había encontrado a la hija que había perdido años atrás.</p>
<p>Como niña, Florencia fue menos inquieta y juguetona de lo que normalmente uno encuentra. Florencia creció un poco amargada. Las enfermedades y angustias de su madre, el alejamiento de su padre, las excentricidades de sus hermanos.</p>
<p>Aun así, a sus 16 años, Florencia invertía parte de su tiempo en hacer obras buenas. Cuando su madre no estaba con una crisis de asma, y cuando no tenia que ir a sacar a alguno de sus hermanos de la cárcel, se daba tiempo de visitar asilos y hospitales con un grupo de damas que trabajaban con monjas.</p>
<p>Florencia a veces trataba de convencer a su madre de que fueran juntas, pero la angustia y desesperanza que reina en los asilos era mucho para la salud de Azucena. Florencia, por otro lado, sentía que tenía la responsabilidad de que los viejitos estuvieran mejor.</p>
<p>Las monjas con las que realizaban las visitas cambiaban de lugar cada semana, y esta vez a Florencia le tocó ir a un asilo que no conocía antes.</p>
<p><img class="alignright size-thumbnail wp-image-6099" title="DSCF0006x" src="http://extravia.net/wp-content/uploads/DSCF0006x-204x149.jpg" alt="" width="204" height="149" />Normalmente llevaban libros, y se sentaban a leerle a los viejitos, o trataban de platicar con ellos. A Florencia le llamó la atención un anciano solitario que estaba sentado en una silla de ruedas, junto al jardín. Parecía abandonado y olvidado ahí.</p>
<p>-¿Puedo acompañarlo? – le preguntó Florencia al anciano. Se veía bastante viejo y acabado, y al acercarse, Azucena se dio cuenta que al viejito le faltaban ambas piernas.</p>
<p>- Fue en la Revolución – dijo el viejito, con un tono amargo – en una balacera – el viejito no levantaba la vista.</p>
<p>- Seguramente fue en un acto heróico – contestó Florencia, mientras se acomodaba para platicar con el, sentada en una repisa en la pared. Su largo vestido revoloteaba con el aire, como una mariposa.</p>
<p>- No peleé en la bola – dijo, con algo de ira – perdí a a mi familia en una balacera, sobreviví de pura chiripa – levantó la visa, y se detuvo. Florencia vio el asombro en los ojos del viejito – te pareces mucho a ella – el viejito dijo, con voz mucho más suave – tienes los mismos ojos de mi hija, pero eso no es posible… ella debería tener ahora… cuarenta y tantos años…</p>
<p>Florencia se detuvo un momento, recordando toda la historia de su madre, y haciendo cuentas… si su madre había encontrado a Flor… ¿Por qué no….?</p>
<p>- Mi madre tiene 43 años, perdió a sus padres en la Revolución… y se llama Azucena.</p>
<p>El viejito abrió los ojos aún más. Estaba tan sorprendido que dejo de respirar por unos momentos.</p>
<p>Un rápido vistazo a las fechas y apellidos: el viejito era el abuelo de Florencia. El padre de Azucena. Cuando Florencia le dijo a Azucena, ella se desmayó, y tuvo otra crisis asmática.</p>
<p>Cuando se recuperó, fue al asilo. Fue difícil reconocerse, ambos estaban envejecidos, ambos habían sido maltratados por la vida. Azucena se quedo parada frente a su padre, mientras el lloraba en silencio. Ninguno de los dos sabía que hacer o decir.</p>
<p>- pa… -la voz de Azucena salió débil, sin aliento – papi – y corrió a abrazarlo. Ella se hincó frente a la silla de ruedas, ambos comenzaron a llorar a grito abierto. Las monjas y Florencia estaban conmovidas también.</p>
<p>- te extrañé mucho, papi- Azucena dijo entre sollozos – a ti y a mami, me hicieron mucha falta. Perdón por haberlos hecho morir, perdón por haberte abandonado.</p>
<p>- No, no, Azucena, &#8211; el viejo tenia un poco más de fuerza en su voz, como si hubiera rejuvenecido de pronto – tú no eres mala, tú no eres culpable de nada. Dios nos puso pruebas, Dios nos separó, y ahora nos reúne, apenas a tiempo para poder compartir un rato de vida. Tú eres mi hija, tú eres mi familia. – Sonrió, anegado en lágrimas – y quiero conocer a mis nietos.</p>
<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-6100" title="DSCF0009" src="http://extravia.net/wp-content/uploads/DSCF00091-204x149.jpg" alt="" width="204" height="149" />Hubo una reunión después, en casa de la familia de Azucena. Flor, la hija perdida, y el padre de Azucena, conocieron a todos sus familiares extraviados. Por un momento, Azucena fue feliz. Se sentía parte de una familia, se reconocía a si misma como un ser humano, que no merecía ser castigada, porque no había sido mala. Solo había tratado de reaccionar ante la vida, ante los retos que había enfrentado. No era mala, y tenía derecho a ser feliz.</p>
<p>Poco tiempo después, el padre de Azucena murió, pero fue una muerte feliz, porque se habían reencontrado.</p>
<p>La salud de Azucena siguió decayendo. Estaba demasiado desgastada por la vida.</p>
<p>Cerca de los cincuenta, sintió que iba a morir. Su esposo, que seguía ahí, simplemente no era tan evidente, consiguió un sacerdote para darle los santos oleos. Era amigo del esposo, y conocía toda la situación de Azucena.</p>
<p>El sacerdote comprendió que Azucena no había sido mala, y que de alguna manera, su matrimonio era nulo, dado que el viejo comerciante no había cumplido con sus deberes cristianos.</p>
<p>Y antes de darle los santos oleos, el sacerdote los casó, frente a toda la familia, incluyendo a Flor y Florencia.</p>
<p>Azucena por fin alcanzó la paz, la felicidad. Reconoció su derecho a ser feliz, a disfrutar de la vida.</p>
<p>Y entonces exhaló su último aliento.</p>
<!-- PHP 5.x --><div class='clearfix' id='about_author'>
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<div class='author_text'>
<h4>El autor: <span>Norbert Schwartz</span></h4>
Filosofo de vocación, trabajo de profesor, rolero de corazón, dedicado a saber 186,633 cosas, la mayoría inútiles y solo 23 que valen para la vida.
</div>
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		<title>La huelga de los sentidos</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Jul 2010 14:15:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elia Corina Miramontes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

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		<description><![CDATA[Carolina se dirige a una fiesta de cumpleaños, su inseguridad progresa como los millones de ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright size-full wp-image-6085" title="3758337053_f88e3ff583" src="http://extravia.net/wp-content/uploads/3758337053_f88e3ff583.jpg" alt="" width="329" height="400" /></p>
<p>Carolina se dirige a una fiesta de cumpleaños, su inseguridad progresa como los millones de pobres que hay en este país, tiene seis meses de embarazo, pude percibirlo desde el primer momento en que la vi entrar. Sus ropas han sido violadas por el polvo y el hastío, profanando su esencia.</p>
<p>El cumpleaños es todo un acontecimiento, hay millares de niños corriendo por todo el lugar, hay música, y muchos regalos cerca.</p>
<p>La mujer permanece recostada en el sanatorio, mientras las enfermeras, y el doctor le arañan la vagina con unos enormes pliegues, como si estuvieran raspando hielo, con una indiferencia tan cotidiana, que incita nauseas.</p>
<p>Durante esa escena caminan los trozos, del minúsculo ser, sus manos, sus pies, una desintegración física, una muerte, una infamia. Sólo persisten un par de bandejas transparentes, mismas que resguardan las últimas migajas, del pequeño.</p>
<p>Entretanto la sangre de Carolina es invitada a una carrera de atletismo, corre tan rápido que se extiende por todo el piso, a una velocidad de 200 kilómetros por hora.</p>
<p>El cumpleaños es todo un acontecimiento, hay millares de niños corriendo por todo el lugar, hay música, y muchos regalos cerca.</p>
<p>Carolina es una mujer muy acomedida le gusta socorrer, y esta no fue la excepción, ya que ha sido la encargada de colocar un pañuelo en los ojos de los pupilos, el objetivo romper la piñata. ¡De repente pasa lo inesperado¡ Ahora el aburrimiento y el polvo pasan a un segundo plano.</p>
<p>Isaac tiene los ojos comprimidos no puede distinguir nada, y passsssssssssssssssssss, confunde el vientre de Carolina con la piñata, y le da descomunales golpes, que la hace explotar de dolor. El abdomen ha sido cubierto por colores púrpura, los niños están asustados, y Carolina clama como un monstruo a punto de sucumbir.</p>
<p>El encontronazo entre el bastón y su vientre, provoca más gritos que los que esa tarde pudo alguna vez existir.</p>
<p>Las miradas están puestas en los sentidos de Isaac. El pequeño no sabe lo que ha hecho, ha asesinado a aquella criatura que esta por emerger ¿cómo diablos iba a darse cuenta, si sólo guarda en sus bolsillos cinco años? Carolina es llevada al hospital, no hay nada que hacer, él bebe ha muerto, el choque lo exterminó.</p>
<p>La mujer permanece recostada en el sanatorio, mientras las enfermeras, y el doctor le arañan la vagina con unos enormes pliegues, como si estuvieran raspando hielo, con una indiferencia tan cotidiana, que incita nauseas. Durante esa escena caminan los trozos, del minúsculo ser, sus manos, sus pies, una desintegración física, una muerte, una infamia. Sólo persisten un par de bandejas transparentes, mismas que resguardan las últimas migajas, del pequeño.</p>
<p>Entretanto la sangre de Carolina es invitada a una carrera de atletismo, corre tan rápido que se extiende por todo el piso, a una velocidad de 200 kilómetros por hora.</p>
<p>Y es Isaac, el que se encuentra indagando el sentimiento que muchos nombran pecado, sigue encerrado en su pequeño cuarto de niño, y entre sus múltiples sentimientos que merodean su cabeza, sale de sus labios, una oración al cielo, implorando MISERICORDIA.</p>
<!-- PHP 5.x --><div class='clearfix' id='about_author'>
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<div class='author_text'>
<h4>El autor: <span>Elia Corina Miramontes</span></h4>

</div>
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		<item>
		<title>Cristeros Battle, Part 1</title>
		<link>http://extravia.net/2010/07/15/cristeros-battle-part1/</link>
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		<pubDate>Thu, 15 Jul 2010 20:14:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Filiberto Cuéllar</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[cacique]]></category>
		<category><![CDATA[cristeros]]></category>
		<category><![CDATA[guerra]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>

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		<description><![CDATA[A mi hermano Armando, valiente médico de la Sierra Huichola 1 NEWS OF FRONTLINE 1925. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><em>A mi hermano Armando, valiente médico de la Sierra Huichola</em></p>
<p>1 NEWS OF FRONTLINE<br />
1925. El gobierno posrevolucionario de Álvaro Obregón se esforzaba por doblegar a un feroz campesinado que luchó al lado de Francisco Villa, Emiliano Zapata y otros centauros durante la revolución.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-6070" title="4575085475_b73e3829f3_o" src="http://extravia.net/wp-content/uploads/4575085475_b73e3829f3_o.jpg" alt="" width="238" height="320" />La estrategia fue introducir el agrarismo y la propiedad privada en las comunidades ancestrales de campesinos, donde agricultores y grupos indígenas siempre vivieron la propiedad colectiva como medio natural.</p>
<p>De hecho se unieron a la lucha armada con la esperanza de que continuara siendo así. Porfirio Díaz y sus amigos en el gobierno les había hecho más daño con su ley de tierras baldías que 300 años de Colonia Española.</p>
<p>Por medio de la imposición de la propiedad  privada, Obregón pretendía dividir a un país plenamente rural y aguerrido, liderado por fieros ancianos e indómitos caciques indígenas que no creían de ningún modo en el gobierno oportunista.</p>
<p>La Iglesia Católica era el centro del debate pues los pueblos vivían en torno a sus santos y sus patronos. Los asesores de Obregón le aconsejaban fundar una iglesia mexicana independiente del  Vaticano y controlada por él.</p>
<p>Los curas pueblerinos instigaron al pueblo para rebelarse contra el ateo y mal gobierno. Los sacerdotes fueron acosados, encarcelados e incluso pasados por las armas. Se suspendió el culto y se oficiaba misa en el despoblado o en escondrijos.</p>
<p>El pueblo se solidarizó con los clérigos. La iglesia aparentaba ser el centro del conflicto, pero en realidad era el antiguo orden de campesinos e indígenas quien se preparaba para levantarse contra las &#8220;innovaciones&#8221; agrarias, la propiedad privada y el oportunista gobierno de Obregón.</p>
<p>La revolución no resultó lo esperado: Zapata y Villa, y muchos otros más fueron asesinados por sus propios compañeros de guerra. Era una lucha por el poder, y que usaron para enriquecerse a costa de los campesinos a quienes decían defender los revolucionarios convertidos en gobernadores y diputados.</p>
<p>El mismo Obregón quien en 1912  marchó junto a Pancho Villa hacia la capital, mandó pasar bajo fuego de ametralladora a los legendarios Dorados del General. Años después ordenó junto a su fiel escudero, Plutarco Calles, la emboscada donde moriría también el propio Centauro del Norte bajo el fuego  de más de ciento cincuenta disaparos.</p>
<p>El conflicto religioso que se avecinaba amenazaba con ser aún mucho más popular y más grande que la recién Revolución Mexicana.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-6069" title="4575006891_4584a4799b_o" src="http://extravia.net/wp-content/uploads/4575006891_4584a4799b_o.jpg" alt="" width="329" height="504" />2 DOCTRINE AND TRAINING</p>
<p>Juan Pablo pronto se puso del lado de los que ya se autonombraban Cristeros. Un ejército rebelde de campesinos católicos, mestizos e indígenas, quienes enfrentarían al mal gobierno.</p>
<p>Vendió buena parte de su rebaño para seguir al general  Carlos Domingo: un viejo líder de ochenta años, mitad huichol y mitad mestizo. Quien en la década pasada mantuvo a raya a los villistas, protegiendo del saqueo a las pueblos de Mezquitic, Huejuquilla, Colotlán y la Laguna de Monte Escobedo de los supuestos revolucionarios.</p>
<p>Desde muy joven Domingo se alquilaba como vaquero, pronto se rebeló contra los caciques de Mezquitic, matando en un duelo a muerte a uno de sus primogénitos de un solo tiro.</p>
<p>Era temido por latifundistas, militares y agraristas. Contaban  que se arrojó al piso y desde el suelo baleó a su adversario, eludiendo las esquirlas enemigas.</p>
<p>Aunque ya tenía ochenta años, el anciano aún podía viajar jornadas enteras a lomo de su castrado Palomo y dar en el blanco con su pistola a gran distancia.</p>
<p>La gente de la región prefería acudir a él en lugar de al gobierno para que les proporcionara justicia, consultándolo sobre asuntos familiares, de tierras y ganado. Era analfabeta y vivía en Popotita, un ranchito ubicado en los confines de la Sierra Huichola, Aunque solía moverse como por su casa a través de los territorios del Sur de Zacatecas, Norte de Jalisco, Durango y Aguascalientes.</p>
<p>Carlos Domingo odiaba a los revolucionarios. Mucho tiempo ansió colocar un tiro en el vientre del propio Pancho Villa, por permitir que sus Dorados saquearan y violaran en su territorio.</p>
<p>Cuando decidió levantarse contra Obregón, toda la Sierra Huichola hirvió como una cazuela de azufre para seguirlo. Hordas de tepehuanos, huicholes, mejicaneros y mestizos se sumaron fielmente, siguiéndolo a favor de los Cristeros.</p>
<p>Grupos enteros de diverso origen étnico y cultural que hasta entonces se mostraban recelosos o neutrales frente a la rRevolución Mexicana, se alzaron al fin para seguir al anciano líder.</p>
<p>Juan Pablo lo conoció cuando llevaba sus ovejas a la Sierra de Morones para pastar. En una ocasión un grupo de villistas rezagados intentó asesinarlo para robarle sus animales, no sin antes pretender violarlo para luego colgarlo.</p>
<p>Los forajidos lo sorprendieron mientras orinaba en un río, luego lo apresaron y desnudaron, divirtiéndose humillándolo. Juan creía que estaba perdido, que moriría tras ser ultrajado y luego se llevarían sus animales.</p>
<p>Entonces apareció el viejo huichol con parte de su contingente. Domingo odiaba a los villistas por sobre todas las cosas, también era un hombre justo.</p>
<p><img class="alignright size-large wp-image-6072" title="4574982485_46f7775e37_o" src="http://extravia.net/wp-content/uploads/4574982485_46f7775e37_o-620x407.jpg" alt="" width="620" height="407" />Su avanzada de huicholes y tepehuanos se lanzó sobre los forajidos tras un solo gesto del anciano y pronto pasaron por sus machetes a los villistas.</p>
<p>Juan Pablo quedaría fascinado con la figura del anciano, algo así como un Moisés belicoso, un guerrero del Antiguo Testamento, el esperado líder del Pueblo Elegido. El padre que nunca tuvo y a quien deseaba seguir hasta la muerte.</p>
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<h4>El autor: <span>Carlos Filiberto Cuéllar</span></h4>
Carlos Filiberto Cuellar. (Guadalajara, México, 1976). Es escritor y psicólogo. Actualmente vive en Colotlán, hacia el Norte de Jalisco, y labora en la Universidad de Guadalajara. Sus novelas: Tristísima (Deauno.com, 2008) e Histérica y Adorada: Cuentos de Psicoanálisis en México (Deauno.com, 2007), además del libro de testimonios: Hombres de a Pie: Dos Chamanes del Occidente Mexicano, pueden ser consultadas en la página electrónica: www.amazon.com Su correo personal es: carneuro@yahoo.com.mx
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		<title>El ritmo del planeta</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Jul 2010 16:37:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Regina V C</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>

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		<description><![CDATA[Busco lo que todos queremos encontrar, y amo la vida, como tú amas el amar; ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright size-large wp-image-5860" title="jpwx6x" src="http://extravia.net/wp-content/uploads/jpwx6x-620x922.jpg" alt="" width="347" height="517" />Busco lo que todos queremos encontrar,<br />
y amo la vida, como tú amas el amar;<br />
Ni camino enseño, no sentencia digo<br />
día a día, simplemente con mi destino convivo.</p>
<p>Aú no se como logré la luz encontrar,<br />
sólo deseo que algún día, como yo, tú la puedas hallar;<br />
No soy sabia, soy tu amiga y te digo:<br />
Lucha, sigue que de pronto aparecerá en tu camino.</p>
<p>Digo aveces que soy artista, versos me dedico a cantar,<br />
soy quien soy, por el arte de en el arte soñar;<br />
Ni dictadura otorgo, ni a tu filosofía me opongo,<br />
en tú humanidad confío, al fin el mismo: Tú Dios y El mío.</p>
<p>Entonces sigamos, aprendiendo a brillar;<br />
Seamos trabajadores, inspirados, en las risas, en los huecos, en el mar&#8230;<br />
No importa a donde vamos, aunque tú eres el pasado,<br />
mira al frente, mira alto: comienza a entender que no has nacido para el fracaso.</p>
<p>para VD</p>
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<div class='author_text'>
<h4>El autor: <span>Ana Regina V C</span></h4>
soñadora todo el tiempo, sedienta de conocimiento, amante de la razón y el corazón, y muy particularmente de la magia y el misterio que implica el ser un humano...
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		<title>Día sintético</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Jul 2010 22:30:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mariana Calderón</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[dormir]]></category>
		<category><![CDATA[light]]></category>
		<category><![CDATA[mundo]]></category>
		<category><![CDATA[soñar]]></category>

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		<description><![CDATA[Respiro. Abro los ojos y mi mente recién despierta está en blanco. No sé cómo ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright size-medium wp-image-5809" src="http://extravia.net/wp-content/uploads/3103025680_24967b27fc-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" />Respiro. Abro los ojos y mi mente recién despierta está en blanco. No sé cómo pero decido ir por un vaso con agua que previamente fue necesario purificar. El desayuno: algo de fruta especial, sana, fruta orgánica.</p>
<p>Después tomo un baño de agua y Lauret sulfatos, dicen, para quitarme la &#8220;mugre&#8221; que la calle me impregnó.</p>
<p>Justo después de vestirme con mis ropas de fibra sintética, opto por salir al parque (le sigue a la nada como mi lugar favorito) a respirar algo de &#8220;aire fresco&#8221;. Ya instalada en una banca (porque no está bien sentarme en el pasto: se maltrata) siento en mi cuerpo las palabras que han logrado entrar a través de mis ojos, igual que siento las partículas de agua despedidas por los rociadores de pasto ¿En qué momento surgió la gran idea de sembrar hierba, árboles y flores para hacer sentir bien al citadino? ¿Y&#8230;nadie los <em>quiere</em> regar?</p>
<p>Camino a casa, el hedor a carro invade mi aire, si no fuera por esos árboles de compromiso, obligación y mentira del parque y camellón (en el que por cierto &#8220;no trabajan niñ@s&#8221; dice orgullosamente el DIF&#8230;pero adultos sí)&#8230;bueno, no quiero imaginar ni mi cielo ni mis pulmones. Ahora siento el frenesí cotidiano de las calles, que no sólo entra por mis ojos, sino oídos y nariz también. Convencida ahora de que deseo el baño &#8220;antismog&#8221; de la mañana; no sé si sirva, me gusta creer que sí.</p>
<p>¿Vale la pena seguir pasando todo mi día de forma consciente?</p>
<p>Un atardecer lleno de colores &#8220;hermosos&#8221;, herencia de un día de actividad en otra ciudad del siglo XXI.</p>
<p><img class="alignright size-medium wp-image-5811" src="http://extravia.net/wp-content/uploads/4161302977_13b9f9a792_b-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" />Llega la noche y su uniforme cielo azul oscuro me da tranquilidad (sé que afuera mucha gente será dañada por otra y por ella misma también, pero resuelvo quedarme con la idea de que dentro de mi casa soy inmune al exterior) al fin la Luna, el fin del día. Un poco más de la maravillosa fruta orgánica y algo de yoghurt light ¿Falta mucho para que conozcamos la fruta light?</p>
<p>Mi pijama es de algodón y mis sábanas de franela, entra aire por mi ventana. Consciente de mi cabeza y de los pequeños dedos de mis pies, cierro los ojos&#8230;un grupo de personitas corre en la misma dirección dentro de un terreno verde (ya está afectándome el Mundial), luego desaparecen y yo también desaparezco para irme a otro mundo: mi mundo, tampoco dentro de él logro escapar del real; después de 17 horas en él se vuelve imposible, mas a mi cuerpo no le importa nada: él sueña, respira, late, vive.</p>
<!-- PHP 5.x --><div class='clearfix' id='about_author'>
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<h4>El autor: <span>Mariana Calderón</span></h4>

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